Cometierra una novela adictiva y una narración lírica y realista

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Por Verónica Pellejero

– Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.

-No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.

-Afloja de una vez. Todos te esperan.

Si no me escuchan, trago tierra.

Antes tragaba por mí, por la bronca, porque les molestaba y les daba vergüenza. Decían que la tierra es sucia, que se me iba a hinchar la panza como a un sapo.

-Levántate de una vez. Lávate un poco.

Después empecé a comer tierra por otros que querían hablar. Otros que ya se fueron.

Así empieza Cometierra, la primera novela de la argentina Dolores Reyes, que fue seleccionada el año pasado por Página 12 como una de las mejores novelas feministas del año. Reyes tiene 42 años es docente, militante feminista y madre de siete hijos. Su primer trabajo fue un rotundo éxito y ya cuenta con una traducción en italiano: “Mangiaterra”.

La novela narra la historia de una joven a la que la tierra le habla, le muestra lo que sus familiares (y ella misma) necesitan saber: ¿Dónde están? ¿Qué pasó con ellos? Pero para eso debe probar la tierra donde esas personas moraban, tragarla, y luego cerrar los ojos y dejar que las figuras y las imágenes cuenten, le muestren cómo está esa persona o qué le pasó. La novela se divide en tres partes, luego del episodio cero que marca la vida de la protagonista, ese relato cruel y desgarrador cuando asiste al funeral de su madre, cuenta del sólido vínculo con El Walter, su hermano y nombra a su padre violento, todo en primera persona y en presente. Una novela corta que habla de la soledad de ser hijos de un femicida y una madre que ya no está, que fue arrebatada. Aunque también se explora en la obra la necesidad del autodescubrimiento, la búsqueda del yo verdadero y del rumbo propio.

Es inevitable pensar mientras se lee la novela en la última dictadura fascista Argentina que desapareció 30 mil personas, cuando se presentan esos familiares destruidos por la falta que no pueden llenar sin saber la verdad. En Cometierra las botellas con tierra que la gente tira dentro del patio de su casa, con fotos y números de teléfono se acumulan. Al punto que la protagonista piensa: “el mundo ahí afuera debe ser enorme para que desaparezca tanta gente”. No se puede dejar de pensar tampoco, en los vínculos profundos que hay entre la tierra y las personas, pero sobre todo entre el territorio/cuerpo de las mujeres, ese que es condenado y lastimado, y la tierra, víctima también, que en complicidad se abre con la vidente, la bruja, para mostrar lo que los asesinos, violadores quieren ocultar.

El femicidio y la injusticia son el tema principal de esta original novela, lírica y realista, llena de pasajes notables y conmovedores, escritos con profundidad y fieles a las voces de sus protagonistas, que van madurando entre la adversidad y la violencia cotidiana, mientras a Cometierra le crece el pelo, salvaje como los árboles de su terreno.

La historia aborda también el rol del estado y la justicia: la gente recurre a la vidente, luego de que toda la cadena institucional falla y se desvela que en el fondo tampoco les interesa buscar a esas personas. De forma que hay elementos de denuncia de un aparato estatal que no responde y es funcional a la violencia de género que año a año arrebata mujeres de sus familias.

Cualquier rioplatense que haya nacido en un barrio pobre y crecido en un rancho, puede sentirse identificado con los espacios que describe la autora, con los personajes y las situaciones. La autora contó en una entrevista a un medio argentino, que algunas mujeres le empezaron a escribir para contarles sus experiencias con femicidios luego de leer la novela, algunas incluso perdieron a sus mamás cuando eran muy chicas y nunca se habían planteado o nombrado aquello como un femicidio, en tanto la familia tampoco les había dicho la verdad.

Una novela que se lee de un tirón. La podés encontrar en librería Escaramuza.