Campeones con y sin caravana

Gonzalo Perera

El comienzo de esta semana fue muy particular para la inmensa mayoría de los uruguayos. Es que el domingo 11 de junio la selección sub-20 de Uruguay se consagró campeona del mundo, en el torneo disputado en Argentina. Para quienes somos aficionados al fútbol, lo cual en Uruguay es una inmensa proporción de gente de todas las edades, géneros, filiación política e incluso condición social (aunque en las clases populares es donde más apasiona, y de dónde vienen el 95% de nuestros futbolistas), ver a la camiseta celeste ganar de manera absolutamente inobjetable, siendo muy superior y reconocido como tal por comentaristas de todo el mundo, incluyendo la soberbia victoria final ante la linajuda y siempre aguerrida Italia, obviamente es un gran placer. Pero, además, y más allá de cualquier chovinismo barato, la frase “Uruguay campeón del mundo”, nos emociona y generaciones enteras la estrenamos el pasado domingo. Desde la legendaria victoria del 16 de julio de 1950 en Maracaná, o sea hace casi 73 años, ninguna selección uruguaya, ni mayor ni juvenil, había logrado ser campeona mundial. Cuartos puestos en mayores en 1954, 1970 y 2011 y vicecampeonatos sub 20 en 1997 y 2013 fueron lo más cerca que estuvimos de ese grito, Pero, dado que los recuerdos de una persona comienzan más o menos a los 4 años de edad, para encontrar un uruguayo que haya dado ese grito antes del domingo pasado,  hay que buscar entre nuestros mayores de 76 o 77 años, Obviamente, estremece poder disfrutar de ese grito al menos por una vez, como llena de emoción ver la entrega, calidad, espíritu de equipo exhibida dentro de la cancha por un puñado de gurises, que fuera de la cancha siempre mostraron corrección y sencillez. Actitudes, las de adentro y fuera de la cancha, muy apreciadas en nuestro imaginario popular, que hicieron que el lunes 12 ese puñado de gurises tuviera una multitudinaria recepción en Montevideo, acompañados de una enorme caravana, de la euforia y gratitud de muchísima gente.

Ese puñado de gurises que fuera acompañado y ovacionado por multitudes, nació, en su mayoría, en los años 2004 y 2005. Son gurises que cuando se pusieron la túnica y la moña, ya estaba el Plan Ceibal para hacerlos conectarse con otras realidades y tener una valiosa herramienta de aprendizaje. Son gurises en cuyas familias, al menos en varios casos, las políticas destinadas a contener la emergencia social y a promover la generación de empleos dignos, con consejos de salarios por rama de actividad y toda una serie de políticas tendientes a defender los derechos del trabajador, hicieron que se comiera y se viviera con dignidad. Son gurises que crecieron en los años de mayor inversión en la Educación y Salud Pública, y en particular, de estímulo al deporte, sobre todo la práctica deportiva comunitaria, que potencia la convivencia pacífica y saludable. Estos gurises eran chiquitos cuando nos enronqueció “la locura que picó el penal” y, por lo tanto, cuando comenzaron a patear la pelota, tenían en mente que no era imposible que la camiseta celeste despertara elogios y que eso no se ganaba por un milagro o acto de magia, sino por mucho trabajo prolongado y continuado. Esos gurises crecieron durante los 15 mejores años de nuestras vidas y sin ánimo sectario ni de chicanas de ningún tipo, obviamente que algo tiene que ver ese hecho con la conquista que nos regalaron.

Mucha gente en el mundo se pregunta qué tiene Uruguay para generar tanto jugador de primera clase, con apenas 3 millones y medio de habitantes. Sin pretender dar esa pregunta por contestada, nos parece que una buena aproximación es pensar en un país donde casi toda la población patea la pelota desde que apenas camina, donde casi todo el mundo entiende lo que es tirarla al óbol o pegarle de rabona, pero también, un país donde hay una  tradición de Educación Pública fuerte, con escuelas donde no sólo se alimenta el espíritu, sino también las pancitas y donde al 1 de marzo del 2020, la cobertura universal del sistema de Salud Pública y la calidad del mismo, eran francamente destacables. 

Como siempre decimos, no se trata de decir que los tres gobiernos del FA fueron la panacea, porque no lo pensamos. Pero si siempre consideramos errores que obviamente hubo, que constituyen aprendizaje a no olvidar en el futuro, si al mismo tiempo no se destaca lo que no se vio más que en esos 15 años, ni antes ni después, no seríamos justos ni inteligentes. Sería tan tonto como no celebrar el campeonato mundial porque fue sub-20 y no de mayores. Ojalá venga el título de mayores en algún momento, pero reconozcamos como se merece lo formidable que lograron estos gurises, casi todos nacidos en el 2004 o 2005.

En el 2004 o 2005 también nacieron otra enormidad de gurises. 

Los que están terminando ahora sus estudios secundarios, por ejemplo. Que cuando reclaman por su derecho a expresar sus reivindicaciones se les reprime, al igual que a los genuinos docentes que los apoyan. Y no falta quien emita mensajes de odio, con discriminaciones de todo tipo hacia sus referentes, que lo que están haciendo es ponerse su camiseta y salir a dar la cara para defenderla en la cancha, la cancha de la sociedad, de toda la problemática de una educación que se intenta pauperizar, para transformarla en mero adiestramiento al servicio del gran capital. Más aún, en el colmo del cinismo, identifican a estos gurises, pacíficos luchadores, con vagos, o peor aún, con sus coetáneos que la macanean y agarran por el lado oscuro de la vida. Para ello, a menudo simplemente ponen el foco solamente en los que dan el mal paso, invisibilizando la inmensa mayoría de las nuevas generaciones, que la pelea con dignidad y en paz.

También son de esas generaciones los gurises que están comenzando estudios terciarios y en particular universitarios, y se les está complicando conseguir una beca o tener las condiciones necesarias para poder concentrarse en el estudio. Si los gurises de la sub-20 se perdieron un montón de fiestas y bailes porque el domingo temprano en la mañana tenían que jugar, les puedo asegurar, porque lo viví en su momento y lo sigo viviendo en estas nuevas generaciones, son muchos los sábados donde no hay diversión alguna porque hay que encerrarse a estudiar para un parcial o un examen, o ponerse a tiro en un curso que viene flojo.

Los gurises que hoy revindican el derecho a ser estudiantes y no cadetes a los que se da órdenes, tratados como seres pensantes y no como un rebaño, también son tremendos campeones, aunque no les entreguen medalla alguna. Los que se queman las pestañas estudiando, para poder aprender al máximo, aunque las condiciones de estudio se hayan deteriorado tanto desde el 2020, también son tremendos campeones, muchos de ellos viéndose obligados, además, a laburar en lo que se pueda, para poder ayudar a bancar los gastos de sus estudios, o la situación de su familia.

Celebré como casi todo el Uruguay la gesta de los gurises campeones del mundo, y me conmovió la caravana que los recibió. Pero celebro también a los campeones cotidianos, que no reciben reconocimiento y que a menudo, muy por el contrario, desde los medios hegemónicos se los estigmatiza, en un acto de prepotencia e hipocresía sin par. Celebro a toda la gurisada que encara la vida con decisión, entrega, talento, por la buena senda, sin creerse más ni menos que nadie, sumando su esfuerzo a su colectivo. A todos esos verdaderos campeones, los reciban o no caravanas y ovaciones: ¡Salud!

Foto de portada:

Llegada al Estadio Centenario de la caravana con la Selección Uruguaya SUB-20 tras salir campeones del Mundo: Foto: Mauricio Zina/ adhocFOTOS.

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