El futuro en nuestras manos

El último domingo de octubre votamos por nuestra dignidad.

UJC

Imposible, es imposible. Es imposible llegar en pocos meses a 270 mil firmas. Así como era imposible llegar a 700 mil contra la LUC. Y así como esa vez, el pueblo uruguayo demostró que puede hacer realidad lo imposible. Y también como esa vez, la juventud uruguaya estuvo al frente del desafío. 

Una mañana en la feria, un sábado en un toque, en la puerta de la facultad, el domingo en Tristán. Con sol en la rambla, con noche estrellada en la puerta de un shopping. La juventud uruguaya se desplegó estos meses en todo el territorio nacional, hablando con los vecinos en cada barrio, yendo a buscar cada firma, con el objetivo -que oficialmente se concretará mañana- de llegar al plebiscito por la seguridad social. 

Trabajar todos 

El mundo parece ir más rápido, los avances tecnológicos se acercan cada vez más a fantasías de ciencia ficción, se sustituye el personal humano por máquinas, por inteligencia artificial, por un bot informático. Y usted pensará que es de sentido común que esto debe implicar una mejora en la calidad de vida de las grandes mayorías, pues no. 

Tenemos la posibilidad de cambiar el mundo del trabajo, de manera tal que las y los trabajadores puedan disfrutar su vida, tener más tiempo para el entretenimiento, para el descanso, para la familia y los amigos. Un cambio en el mundo del trabajo que genere nuevos puestos de trabajo, en tareas más dignas, que no arriesguen la vida y la salud de los trabajadores. Trabajar menos, y en mejores condiciones, es una posibilidad real, si colocamos los avances al servicio de los pueblos y no de los privilegiados. Pero claro, los privilegiados no quieren eso. 

Este gobierno de los malla oro aprobó una reforma que aumenta la edad jubilatoria, de pique hasta los 65 años, pero hay una trampa más. Con el aumento de la expectativa de vida va a seguir aumentando la edad para jubilarse. Si nuestra perspectiva es trabajar para vivir, la de ellos es que vivamos para trabajar. Gracias a esta maravillosa reforma, además del aumento de la edad, ahora nos podemos jubilar y después seguir trabajando. Lo más increíble es que lo dicen como algo bueno, cuando la realidad es que si 10 jubilados por día vuelven a trabajar es porque la jubilación no les alcanza para vivir. Los dueños de todo, que viven del trabajo ajeno, nos quieren trabajando hasta morir. 

Ese es el futuro que quieren para nosotros, para la mayoría, para quienes no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo. Y el futuro es incierto, pero algo tenemos claro, no vamos a resignarnos a no disfrutar nuestra vida. Y es por esto que la juventud uruguaya salió a la calle a darlo todo, por nuestros derechos, por nuestra dignidad. 

Trabajar menos 

Las organizaciones sociales de nuestro país se plantearon un desafío, a pesar de lo imposible que podía parecer, porque “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Y cuando el campo popular organizado hizo este llamado los jóvenes, y todo el pueblo, respondió.

El último domingo de octubre, además del gobierno nacional, vamos a votar el plebiscito de la reforma de la seguridad social, no solo para bajar la edad jubilatoria, no solo para equiparar las jubilaciones mínimas al salario mínimos, no solo para que las AFAPs dejen de lucrar con nuestros ahorros. Vamos a poner la papeleta del plebiscito, para tomar nuestro destino en nuestras manos y demostrar una vez más que este pueblo no entrega su dignidad. 

El despliegue que realizó la juventud uruguaya durante estos últimos meses es digno de su historia, responde a las mejores tradiciones de lucha colectiva, de la unidad de los diferentes movimientos sociales, de una juventud comprometida con el presente y también con el futuro, el suyo propio y el de toda la población. Firmamos por nuestras madres, nuestros abuelos, por nosotros mismos. 

Desde el gobierno nacional le hicieron el vacío a la campaña de recolección, y cuando se dieron cuenta que la militancia popular iba a conseguir las firmas necesarias comenzaron su campaña de miedo, agitando cucos, acusando de irresponsable al pueblo que se niega a ser casi un esclavo de los poderosos. 

Producir lo necesario 

Mientras el planeta está prácticamente agonizando tras décadas de contaminación, a raíz de la superproducción masiva de todo, y también del descarte constante de materiales que no se descomponen, y tampoco pueden reciclarse, que son simplemente basura y se acumulan tonelada sobre tonelada. Todo esto con el único fin de que un puñado de multi millonarios continúen acumulando riquezas que no van a poder ni disfrutar, a costa del trabajo de millones de personas que viven el día a día, y a costa también de su futuro y de sus familias. Esta es la perspectiva de quienes hicieron una reforma para obligarnos a trabajar hasta morir. 

No podemos pensar en cómo cambiar el mundo del trabajo sin pensar cómo cambiamos la producción y el consumo, es un pienso que debe hacerse en conjunto. Qué producimos, en qué cantidades, para el disfrute de quién. Qué consumimos, de qué forma, de qué calidad. Estamos agotando los recursos en productos masivos de dudosa calidad, que dañan la calidad de vida de las grandes mayorías, y gastamos aún más recursos en productos exclusivos para el disfrute de unos pocos. 

Tenemos la posibilidad de transformar el mundo del trabajo en beneficio de la mayoría. Una transformación para que los avances tecnológicos impliquen la reducción de la jornada laboral, que esos avances impliquen también prácticas ambientales responsables, porque bien sabemos que la crisis climática no es culpa de las actitudes individuales sino de las mega empresas. Hoy en día cuando hablamos de luchar por el futuro, también es para que unos pocos privilegiados no hipotequen la propia existencia de ese futuro. 

Redistribuirlo todo 

Ahora que llegamos a las firmas toma más fuerza el debate de la seguridad social, el debate de nuestros derechos como trabajadores hoy y como jubilados mañana. Los tres puntos de la papeleta deben ser el piso sobre el que nos paremos, para construir una seguridad social justa. El piso sobre el que, en el próximo período, abramos un diálogo por la seguridad social que tenga en su centro a los trabajadores, y la priorice la realidad de los más vulnerados, de esos sectores a los que siempre se posterga. 

A este gobierno le gusta hablar de números, que las cuentas ahora dan bien, que no hay déficit, ay qué horrible es el déficit. Pero de lo que no les gusta hablar al gobierno es de la gente detrás de esos números. De lo que no les gusta hablar es de la gente a la que dejan afuera, cuando dicen que los números cierran. Pasa con su reforma jubilatoria, y también con todas sus políticas. 

Poder consolidar una estructura económica en Uruguay que no se sustente en la vulneración de derechos, necesita indefectiblemente de una seguridad social que busque proteger a los trabajadores. No puede ser que el aporte que hacen los trabajadores sea mayor al aporte patronal, y que encima culpen a los trabajadores del déficit del BPS. Todo esto, y no tocaron la caja militar. 

El eje de las políticas públicas debería ser la pública felicidad, debería ser que todos puedan disfrutar su vida. Podemos construir un futuro donde trabajemos menos, trabajemos todos, produzcamos lo necesario y redistribuyamos todo, haber llegado a las firmas es el primer paso.

Foto

La juventud ha estado presente en cada paso de la campaña. Foto Gianni Schiaffarino. PIT-CNT.

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