Con los ojos en la nuca

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Por Fernando “El Perro” Gil Díaz

A esta altura resulta inexplicable la actitud del gobierno, que sigue sin prestar la debida atención a los números -fríos y duros- de una realidad que no afloja.

Las cifras de fallecidos no ceden y más de medio centenar de uruguayos vienen muriendo por día a causa del covid. Triste, demasiado triste… y muy duro, por cierto. Cuando todo indica que se impone un párate absoluto que ponga un freno a la escalada de contagios, en una especia de paraguas necesario, el gobierno avanza moviendo las perillas a un antojo que se aproxima más a capricho que a sano y fundado discernimiento. Empezamos a incorporar los datos como si detrás de los mismos no existieran personas, padres, madres, hermanos, tíos, familia que se nos van de este mundo en la más absoluta soledad que impone el aislamiento a quien padece el mortal virus.

Triste realidad de un Uruguay que jamás imaginamos, pero al que una pandemia mundial nos vino a poner a prueba de la peor manera…

Según el color del cristal con que se mire

Bastó que llegaran al gobierno para asumir posturas que otrora negaban, e incluso esgrimían como argumentos para criticar la gestión pública. Hoy, esos mismos argumentos los utilizan para fundamentar sus acciones y cual si padecieran de una amnesia selectiva, olvidan rápidamente que están usando los mismos argumentos que criticaban siendo oposición.

Así ocurre, por ejemplo, con el tratamiento de los delitos por parte de las autoridades, esas que antes calificaban diferente los homicidios y hoy son extremadamente específicos para definir a su gran mayoría como ajustes de cuentas, cuidando muy bien que cada víctima sea descrita como poseedora de antecedentes. Se olvidaron de que todas son muertes de uruguayos, como argumentaban antes y hoy son gente que “se la está dando entre ellos”.

Esa frialdad argumental parece ser la impronta de un gobierno que se muestra indemne a las duras cifras que produce la pandemia y que lejos de ceder se mantienen en una suerte de meseta negra que nos arrebata la vida de más de medio centenar de compatriotas por día.

El Presidente, que se hinchó el pecho diciendo que se haría cargo, ignora el dato y mueve las perillas como si se tratara de un video juego. Y cuando refiere al tema, atribuye la responsabilidad de los datos al mal ejercicio de la libertad responsable que hoy es, comprobadamente, un rotundo fracaso.

Hoy pagamos el altísimo precio de haber demorado la obtención de las vacunas, tiempo precioso que se paga con las más de tres mil seiscientas vidas de uruguayos, cifra que será ampliamente superada en próximos días, lastimosamente. Pagamos caro el precio de una campaña de vacunación que sufrió graves problemas de logística con una agenda caótica que todavía cuenta con miles de jóvenes sin fecha prevista para su inmunización.

Pero, la movilidad sigue creciendo, la gente -la única responsable, según el gobierno- tiene que ir a trabajar, moverse para hacerse del ingreso que le permita subsistir con su familia, y se expone a contagiarse de un virus incontrolado que circula libremente y suma más víctimas cada día.

Estamos lejos todavía de decir que superamos nada, la pandemia está cada vez más activa y si las camas ocupadas de los CTI disminuyen algún día no es por baja de contagios sino por fallecimientos. Triste, demasiado triste…

Mientras tanto el Presidente sigue habilitando actividades como las que se anunciaron en la frontera, donde se habilitarían nuevamente los free shops. Sabemos cuánto representan los mismos para los departamentos fronterizos del norte, pero también sabemos que hay momentos -como este- donde la movilidad lejos de fomentarla hay que reducirla si es que queremos ponerle un freno a la pandemia.

Todavía no estamos percibiendo el coletazo de la circulación promovida en ocasión del Día de la Madre, algo que los científicos esperan ocurra a fines de este mes de mayo. Entonces, parece un diálogo entre sordos lo que recomienda el GACH y lo que promueve un gobierno que no parece atender sus informes.

Nada de esto sería de la magnitud que tiene si detrás de esas decisiones no estuvieran en juego la vida de cientos de uruguayos que se contagiarán -inevitablemente- con el virus. No hay razón que justifique tanto sacrificio, ninguna…

Es hora que el gobierno atienda lo verdaderamente urgente, que es la defensa de la vida de todos los uruguayos. Lejos de la soberbia que nada bueno genera, y reconozca con humildad republicana que hay que poner un freno para poder asegurar el futuro de los uruguayos.

Mientras tanto, hay quienes parecen tener los ojos en la nuca.

Hay que parar para seguir vivos… a ese punto hemos llegado.

el hombre escuchó el informe diario,
el perro lloraba en su casilla…