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El cinismo del Presidente

Lacalle dice estar contra “estado policíaco” de Alberto Fernández pero restringe libertades y derechos consagrados mediante la antidemocrática Ley de Urgente Consideración
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Por Verónica Pellejero

El martes Lacalle fue tendencia en Argentina por la entrevista que brindó durante casi una hora en TN. Allí dijo que se había optado por la “libertad responsable” para no caer en un «estado policíaco» que obligara a la población a recluirse. Así se subió a la cima del cinismo y la canallada para hablar contra «las corporaciones de sindicatos supuestamente idóneos en el tema» y «algún ex presidente» y sus consejos para paliar la pandemia.

En su discurso evita hábilmente mencionar el contexto: que Argentina sufre una crisis y un deterioro de la economía brutal; que en la gestión de Macri se eliminaron 10 ministerios entre ellos el mismísimo Ministerio de Salud, que además pidió un préstamo de 53.300 millones de dólares al FMI, el préstamo más grande otorgado por el organismo internacional en su historia, que se estima fue destinado en un 80% a pagar deuda (hoy Argentina debe un total de 320.000 millones de dólares en bonos y agencias de crédito). A. Fernández asume su presidencia en un país en ruinas luego de un lustro de gobierno macrista que dejó un 35% de pobres, 15, 8 millones en una población de 44,6 millones, y un sistema de salud deteriorado. Aspectos materiales que sin duda influyen a la hora de enfrentar una pandemia.

Todo esto Lacalle evita decirlo, y también evita mencionar los 15 años de gobiernos frenteamplistas que él tiene detrás, donde una de las prioridades fue justamente una reforma gigante de la salud, donde existe un sistema integrado que según Marcos Carámbula, ex presidente de la Asociación de Servicios de Salud del Estado (ASSE), permitió brindar una respuesta rápida en todo el país, así como la coordinación entre los servicios de salud públicos y privados. Carámbula indicó en la entrevista que brindó a EL POPULAR Nº511 la semana pasada, que además del sistema integrado de salud creado por el Frente Amplio, fue fundamental la coordinación científica que existe entre la Facultad de Medicina, el Instituto Pasteur y la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, que desarrollaron exámenes de detección del virus con celeridad. Sin contar que antes del cambio de administración en marzo de este año, ASSE ya tenía un Plan de Contingencia que fue coordinado con los trabajadores organizados, algo que este gobierno no haría jamás por ese argumento clasista (recordarán) de que «el poder no se comparte con los trabajadores», este protocolo fue entregado al gobierno antes de salir.

Pero eso no es todo, Lacalle además evita mencionar que la actuación propia de su gobierno (descontando la suspensión de clases, que de todas formas fue mal organizada) fue lamentable e incluyó en medio de la emergencia sanitaria: La renuncia de 38 profesionales de salud por la remoción de la directora del regional Oeste de ASSE, en principio sin nombres para ocupar el cargo, y luego la designación intempestiva en su lugar de un médico del partido fascista de Cabildo Abierto, que apenas asumió se dedicó a ensuciar la administración anterior, y que finalmente no asumió el lugar por la polémica que generó. Tampoco dijo que cuando el gobierno asumió (a pocos días que la enfermedad comenzara a circular) no tenían a nadie designado a ocupar los directorios de ASSE, situación que motivó que los directores frentistas se mantuvieran en sus puestos; estuvieron 20 días sin designar autoridades.

Lacalle también evita decir que el mes siguiente que se decretó la emergencia sanitaria aumentó todas las tarifas públicas más de 10%, mientras había cientos de miles en seguro de paro y desempleados, mientras se multiplicaban las ollas populares y cundía el hambre, y como si esto no fuera suficiente aumentó los impuestos y llevó el dólar a 45 pesos cuando un mes antes estaba a 37.

Con todas estas omisiones: un viento en la camiseta que es producto de 15 años de gobierno frentista, que su partido como oposición se dedicó a defenestrar y combatir encarnizadamente; la omisión descarada de la realidad que vive Argentina producto de la crisis en la que sumió el país Macri para esbozar una crítica a la cuarentena obligatoria, fue que Lacalle se paró en una montaña de cinismo y dio un discurso demagógico con la intención de encumbrar su gobierno sobre el de Alberto Fernández y mostrarse como ejemplo.

Pero quizás lo más cínico y falso que dijo Lacalle fue: «No estaba dispuesto a ir rumbo a un estado policíaco», lo dice por la medida del gobierno de Frente de Todos de imponer el aislamiento obligatorio para frenar el avance de la pandemia en un país con 106 mil contagios y 1900 muertes en algo más de cien días de cuarentena estricta. Es intencional, irresponsable y mala leche que diga eso en el contexto que vive Argentina.

Pero además lo dice al mismo tiempo que promulgan una ley absolutamente regresiva en materia de derechos y libertades, y mientras discuten reformar la Constitución para habilitar los allanamientos nocturnos, algo a lo que la ciudadanía le dijo NO en el plebiscito de octubre, y que es de hecho lo único que iban a respetar del plebiscito porque había que modificar la Constitución.

No dice el presidente en su discurso sobre la democracia y la libertad que acaban de votar mediante un mecanismo excepcional como el de Urgente Consideración 502 artículos, (que mantuvieron en secreto durante toda la campaña electoral) algo sin dudas antidemocrático.

No dice el presidente que mediante esa ley se amplía la “legítima defensa” fomentando el gatillo fácil, que se crean delitos que conducirán a un ejercicio autoritario de las fuerzas represivas y al exceso policial, como los de “agravio a la autoridad” y “resistencia al arresto”.

No dice el presidente que la LUC establece que toda detención policial es legítima y fundamentada, a la vez que condena la resistencia al arresto, incluso si es injusto y arbitrario. Tampoco dice que la LUC contiene leyes que tienden a criminalizar la protesta social, especialmente la estudiantil y sindical a través de la tipificación de delito “perturbar de cualquier manera el ejercicio de la función educativa, o que provoque escándalo”, sin contar que la ocupación de instituciones educativas también será considerada delito; también el derecho de Huelga será limitado bajo la excusa del “derecho al trabajo” y “derecho de la dirección de empresa”.

No dice el presidente, que a través de la LUC se concede la posibilidad de que la policía interrogue a un acusado sin presencia de un defensor durante cuatro horas antes de notificar al Ministerio y de que use la fuerza física según su criterio individual, además de habilitarla en caso de que manifestantes en la vía pública protejan su identidad, en tanto la policía no tiene porqué identificarse y puede pedir documentos en la calle sin explicitar para qué fin.

Además, el Sr. Presidente no dice que la LUC habilita el porte armas por personal policial y militar retirado, permitiendo la intervención de estos militares retirados en situaciones de seguridad interna.

No dice el presidente de la cantidad de potestades que ha dado al recién creado Servicio de Inteligencia Estratégica del Estado (SIEE) que sustituye una ley que se discutió durante años en el Parlamento y fue aprobada por todos los partidos políticos. El SIEE es un organismo descentralizado que solo responderá ante el presidente (sí, solo ante él), que según Álvaro Garcé fue conversada con agencias internacionales (cuáles no se sabe), que podrá mantener información en secreto y realizar pesquisas secretas y donde el organismo será el encargado de delinear los objetivos nacionales en materia de inteligencia.

¿Estado policíaco?

Estos son solo algunos de los aspectos regresivos en materia de libertades y derechos que propone la Ley de Urgente Consideración, mientras Lacalle interpreta el papel descontracturado que ha practicado tanto y asegura con indiscutible cinismo que está contra “un estado policíaco” que en la práctica implementa en beneficio de los intereses de la minoría.

El presidente y la coalición de gobierno montan, una vez más, un circo mediático, todas las cámaras apuntan a los discursos ensayados. fuera del cuadro queda la realidad, cada día más pauperizada y regresiva —según los objetivos de la clase dominante— en la sombra, en lo que no se dice, en lo que buscan ocultar se encuentra la imagen real, de lo que son y pretenden: una sociedad desigual, injusta e impune.

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