Ahora es tiempo de acumular

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Por Gonzalo Perera

Quien marca la agenda de la discusión política, puede que no la gane, pero al menos corre con la ventaja de posicionar el debate donde más le interesa o conviene darlo. Frente a una derecha que controla la totalidad de los grandes medios de comunicación, la disputa de la agenda es una tarea absolutamente titánica. Más cuando un día si y otro también, la derecha genera maniobras de distracción, corriendo los ejes de la discusión de forma lateral, alejándola de los nudos gordianos de la disputa del poder. Cuidado, puede que alguna de esas maniobras merezcan denuncia o respuesta, prevención o repudio, pero nunca, en ningún caso, deben desenfocar al campo popular de los ejes de su accionar en algunos temas centrales.
Hay una columna vertebral de la estrategia legislativa de la derecha que, sin desmedro de otras normas o del accionar ejecutivo desde diversos niveles de gestión, comienza en la Ley de Urgente Consideración (de aquí en más LUC, aprobada con modificaciones), sigue en la Ley de Presupuesto Quinquenal (bajo discusión, con modificaciones), para culminar en la habitualmente denominada Ley de Medios (aún sin presentarse de manera completa).
Las modificaciones en la LUC no alteran su naturaleza básica: instalar la represión de la protesta social, degradar las políticas públicas, concentrar decisiones en los ministerios y la presidencia, atropello de derechos laborales y sindicales, desprotección del medio ambiente, retiro del Estado a expensas del sector privado, etc. La Ley de Presupuesto profundiza esas definiciones primarias proyectándolas muy explícitamente en uno de los terrenos que más duele, el de los recursos destinados a las distintas políticas, donde la propuesta presentada por el Poder Ejecutivo incluía (mero ejemplo) un verdadero ataque a la Educación Pública.
Sin embargo, en la mención a las modificaciones introducidas en la discusión parlamentaria de estas leyes corresponde destacar que, por las dimensiones políticas del FA y la capacidad que puede desplegar su bancada parlamentaria, sumada a las fragilidades (de consistencia ideológica y organizativa) de la coalición multicolor, ha sido posible atenuar y suavizar su contenido, eliminando o modificando puntos particularmente chocantes. Esta capacidad de incidencia, que hoy se ha llevado al límite de lo posible, no es una constante universal ni una ley de la naturaleza: es una consecuencia de la correlación de fuerzas en el seno de la sociedad entre los diversos intereses y sus representantes.
Este último punto nos parece particularmente relevante para analizar la coyuntura actual.
La cabeza de esa columna vertebral de ofensiva parlamentaria de la derecha es la LUC, un Frankestein jurídico y político para cualquier mirada desapasionada. La LUC, y en particular algunos artículos de ella, generan rechazos amplios, que en muchos casos exceden largamente al FA, a sus votantes o incluso a los votantes sistemáticos de cualquier lema. Es que una ley que introduce con fórceps una modificación tan significativa como regresiva en muy diversos temas de alta sensibilidad social, obviamente genera irritaciones por aquí y por allá.
El PIT-CNT y diversos actores de la Intersocial han anunciado su voluntad de llevar a referéndum contenidos de la LUC, quedando aún para definirse exactamente cuáles serán los artículos propuestos a consulta popular y cuál de los dos posibles mecanismos para lograrlo (la popularmente denominada vía corta o la llamada vía larga) se usará.
Más allá de estas definiciones, seguramente a dirimir en breve, es interesante tomar nota de reacciones que señalan, apelando a la prudencia, que quizás no sea ésta la mejor coyuntura para una instancia de referéndum.
Naturalmente nadie promueve un recurso contra una norma sin medir las dificultades que eso conlleva. Además, debe recordarse que no es sencillo conseguir la victoria en un referéndum, ya que los votos en blanco cuentan como votos negativos, por lo cual hay que lograr concitar la efectiva convicción de la mayoría absoluta del electorado. Finalmente y dato nada menor, la presión de los medios hegemónicos obviamente estará absolutamente toda en contra, claro está.
Pero si nos quedamos solamente con estas observaciones, muy prudentes, por cierto, perdemos de vista algunos apuntes centrales que hacíamos al principio.
El primero es que la correlación de fuerzas en el seno de la sociedad es la clave para determinar el grado de incidencia, freno o reversión que se puede tener sobre las intenciones políticas de la derecha. Nadie quiere perder un referéndum porque por algunos puntos de voto en blanco no se supera el 50% de adhesiones, pero en cualquier lugar del planeta, un referéndum que no se gana por un pelo, políticamente, más allá de la disputa electoral, es un “parate” importante para quien crea que puede llevarse todo por delante.
Pero más importante aún, el que se logre o no triunfar en un referéndum se basa en un hecho que es muy valioso por sí mismo: depende de que se tejan y organicen en el seno de la sociedad las fuerzas del campo popular, ganando las calles bajo las condiciones que sean posibles, ganando adhesiones vecinales, sociales, que es la única cancha donde la izquierda es locataria. Una vez más cabe recordar la lección positiva cosechada entre la primera y segunda vuelta de las elecciones nacionales del 2019: mientras pensemos que la izquierda es una opción como cualquier otra, sujeta a las leyes del marketig político como todas las demás, obviamente iremos a jugar a la cancha donde la derecha tiene la hinchada, los jueces y hasta los relatores. Pero si en cambio vamos al mano a mano, al boca a boca, jugaremos en una cancha por cierto muy modesta, pero muy nuestra, que conocemos muy bien y donde no hay jingles, asesores ni spots, sino miradas y conversaciones de persona a persona. No siempre gana el local, pero jugar en terreno propio y bajo condiciones favorables, siempre es conveniente.
Si se logra movilizar el amplio campo popular, de manera intensa y organizada, tras un proyecto unificador de la protección de los derechos sociales, la Educación Pública, el rol de sindicatos, de impedir un Estado policial, etc., es que será posible concitar la mayoría absoluta de la ciudadanía. Pero aunque así no fuera, el concitar la movilización y organización de una gran masa tras las banderas del campo popular, será en sí mismo una victoria y un punto de inflexión en la disputa frente al poder, frente a una derecha que más tarde o temprano verá desflecarse su coalición, desgastarse su gestión y marcar distancias a más de un “fiel amigo y aliado”.

Por otro lado, contra los elementos más nocivos de la LUC no podemos ni debemos cerrar las puertas a nadie, ya que no es sólo una consigna que pueda concitar adhesión entre frenteamplistas, pues quien vea en su propio hogar o ámbito de trabajo sus efectos y sea capaz de razonar que a las causas siguen los efectos, no importa qué partido votó o votaría: lo que cuenta es que no quiere perder derechos que ve esfumarse de golpe.

Mientras se terminan de definir los puntos a cuestionar y la vía a utilizar para llegar al referéndum, conviene tomar muy clara conciencia de que éste no es momento para especular o conjeturar: es tiempo de unir, sumar, desde la sociedad misma, con amplitud y organización, en dirección a revertir las políticas de la derecha.

Ahora es tiempo de acumular, de ganar espacios, conciencias y organización para los intereses del campo popular.