Al filo de la cornisa

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Por Gonzalo Perera

Desde el comienzo de este período de gobierno, el sector de la coalición al que más parecen sentarle bien las camisas negras, Cabildo Abierto, ha asumido un rol particularmente agresivo hacia diversos marcos institucionales, usando siempre una misma táctica: golpear y retroceder.

Esto es, si el objeto del ataque es una institución X, algún dirigente cabildante de notoriedad la ataca con dureza extrema, para luego, salir otra figura cabildante central a la opinión pública, a decir que el ataque tiene su razón de ser, pero que es desmesurado, que quizás no sea la mejor forma, que el estilo no es el más adecuado, etc.

El diputado Eduardo Lust ha desempeñado a menudo el rol del que lanza el ataque y el senador Manini suele ser el que da el paso atrás, aunque en algunas ocasiones ha sido Manini quien avanza y otro referente, como Domenech, el que atenúa. La táctica es muy clara, evidente.

Sin embargo, por momentos, sorprende su grado de audacia que parece desarrollarse al filo de la cornisa, en más de un sentido de los posibles límites de interpretación.

La Justicia, y sus figuras o decisiones, han sido un blanco preferencial en esta dinámica. Es que la Justicia y los espacios de dilucidación de conflictos o problemas de forma garantista, ya sea por sus métodos, por sus controles o por sus incompatibilidades con otros roles, son uno de los obstáculos a remover por todo proyecto autoritario. Como el cabildante.

Según dicen, el 12 de octubre de 1936, en un acto desarrollado en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, colmado de falangistas, ante la crítica de Unamuno a los discursos fundamentalistas y desconocedores de los matices y pluralidades culturales que le habían antecedido, habría lanzado su: “¡Mueran los intelectuales !¡Viva la muerte!”, el general fascista José de Millán-Astray. Se atribuye a Don Miguel de Unamuno, como su devolución, el discurso “Venceréis, pero no convenceréis”, donde básicamente contraponía la fuerza bruta y la razón. Cuidado, que Don Miguel no era ni izquierdista ni siquiera inflamado republicano. Más bien, simplemente expresó una opinión pensante, al sentirse al borde de la cornisa.

Mientras tanto, los defensores acérrimos de la República, comunistas, socialistas, anarquistas, liberales, agrupaciones autonomistas catalanas o vascas, ya estaban prontas para ir a la trinchera y al sacrificio supremo. Pero bien vale el recuerdo de quien, sin atrincherarse, al llegar a la cornisa de la racionalidad, supo decir: “no sigo”,

En el Uruguay, muchos recuerdan algunas de las pocas polémicas previas al plebiscito constitucional de 1980. En particular, el 14 de noviembre de 1980, la protagonizada por Enrique Tarigo y Eduardo Pons Echeverry por el NO (oposición a la dictadura) contra Néstor Bolentini y Enrique Viana Reyes por el SI. En aquel momento surgió de Pons Echeverry, herrerista, la frase: “siempre habrá rinocerontes”, en alusión irónica a la obra teatral de Ionesco, con significado popular tan claro, como lo más notorio de un rinoceronte. En la clandestinidad, otras organizaciones políticas y la central sindical, bancaban el furor de la represión más desalmada, Pero se estaba al borde de la cornisa, de la caída al fascismo puro y duro, y quien, aunque conservador fuera, pusiera una matiz o freno a ese empuje, bienvenido era.

En esto relatos hay continuidad: una base militante dejaba sangre, sudor y lágrimas mientras algunos al menos podían expresar públicamente su pensar. Pero bienvenido ese pensar, cuando se está al borde de la cornisa.

Al borde la cornisa nos está llevando la táctica cabildante. Obviamente desde las organizaciones populares, desde el FA, la resistencia es frontal. Pero… ¿Qué pasa con los coaligados, al borde de la cornisa una vez más?

Vayamos a la ofensiva concreta contra el Fiscal de Corte Jorge Díaz, sometido a ataque feroz por el diputado Lust, al punto de pisar por primera vez una cornisa muy peligrosa:

“Si el presidente no destituye el Fiscal de Corte, Cabildo Abierto debe abandonar la coalición multicolor”, dijo Lust.

Nada importa lo que dijo después Manini, pues sabemos que es un juego táctico: pegar y replegarse. Lo que importa es que Lust cantó “contra flor al resto” y, si no hay destitución, la palabra de Lust de aquí en más no vale un cobre. Uno de los dos queda en ridículo, Lust o Manini, no hay forma de disimularlo.

Pero en una coalición donde el socio principal (Partido Colorado) y su Canciller no dura tres meses, donde es notoriamente botijeado por su reemplazante (Bustillo), que marca tanta distancia como es posible con su antecesor, la debilidad es aún más flagrante.

Obviamente, la hegemonía mediática, elige dónde focalizar

Pero, la razón, la simple razón, la que nos separa de la barbarie, desde Salamanca a Montevideo, desde 1936 a 2020, sigue pautando inquietudes, que, al borde de la cornisa, son de rigor.

Por ejemplo:

1. La actuación del Intendente Carlos Moreira, más allá de detalles sobre sus audios, está claramente calificada. Si una fiscal con sospechas (los hechos se investigan) de cercanía con su línea política lo absuelve y se revelan vínculos entre sus familiares y el actual gobierno, que quiere insistir en que la asquerosa conducta de Moreira es legal, el ser objeto de investigación administrativa por el Fiscal General de la Nación, no nos parece que merezca otra cosa que aplaudir. Más aún, si Díaz no dispusiera investigación administrativa, él estaría en omisión.

2. El pintoresco diputado Lust aduce ideologismos en función de lo que unos 30 años atrás había sido militancia política del fiscal, A ver, diputado Lust: los que 30 años atrás militaron como socialistas, comunistas, anarquistas, etc., seguramente sean los dos tercios del estudiantado de la época o mucho más. Ex JUP, son muchísimos menos, aunque varios con antecedentes penales, de agresiones, cadenazos y afines, pese a la protección policial, militar y mediática.

3. ¿La coalición es tan frágil como para partirse por la opinión sobre el Fiscal General del diputado Lust? Si es así, digan claramente que no es coalición, sino inverosímil rejunte, y punto.

4. El argumento central de Lust es “esto habilita a investigar el pasado de cualquier fiscal”, es muy burdamente falso. A lo sumo habilita averiguar donde está recientemente, digamos cinco años atrás, el fiscal y sus progenitores o familia, A un encumbrado jurista, parece vergonzoso llamarlo a convenir en la lógica elemental. Pero si le preocuparan las militancias juveniles de cada quien, le reiteramos tenga a bien informar en su partido, quiénes fueron militantes de grupos como la JUP, Azul y Blanco, etc. Y si de jóvenes sentían la compulsión a erguir el brazo derecho…

“A confesión de parte, relevo de prueba”: Lust en su ataque, no muy bien mitigado por Manini, dijo que si el presidente no removía al fiscal Díaz, se rompía la coalición.

Así de sólida y racional, es esta coalición tan improvisada. A los blancos y colorados republicanos de ley, los invitamos a no acordar más con este mamarracho y no seguir, como en 1980, jugando el simple rol de los rinocerontes de Ionesco.

Al filo de la cornisa, no hay mucho margen. Y la embestida contra el Fiscal General y contra la Justicia toda no da lugar a más de dos posiciones, más allá de cualquier matiz.

La nuestra es defender la Justicia y oponernos al intento desde el poder de sojuzgarla.

Al filo de la cornisa, todo es más claro para la ciudadanía honesta y republicana. A unirse todos, pues.