Por Gabriel Mazzarovich
Hace 50 años se constituía formalmente el “Plan Cóndor”, la coordinación criminal y represiva de las dictaduras fascistas que asolaron nuestro continente y a nuestros pueblos.
Hay muchas investigaciones realizadas, basadas en testimonios y en documentos recuperados de los archivos de las dictaduras y desclasificados de EEUU, y todas coinciden en ubicar el nacimiento formal en una reunión convocada por la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile, la macabra DINA, realizada entre el 25 y el 30 de noviembre de 1975 en Santiago.
En el acta de finalización de la denominada Primera Reunión Interamericana de Inteligencia Nacional, conocida públicamente por primera vez cuando se recuperó de los Archivos del Terror de Paraguay, se establece la conformación formal de la coordinación criminal represiva. La firmaron militares y policías representantes de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, en 1977 se sumarían Perú y Ecuador. Brasil no la integró formalmente, pero colaboró y realizó operaciones conjuntas. EEUU no aparece firmando, pero facilitó los contactos, había apoyado activamente todos los golpes de Estado en la región e incluso había formado parte de consultas previas. El nombre de Cóndor fue propuesto por uno de los delegados uruguayos a la Conferencia, el coronel José A. Fons, que ocuparía importantes cargos en los servicios de inteligencia de la dictadura en nuestro país, particularmente en el Servicio de Información de Defensa (SID).
Como antecedentes inmediatos estaba la reunión de la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, realizada en Montevideo el 19 de octubre de 1975, un mes antes, en la que, según documentos desclasificados yanquis, las dictaduras de la región plantearon la necesidad de formalizar una mayor coordinación de la represión, “algo similar a lo que tiene INTERPOL en París, pero dedicado a la subversión”. En otro documento, referido a la misma reunión, se habla de la necesidad de “combatir la infiltración marxista”.
En ese 1975 la dictadura uruguaya celebraba por todo lo alto, y en medio del terror, el “año de la Orientalidad”. También en ese mismo octubre de 1975, la dictadura uruguaya lanzaba la “Operación Morgan”, el plan de aniquilamiento de la resistencia popular, con el objetivo central de destruir al PCU y la UJC, en Argentina y Paraguay la represión fue muy dura contra el PVP y otras organizaciones de izquierda.
El “Plan Cóndor” por lo que significó, fue un punto de inflexión en la historia del continente y de nuestros países.
Pero la coordinación represiva no empezó con el “Plan Cóndor”, antes, durante y después, siempre con la participación de EEUU, hubo acciones conjuntas. Solo por señalar algunos antecedentes digamos que la Escuela de las Américas, ubicada en EEUU, donde se formaron en la Doctrina de la Seguridad Nacional, en técnicas de inteligencia y tortura más de 60 mil militares y policías latinoamericanos, es de 1946. El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que subordina a los ejércitos del continente a la estrategia de EEUU es de 1947. La Escuela de Chicago, tan funesta como las otras, donde se formaron los académicos y técnicos en el neoliberalismo, que fue el programa para cuya implementación reprimió el “Plan Cóndor” llevaba décadas. Uno solo antecedente más, en 1971 fascistas uruguayos, militares y civiles, pidieron a la dictadura brasileña que invadiera nuestro país si ganaba el Frente Amplio las elecciones, la operación se planificó y se llamó “Plan 48 horas”.
Hay muchos antecedentes más, nacionales y regionales, siempre con la participación, con diversos grados de formalidad, de EEUU, particularmente de la CIA y el FBI, pero también del Departamento de Estado y el Pentágono.
Qué fue y para qué fue el “Plan Cóndor”
El “Plan Cóndor” fue un punto de inflexión, entre otras cosas porque el continente estaba plagado de dictaduras, disponían de todo el poder e incluso del presupuesto estatal sin restricciones, al servicio del terror y la muerte.
El “Plan Cóndor” fue la transnacionalización del terrorismo de Estado y del fascismo. Fue formalizar y fortalecer el brazo armado del imperialismo yanqui y las oligarquías de nuestros países, particularmente de los sectores vinculados al capital financiero, el gran capital industrial y el agroexportador, para imponer un gigantesco ajuste contra nuestros pueblos, subordinar a nuestros países a los intereses de EEUU y cortar de cuajo cualquier alternativa popular.
En el marco del “Plan Cóndor” se desapareció a miles, se asesinó a miles, se secuestró, encarceló y torturó a miles, se violó, se robó a niños y niñas, se vigiló, persiguió y condenó al exilio, al ostracismo social y al hambre a cientos de miles y se estafó y se robó a manos llenas. El “Plan Cóndor” fue una organización internacional criminal y terrorista, la integraron los peores criminales de la historia de nuestro continente y nuestros países.
Maldito, mil veces maldito, sea su nombre.
Tan importante como definir lo que fue, es denunciar para qué fue. El “Plan Cóndor” fue la expresión trasnacional de un intento de cambiar radicalmente nuestras sociedades para peor.
Buscaron resetear nuestras sociedades mediante el terror, por eso los cambios constitucionales, las privatizaciones, el endeudamiento en miles de millones de dólares, la liberalización bancaria y financiera. La caída de la participación de los salarios en el PBI de nuestros países fue dramática, aún no nos recuperamos de ella y el crecimiento de la desigualdad y la pérdida de soberanía también. Por supuesto que hubo peculiaridades en cada país, pero la tendencia principal fue esa.
Por eso hablamos de dictaduras fascistas y no de dictaduras militares o cívico militares o civiles militares. Es muy válido el debate académico al respecto, hay que aprender y enriquecerse con él. Pero estamos hablando de la lucha de clases, de la caracterización ideológica y política. Hablamos de fascismo por el carácter de clase de las dictaduras, porque fueron las dictaduras terroristas y descarnadas del capital financiero, porque fueron un cambio de calidad en los mecanismos de hegemonía de las clases dominantes y porque, como se dieron en países capitalistas dependientes, implicaron un grado mayor de subordinación con el imperialismo. No se puede omitir el programa social y económico que ayudó a imponer y defendió el Terrorismo de Estado, ni el papel del imperialismo yanqui y la utilización de los ejércitos como tropas de ocupación de sus propios países, contra sus propios pueblos.
El “Plan Cóndor” fue la expresión condensada y transnacionalizada del terror, del uso del miedo como arma de disciplinamiento. Para dar una idea de lo que hablamos, en el archivo de Inteligencia Policial de Uruguay, que todos sabemos que no es el más grande, se descubrieron 300 mil fichas individuales. Intentemos extrapolar esto a toda la región.
El Cóndor, el presente y el futuro
La resistencia de nuestros pueblos impidió que la utopía fascista se realizara in totum. Pero hicieron mucho daño. Hay heridas profundas en el cuerpo social que permanecen. Las más dramáticas y dolorosas son las de las y los desaparecidos, asesinados, torturados. Pero no son las únicas. Persiste el miedo y su labor disciplinadora y disolvente. Persiste la impunidad, el dolor, la rabia.
Persisten las operaciones de los organismos del terror que no fueron desmantelados. En 1992, en plena democracia, bajo el gobierno de Lacalle Herrera, los servicios de Inteligencia chilena trajeron clandestinamente a Uruguay al agente de la DINA, Eugenio Berrios, para que no testimoniara en un juicio contra los mandos de la dictadura de Pinochet, militares uruguayos lo ocultaron y lo asesinaron. En 2018, la Cámara de Diputados, luego de una larga labor de una Comisión Investigadora, que presidió el diputado de la 1001 y el Frente Amplio, Gerardo Núñez, denunció y condenó, por unanimidad, el espionaje de los servicios de inteligencia en democracia contra sindicatos, partidos políticos de izquierda y gobernantes. Esas son las secuelas más visibles del “Plan Cóndor” y de la impunidad.
Por eso cuando se cumplen 50 años de la creación formal del “Plan Cóndor” hay que denunciar su carácter criminal, su legado de muerte y horror. Pero también hay que homenajear, con orgullo, con emoción, a las y los miles de hombres y mujeres, que en medio de la barbarie fascista, del terror, construyeron redes de solidaridad, encontraron formas de resistir y no se rindieron. Es necesario homenajear el heroísmo individual y colectivo de miles, militantes sindicales, estudiantiles, de organizaciones sociales, de organizaciones de DDHH, de partidos políticos de izquierda, de sectores democráticos de los partidos de la derecha, de todas y todos.
Sin ese heroísmo individual y colectivo hoy estaríamos en una continente y en países infinitamente peores.





















