Convocar a la esperanza

El Partido Comunista de Uruguay (PCU) está cumpliendo 103 años. Es una tarea difícil resumir hilvanando unas pocas palabras todo lo que esto implica. Pero es necesario, la historia, esa creación humana de las y los comunistas uruguayos, se lo merece largamente.
Es inevitable repetir algunas formulaciones ya hechas, para hablar de la historia del PCU. Pero es un ejercicio recomendable reafirmar conceptos fundantes, señas de identidad, principios.
En primer lugar, hay que decir que estos 103 años de vida del PCU están marcados por la lucha. Ni uno solo de esos días las y los comunistas dejaron de luchar, en cualquier situación y condición.
Hablamos entonces de 103 años de organización, conciencia y movilización de decenas de miles de uruguayas y uruguayos. El PCU ha sido, es y se propone seguir siendo un partido de militantes. Un partido de revolucionarias y revolucionarios. Un partido para hacer la revolución.
En segundo lugar, es importante colocar algunos elementos de las principales vertientes históricas que confluyeron en la fundación del PCU y que enriquecieron su forja militante. Nos referimos a ideas, a proceso históricos, más que a fechas.
La primera, es el internacionalismo. Concebir la liberación de nuestro país integrada al proceso de la emancipación humana. La identificación con la Revolución de Octubre, el primer intento triunfante de las y los oprimidos por gobernarse a sí mismos, fue y sigue siendo un elemento central de la identidad del PCU. El internacionalismo, como parte de la concepción ideológica, marxista-leninista, pero también como práctica política militante, es un elemento central de esa identidad. La solidaridad internacionalista, expresada con la República Española, en la lucha contra el nazismo y el fascismo, con Cuba, con Vietnam, con Nicaragua en la lucha contra Somoza, con Angola, con las y los pueblos del mundo que luchan por ser libres. Y el antimperialismo militante, parte fundamental de unir nuestra suerte a la de la segunda y definitiva independencia de los pueblos de nuestro continente.
La segunda, es el rescate del contenido popular de la revolución artiguista y el compromiso de llevarla a término.
La tercera, la búsqueda de aumentar el peso de las y los trabajadores en nuestro país, y con ellos de los sectores populares. Para logarlo, dotarlos de un instrumento de lucha política, la forma más elevada de la lucha de clases y transformarlos en protagonistas independientes de la política nacional.
Con esas señas identitarias el PCU se puso la tarea de analizar la realidad nacional, sus bases materiales, su composición de clases, trazar una ruta teórica para su transformación, una estrategia, una táctica y construir una herramienta organizada para llevarlas a la práctica.
Rodney Arismendi, que encabezó un colectivo de dirección que desde 1955, en el XVI Congreso del PCU, generó un salto en calidad en ese proceso de construcción revolucionaria, resumió esa orientación como “una línea unitaria y de masas”. La concepción central de la misma, profundamente leninista, es que sea el pueblo organizado, a través de su propia experiencia de lucha, el que madure en su conciencia y protagonice la disputa por la hegemonía con las clases dominantes.
Esa línea, que tuvo como objetivo central la construcción de la unidad política y social del pueblo, “la principal conquista estratégica”, al decir de Arismendi, se hizo patrimonio de miles y con su acción transformó la sociedad. De esa militancia conjunta con compañeras y compañeros de la izquierda y el movimiento popular, surgió como resultado la unidad de las y los trabajadores. La unidad de los trabajadores con las capas medias, en particular con las y los estudiantes y la intelectualidad. La unidad de la izquierda, primero en el FIDEL y luego en el Frente Amplio.
Estos avances no son obra exclusiva del PCU, sería una mezquindad sectaria afirmar tal cosa, pero no se pueden explicar sin la militancia comunista.
Ese acumulado histórico, enorme, de praxis revolucionaria, es el corazón de la historia del PCU.
Como parte de esa historia, hoy el PCU conmemora su 103 aniversario en crecimiento. Viniendo de una gran votación en las elecciones nacionales de 2019, transformándose en la primera fuerza del Frente Amplio en las internas de 2021, con presencia importante en los tres gobiernos departamentales frenteamplistas, en varios municipios, y, especialmente, con un crecimiento de organismos, afiliaciones y de vínculos con los más diversos sectores de nuestro pueblo.
Para un Partido revolucionario, que enfrentó las campañas de hostigamiento de los sectores conservadores de la sociedad desde el primer día, dos dictaduras que lo persiguieron y buscaron su aniquilación, la crisis provocada por la caída de las experiencias del socialismo real en el este de Europa, la bestial ofensiva material e ideológica del neoliberalismo, 103 años después de su fundación, ser una fuerza real con gravitación creciente en la sociedad, es una victoria per se.
Pero el PCU no se caracteriza por tener una visión autocomplaciente de sí mismo ni de los procesos que protagoniza. Está muy claro que, siendo mucho lo construido y acumulado, no alcanza, es necesario fortalecer más el bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios para disputar la hegemonía con las clases dominantes. Y para contribuir a eso es necesario un PCU más grande, más organizado y con más incidencia en la sociedad.
Este 103 aniversario se da en el medio de un gobierno de coalición de derecha, encabezado por el Herrerismo y Lacalle Pou, que con su política de ajuste neoliberal ha aumentado la desigualdad en nuestro país, ha generado deterioro democrático, ha entregado soberanía y aumentado la dependencia y también ha generalizado la corrupción y el clientelismo.
No han podido instrumentar todo su programa, en estado puro, porque la lucha y la movilización populares se lo han impedido.
En este 103 aniversario del PCU dentro de las tareas inmediatas está llevar a un plano superior, el programático, con el Congreso del Pueblo ya realizado y el del Frente Amplio en proceso, el enfrentamiento entre dos proyectos de país.
El XXXII Congreso del PCU, definió con mucha claridad y justeza el objetivo central de la etapa, y vale la pena reiterarlo una vez más. “El XXXII Congreso levanta la bandera de la esperanza, y hace un llamado a la unidad, a promover la lucha, a organizar la ofensiva popular que nos permita enfrentar la restauración conservadora, derrotarla, reconquistar el gobierno nacional para el pueblo con el Frente Amplio, con un bloque político y social de los cambios más fuerte, con más peso e incidencia, para avanzar en democracia hacia una democracia avanzada”, sostiene la declaración final.
En ese camino estamos, hay que llevarlo a la práctica, con iniciativa y una gran responsabilidad por la unidad política y social del pueblo y de sus herramientas, cada día.
Pero es necesario reiterar que con todo eso no alcanza. Es de gran importancia hacer un esfuerzo muy grande, teórico, político, militante, para reconstruir y levantar la utopía. Las clases dominantes nos hacen vivir en un presente perpetuo, el futuro no existe. Según ellos estamos condenados a vivir este presente, más o menos igual, hasta el fin de los tiempos. Pero el PCU nació para hacer posible la revolución.
Es importante, recordar y recordarnos que seguimos convencidos, hoy más que hace 103 años, de la necesidad de construir una síntesis política y social superadora del capitalismo. La revolución, que es un cambio de una formación socio económica por otra; un cambio de clases en el poder y un cambio de los valores dominantes en la sociedad. Que es una democratización radical de todas las relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. Que es el humanismo radical hecho proyecto social y político. Es también una obra histórica, es conveniente y necesario repetirlo, sintetiza el pasado y lo supera, responde al presente y se proyecta desde él, pero supone un futuro, un futuro distinto, con libertad e igualdad, sin explotación.
Tenemos que afirmarnos muy fuerte en el presente, pero nunca debemos olvidar hacia donde vamos. Nuestro camino es acumular fuerzas, avanzar en democracia y construir, con el protagonismo popular organizado, la democracia avanzada, con rumbo al socialismo.
Esos sueños, parte de nuestra identidad, nos dan más fuerza para pelear este presente, para ser cada día más una herramienta de lucha de nuestro pueblo. Por eso, este Partido que tiene 103 años, convoca a la esperanza, esa fuerza poderosa, que si se organiza tiene una enorme potencialidad transformadora.
Con la mano tendida y el compromiso militante, construido con décadas de sueños, dolores, heridas, heroísmo individual y colectivo y la alegría profunda que da luchar por lo que se cree, las y los convocamos: Tomá partido por la esperanza. Tenemos un año para construir la victoria popular.
En las calles, codo a codo, con la bandera roja con la hoz y el martillo, la artiguista de nuestro Frente Amplio y la uruguaya, es donde tenemos que organizar la rebeldía. No hay ni un día para perder.
Que no quede nadie sin sumar a esa tarea, hablamos de convocar la esperanza de nuestro pueblo, nada más, ni nada menos.

Compartí este artículo
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on email
Share on print
Temas