El gran viaje a país pequeño

El mundo interior y el proceso de los exiliados sirios en Uruguay a través del lente de Mariana Viñoles.
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El destierro es redondo:

un círculo, un anillo:

le dan vuelta tus pies, cruzas la tierra,

no es tu tierra,

te despierta la luz, y no es tu luz,

la noche llega: faltan tus estrellas,

hallas hermanos: pero no es tu sangre.

Eres como un fantasma avergonzado

de no amar más a los que tanto te aman,

y aún es tan extraño que te falten

las hostiles espinas de tu patria,

el ronco desamparo de tu pueblo,

los asuntos amargos que te esperan

y que te ladrarán desde la puerta.

P.N.

Por Verónica Pellejero

¿Puede alguien realmente adaptarse a un sitio al que fue arrastrado no por el deseo, sino por la necesidad? Esta es la pregunta que retumba en el documental dirigido por Mariana Viñoles “El gran viaje al país pequeño”, y que hace a la vida de millones de personas que todos los días en el mundo son desplazados por la guerra y el hambre.

En el 2014 en respuesta al llamado de emergencia humanitaria, el presidente de Uruguay, José Mujica, puso en marcha un programa para acoger refugiados de guerra sirios en el país. Viñoles registra en soledad el largo proceso y las contradicciones de dos de estas familias. El tema estuvo largo tiempo en los medios porque luego de la etapa inicial, de las cámaras y los recibimientos, las familias no se adaptaban, se sentían abandonados en un país muy diferente de lo que le habían transmitido y deseaban con todas sus fuerzas regresar a su tierra.

Para la idiosincracia uruguaya de tradición batllista y vareliana simplemente no había otra explicación a que familias venidas del desplazamiento, la guerra y la miseria, desearan volver a una tierra devastada, (pensando además, toda clase de cosas espantosas sobre nosotros y el paraíso prometido), más que asumir que los sirios, sino estos en particular, eran gente ingrata al extremo.

Este documental es el lado B de la noticia, algo que no sé si estuvo entre las intenciones de la directora o es un efecto colateral. Luego de la polémica y los titulares no quedó nada más que vagas conclusiones y prejuicios, hoy podemos ver en esta obra cinematográfica aquello que usualmente queda relegado en los vulgares y superficiales juicios de valor sobre la otredad: su proceso interior y la razón de ser de sus sentimientos.

El mayor valor del documental, además de la sensibilidad e intimidad con el que está narrado, es el proceso humano que narra. Los y las protagonistas van transformándose en el tiempo y pasando por distintas etapas, además se van abriendo cada vez más a la directora que se vuelve una parte más de la familia y por tanto de la historia. Lo destacable es que este no es un documental que se centre en el choque de culturas, no aborda cómo los sirios aprendieron a tomar mate y comer tortas fritas, sino que coloca el lente en los procesos internos, las contradicciones, la ausencia y el desarraigo. Mirando a los personajes escuchar un audio, hacer una videollamada con su familia o simplemente escuchar las noticias de su país creemos entender sus corazones, lo que lloran y lo que anhelan.

No es ilógico pensar que quieran volver a con sus familias a pesar de que ponen en riesgo su propia vida, o no habrán querido los exiliados latinoamericanos regresar a sus países en dictadura aunque sea a morir, pero al lado de sus seres amados, compartir el dolor de su pueblo, se habrán sentido cobardes, enojados, furiosos y quizás fatalmente resignados ¿Pero podrá sentirse agradecido alguien que es expulsado por la barbarie de la guerra y obligado a asumir otra patria?

Muy recomendable, tienen oportunidad de verlo en Cinemateca hoy miércoles 9, jueves 10 y viernes 11 a las 19.20 horas.