El impacto en las condiciones laborales del proceso de extranjerización de la tierra.*

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Una de cal y una de arena

*Verónica Pellejero

En las últimas dos décadas, las propiedades y actividades en manos extranjeras han crecido, y con ello, su influencia directa en el mundo del trabajo. En esta investigación se indagó sobre cómo se han visto afectadas las condiciones laborales de los trabajadores en el norte del departamento de Tacuarembó a raíz de este proceso. El resultado central obtenido fue que las condiciones laborales han mejorado en términos generales en el período 2000-2018 y esto ha tenido que ver con la forma de trabajo de las empresas extranjeras, la introducción de nuevas tecnologías en la producción primaria y un Estado más presente en regulación y control de las condiciones laborales.

De todas formas, se observaron también efectos negativos vinculados a estos cambios como la flexibilización de las relaciones laborales producto de la subcontratación, la disminución de trabajadores empleados asociada a la mejora tecnológica y aumento de las dificultades para la permanencia de pequeños productores ganaderos y trabajadores de oficios tradicionales en el medio rural por aislamiento o pérdida de mercado.

Para el año 2011, de aproximadamente 16,5 millones de hectáreas explotadas en el Uruguay, 8,1 millones pertenecían a uruguayos, 515.640 a otras nacionalidades y 7,7 millones no se registraron en propiedad de personas físicas sino empresas, contando entre nacionales y extranjeras (1). Se estima que entre el año 2000 y 2011, 42% de la superficie agrícola del Uruguay cambió de propietarios (2). Ese mismo año Tacuarembó se posicionó como segundo departamento con más superficie extranjerizada y para el 2016, estuvo entre los cuatro departamentos donde hubo más compra-venta de tierra, con más de 11000 hectáreas que cambiaron de propietario. En Uruguay, y particularmente en la región centro-norte, se reporta un creciente proceso de extranjerización y concentración de explotaciones.

Algunos expertos sitúan la expansión de la forestación y el creciente proceso de extranjerización de la tierra en La Ley Nº 15.939 (o Ley Forestal) de 1987, que privilegió la prioridad forestal de aquellos terrenos “inadecuados” para otras explotaciones o decretados por el Poder Ejecutivo mediante la creación de un Fondo Forestal para el trabajo de “forestación, regeneración natural del bosque, manejo y protección forestal”. Esto representó un incentivo para inversores nacionales y extranjeros. También fueron factores influyentes la modificación a la ley de arrendamientos de 1994, el levantamiento de la inhibición a las Sociedades Anónimas y la Ley de Promoción de las Inversiones Extranjeras.

Condiciones laborales

Es de destacar que todas las fuentes consultadas -empresarios contratistas forestales, trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, gobierno departamental, docentes universitarios, pequeños productores ganaderos y fuentes secundarias- coincidieron en que las condiciones laborales en explotaciones extranjeras y su entorno han mejorado en el período entre 2000 y 2018. Particularmente, se reconoció una mejora en torno a la seguridad, salud e higiene y en la regularización de la situación laboral.

Subcontratación 

Para comprender mejor este proceso, es preciso referir al “Proyecto de recomendaciones sobre el trabajo en régimen de subcontratación” de 1997. En esta instancia la Organización Internacional del Trabajo (OIT) caracterizó los problemas asociados a la subcontratación en lo que a relaciones laborales refiere y propuso algunos parámetros para evaluar la situación de dependencia de los trabajadores involucrados.

Según la OIT la subcontratación puede configurar realidades muy diversas según: como la empresa central determina la dinámica de trabajo y su control -pago, supervisión, administración de herramientas y materiales de trabajo-, si el trabajo es regular y continuo o no, si el trabajador realiza actividades para una o múltiples empresas centrales y la medida en que los trabajadores subcontratados se integran a las actividades cotidianas de la “empresa madre”.

A pesar de no estar exclusivamente vinculado a la forestación, la realidad es que las empresas de este rubro productivo -al igual que otras del sector primario-, reorganizaron varios aspectos de su dinámica empresarial, en especial tendieron al cambio en el funcionamiento de la cadena productiva, desregulación de las relaciones de trabajo y desarticulación de los sindicatos.

Los testimonios de trabajadores y arrendatarios forestales, plantearon simultáneamente trabajos duros, condiciones de salud, seguridad, higiene y alimentación muy por debajo de lo adecuado, baja remuneración y desregulación laboral.

Resulta ilustrativo, para evidenciar las transformaciones en los procesos productivos que se han desarrollado, el testimonio de un ex contratista forestal y ganadero, que en la década de los 90 -cuando se dió la primera etapa de expansión de la forestación en nuestro país, luego de la Ley Forestal de 1987- pasó de trabajar como funcionario del Estado vinculado a la forestación en la región norte del país, a prestar servicios forestales como empresa de servicios, que desde 1998 hasta el 2013 prestó a las empresas Colonvade, Weyerhauser y Arauco, principalmente en la plantación de pino.

El servicio prestado en régimen de subcontratación a estas empresas fue en el vivero de producción de plantas, preparación de suelos, plantación, control de hormigas y cuidados posteriores. El ex contratista, desde 2002 se dedicaba de manera complementaria a la producción ganadera en régimen de pastoreo en los campos de forestación (todo otro fenómeno), que desde 2012 pasó a ser su actividad principal.

El entrevistado, consultado sobre cuál era su percepción sobre la expansión de la forestación de empresas extranjeras y la relación con el complejo agroindustrial ganadero, puesto que desarrolló actividades como contratista forestal y productor ganadero durante más de una década, planteó que desde el ámbito estatal estuvo a cargo de la “promoción de la forestación”, sin embargo se encontraron con una “gran resistencia” de los sectores ganaderos a la cuestión forestal: “dijeron que nos íbamos a quedar sin agua, que los eucaliptos y pinos se la chuparían toda, que iba a generar desastres de todo tipo”, “hoy se discute si la ganadería es sostenible o no” opinó el actual productor ganadero.

Explicó que en esa época se trajeron desde el estado “consultores de varias partes del mundo”, quienes fueron además según el ex-arrendatario “los primeros en señalar en el año 1996 que acá la forestación no iba a generar esos daños, que no se iba a chupar todo el agua del suelo, no iba defenestrar el ambiente sino que tendríamos que ir pensando en la lechería y en la ganadería por los efectos invernaderos”. Para él había una “intención deliberada” de los sectores ganaderos y algunos otros sectores de que la forestación no entrara “porque primero iba a competir por los suelos ya que eran grupos muy potentes económicamente, comparto que lo sean, pero el gran problema y lo que los movía por encima de todo es que iban a pagar mejor que la esquila, que la recolección de frutas que se daban en el Norte del Uruguay, que se iba a dar una concentración de gente y con ella, la sindicalización y les iba a molestar, porque tenían que mejorar condiciones y pagar más”, y agregó que “eso no solo ocurría en el sector ganadero, sino en el propio sector forestal, cuando se reinicia con fuerza a partir de la década del 90, lo que yo veía desde el Estado es que las condiciones de los trabajadores salvo excepciones eran paupérrimas”.

Consultado sobre cuáles eran las condiciones de trabajo en el ámbito forestal en la etapa previa e inmediatamente superior a los 2000, señaló que los trabajadores agrícolas vivían en galpones, sin agua caliente y que el agua potable “no aparecía dentro de los esquemas”. “No había las mínimas condiciones como para que un trabajador se desarrollara e hiciera un trabajo digno”, dijo. Para el ex-contratista esa fue la primera etapa del sector forestal, antes de la expansión, donde los trabajadores no tenían “las mínimas condiciones sanitarias ni de ningún tipo y hasta vivían en carpas”.

El entrevistado contó que en esa época -fines de la década del noventa- si bien contaba con condiciones para prestar servicios a empresas forestales, no quería reproducir las mismas lógicas de trabajo que criticaba siendo parte del Estado. Sin embargo, identificó que la empresa Colonvade “daba señales completamente diferentes a las que se reproducían en el territorio”. Esas “señales” eran de seguridad, mejores condiciones laborales, de salubridad y alimentación. Para él la diferencia entre esta empresa y otras que trabajaban en la región en ese momento se debió a que esas empresas tenían “compromisos a nivel internacional con temas de sustentabilidad”, y que quienes invertían en los fondos de jubilación de otros países “exigían que la madera fuese producida en condiciones que no fuesen de esclavitud”, “que no fueran condiciones malas para el trabajador y el ambiente, y que se cuidara la fauna y la flora, y eso se dió”, indicó. Según el productor ganadero, la empresa Colonvade, a partir de mediados de la década del 90 “empezó a exigirle a los contratistas -por la certificación- condiciones laborales aceptables y el cumplimiento de normas establecidas en los decretos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social”. Contó que empezaron “a pedir copias de recibos de sueldo, salario vacacional, de medio aguinaldo, la nómina completa de funcionarios que entraban a predios, empezaron a pedir aportes al Banco de Previsión Social, luego corroboraban si esas se correspondían con lo que el funcionario estaba recibiendo y el laudo existente”, prácticas que hasta ese entonces eran desconocidas en el rubro.

El ex-contratista aseguró que además se prestaba atención a las normas de seguridad, de salubridad y de convivencia dentro de los campamentos. “Idearon una forma de permanencia en el campo totalmente diferente: compraban un predio, acondicionaban las estancias y te la entregaban como contratista en comodato, teníamos que estar por lo menos dos años, porque preparábamos el suelo, plantábamos, realizábamos el control de hormigas y a los dos años devolvíamos la vivienda en condiciones”, rememoró sobre esa época. El entrevistado agregó que “en ese mismo período convocaron desde las empresas al MTSS y comenzaron a realizar reuniones periódicas”. Allí asegura que les dieron 6 meses de plazo a las empresas para “acomodarse”, y luego empezar un sistema de inspecciones, “las primeras guiadas y las otras era inspecciones sorpresa”. “Todo eso llevó a que muchos contratistas empezaran a mejorar y certificar con Colonvade”, concluyó.

También planteó, que a pesar de los cambios en las condiciones laborales que comenzaban a visualizarse en el sector, existió resistencia de parte de algunas empresas de servicios debido fundamentalmente a que cumplir con esta serie de medidas requería una inversión, porque debían ponerle “un techo al tractor, barra antibiótico a la zorra, el trabajador debía tener un cinturón de seguridad, debía viajar cómodo, los días de lluvia no trabajar, después cayó el tema de 8hs pero en la forestación, en particular en la plantación era imposible superar las 8 hs. porque el ritmo que lleva una plantación no lo permite de ninguna manera”, aseguró el ex-contratista forestal. Señaló que desde la mitad de la década de los 90 hasta el año 2014 (cuando considera que la forestación “empezó a bajar”) había en el norte de Uruguay 30 prestadores de servicio a las empresas forestales.

Según el entrevistado “paulatinamente la mayoría de las empresas se fueron adaptando [a las normativas laborales] porque el MTSS empezó a marcar las diferencias”. La certificación de la madera a nivel internacional, respondía a la necesidad de producirla en “forma sustentable con el medioambiente y con las condiciones sociales”, ya que eso permite una mayor apertura de mercado. Donde el estado y las exigencias de la certificación internacional pusieron el foco según el entrevistado fue en el proceso de cosecha, indicó que la forestación “pasó a ser manual pero más capacitada”, allí “tuvo que ver el Estado y las empresas privadas, que trajeron gente de afuera del país a capacitar en métodos de cosecha alternativos, ya sea con motosierra como con maquinaria”. Agregó que al día de hoy en las cosechas difícilmente se producen accidentes. “Lo que está quedando es el uso de la motosierra en el medio rural, en la ganadería, ahí no hay las mismas condiciones ni la situación que existe en la forestación respecto al equipamiento, el uso y la capacitación”, evaluó. Con respecto a la propiedad de la tierra en manos extranjeras en el norte de Tacuarembó, el ex-contratista indicó que hay fundamentalmente empresas brasileñas en este momento.

Género

El entrevistado mencionó que tuvo a su cargo personal femenino en todas las áreas donde prestó servicios. Tenía el objetivo expreso de cerrar su empresa de servicios luego de 15 años con una cuadrilla enteramente de mujeres. Esta cuadrilla, según expresó, fue la primera que tuvo la empresa Colonvade en Buena Unión.

“Fue un gran desafío armar una empresa de plantación de mujeres, ya que es un trabajo muy duro pero había mujeres que querían trabajar eso y rendían. Las mujeres plantadoras tenían un rendimiento excelente, y en el vivero eran mejores que los hombres para trabajar”, contó el ex-contratista de su experiencia con personal femenino a su cargo. Además consideró que las mujeres en el vivero son mejores que los hombres, debido a que los hombres son “más grotescos para trabajar con plantitas chicas, las mujeres volaban”. “Yo prefería en el vivero el trabajo femenino y después me saque las ganas con el tema de la plantación, me daba pena a veces por ese concepto machista que uno tiene de protección”, apreció.

Contratista

Un contratista actualmente en actividad, se explayó en torno a los cambios producidos por la forestación y la inversión extranjera, teniendo en cuenta fundamentalmente la introducción de tecnología. Indicó que hace 20 años atrás “se cortaban los montes con motosierra”, sin embargo “hoy una cosechadora y un forwarder, con dos operadores, sustituyen a más de veinte personas”, valoró. A su vez comparó la situación con la que se vivía antes donde “una persona trabajaba con una motosierra tirando árboles cuando daban las condiciones y con mucha exigencia física”, además se precisaba mucha gente para hacer un volumen relativamente bajo, “vinieron esas máquinas que trabajan con computadora y con un ambiente confortable y la ergonomía adecuada del asiento hasta los controles, con aire acondicionado, anti reflejo, etc que es un placer trabajar ahí”, expresó sobre los cambios producidos en la cosecha. La persona que “trabajaba con una motosierra y se subió a una máquina de esas, nunca más va a bajar a agarrar una motosierra de nuevo, en cuanto a la seguridad está cubierto, arriba de una cabina y un árbol no te mata porque estás cubierto, antes un árbol te podía matar”, sentenció.

Sin embargo, también reconoció que existen aún actividades productivas donde se siguen realizando tareas artesanalmente y no se utiliza maquinaria de gran porte: “han desarrollado mucha tecnología para que los montes crezcan más, se han desarrollado en la genética forestal, para que la madera sea de determinada manera y rinda mejor en la planta, han desarrollado sistemas logísticos para tener más eficiencia y bajar sus costos, son los que han traído todo este tipo de maquinaria grande que lo hace muy eficiente para ellos, pero no es eficiente para otro tipo de actividades, para un aserradero chico que trabaja con leña esto es inviable, aún hoy se descarga mucha madera a mano”.

Puso en cuestión, que el cambio introducido por la tecnología utilizada por las grandes empresas extranjeras implica, no sólo mejores condiciones laborales y mayores garantías -ya que el puesto de trabajo de esa persona que realiza la tarea con una máquina, es un puesto más especializado-: “se trata de una persona que no trabaja solamente con la fuerza bruta, es una actividad que requiere más capacitación, donde se maneja un software, sistemas hidráulicos, el trabajador debe poseer cierto conocimiento de mecánica para solucionar los temas básicos, y es un trabajo muy liviano, a pesar de que es monótono”, valoró. Para el contratista las empresas que trabajan con la celulosa son “las que más controlan”, aunque sostiene que las “empresas grandes” en general deben garantizar que la producción se realice en determinadas condiciones ya que “están certificadas, necesitan demostrar que hacen las cosas de determinada manera”.

De esa forma problematizó también que, a diferencia de las grandes empresas extranjeras los “negocios chicos” que trabajan con madera como los aserraderos, contratan más mano de obra, quizás no con las mejores condiciones pero dan más empleo, el dinero circula y se queda en la localidad: “un aserradero pequeño (20000 toneladas anuales) tiene 25 personas trabajando todo el año fijas. Los más tecnificados, con mayor economía de escala (300000 toneladas), trabajan con 50 personas que es mucho menos gente por tonelada anual. Los aserraderitos quizás no tengan los controles que tienen estos monstruos pero todo ese dinero queda en la localidad donde están trabajando, es una economía local regional muy importante”. “El chico, mucho mas ineficiente, deja todo en el medio local”, explicó.

Lado B

Pablo Díaz del Grupo de estudios rurales de CENUR, si bien reconoció que el tema laboral específicamente no lo han abordado, dijo que en materia de empleo “hay varias versiones” sobre “lo que ha traído la forestación, con respecto a lo que ha perdido la economía familiar”.

Para el docente habría que instalar la discusión sobre cuántos ganaderos familiares y cuánta mano de obra directa e indirecta la forestación afectó. Diferente es la mano de obra que genera la actividad y las distintas etapas de esta en Uruguay en el noreste, aclaró Díaz. “La forestación ha cambiado de manos, la empresa forestal tenía por un lado caja bancaria, caja notarial, después pasaron a invertirse en fondos de inversión a nivel internacional donde se extranjeriza fuertemente la tenencia de la tierra y de los montes. Después existe una etapa de monopolización o oligopolización por parte de las empresas de celulosa: Montes del Plata, UPM, y Weyerhaeuser, está última no tiene planta de celulosa pero si tiene muchas plantaciones para sus fábricas y también para venderle a las empresas de celulosa”, puntualizó.

Según el docente la mano de obra directa e indirecta que genera el ganadero familiar es un tema no estudiado, cuantificado ni profundizado. “El que está muerto no declara hay alguien que ya no está, que no te va a decir porqué se fue porque ya no vive en el campo”. “Los que te quedan te pueden dar una perspectiva, nosotros conversamos con ellos [productores ganaderos territorializados] y sus estrategias de supervivencia son adaptarse de alguna manera, por ejemplo pastoreando sus animales dentro de los montes o vendiéndole una parte del campo y manteniendo otra de pastoreo o haciendo una alianza y plantando juntos”, contó Díaz, y subrayó que el ganadero familiar vive en el medio, a diferencia del forestal.

Las dificultades de la extranjerización de la tierra, desde el punto de vista del productor familiar, es que sube el precio de la tierra en el mercado. “Para producir tienen que tener tierras, y esta tiene un costo, antes eran baratas”, dijo Díaz. Recalcó que hay dos mecanismos para hacerse de las tierras: el arrendamiento que se da a partir de los 12 meses, donde se firma el contrato con un escribano. En el caso de un escenario “más precario” se firma un contrato de pastoreo, que lo hacen hasta por 11 meses. El arrendamiento se cobra por hectárea, en tanto el pastoreo lo cobran por cabeza de ganado.

La forestación plantó bosques artificiales dentro de lo que eran estancias -coberturas herbáceas predominantes- y ahora la tenencia de la tierra, está controlada por la empresa forestal y el productor familiar que es vecino de esa forestación le pide a la empresa forestal para poner los animales dentro del monte, en zonas donde hay camino, cortafuegos, franjas que no se plantaron porque hay que dejar una distancia en caso de incendios. En esas zonas se desarrolla el pastoreo. Si es un monte de pinos, que es un lugar muy sucio, los animales agarran muchas garrapatas y por tanto el productor puede elevar su gasto en medicina animal.

Otro problema del pastoreo en predios forestales es que el terreno no cuenta con alambres divisorios, lo cual redunda en mucho más trabajo, ya que el ganado tiene mayor espacio para deambular, “puede irse a diez kilómetros, los potreros (donde pastorea la vaca, de unas 600 hectáreas, como hay en estos montes) son muchas horas más de trabajo, muchas horas más de auto-explotación del pequeño productor familiar para cuidar esa pequeña caja de ahorro que deposita en la vaquita”, dijo Díaz y valoró que “esto es porque el alambrado está dispuesto para una forestación no para el ganado”.

César Rodríguez – Secretario general de la UNATRA, quien además forma parte de la Colonia Arerunguá de ganadería expresó que “los trabajadores, en lo que tiene que ver con sus derechos y la regularidad diez puntos. Ahora lo que respecta a los productores ha impactado negativamente y de forma muy grande por el desplazamiento de la ganadería por parte de la forestación”.

Carlos Pintos, productor familiar, contó que la forestación ha afectado su vida como pequeño productor familiar: “Nosotros trabajamos directamente el predio, es nuestro único ingreso de lo que vivimos, estamos radicados en el medio rural. A la clase trabajadora le ha ido mejor. Nos encontramos en una soledad en el medio rural… Porque el desplazamiento sumado a la poca inserción laboral que existe es terrible”, sentenció.

El productor también señaló que los ganaderos han sido desplazados por la forestación a los suelos menos fértiles, “los cerros de piedras, esos que no sirven para plantar”, allí están restringidos los productores familiares, muchos pastorean dentro de las mismas empresas, eso hoy es un negoción. Es una de las tremendas injusticias, las empresas forestales son subsidiadas, ellos pagan por los empleados que tienen, pero no pagan por la deforestación de la tierra y hacen una doble explotación, son forestales y a la vez nos cobran por el pastoreo en esas tierras, y es un robo el precio, cobran 6 dólares por hectárea libre, en los caminos y los cortafuegos de los montes”, denunció.

Rodríguez como sindicalista contó cuáles eran las condiciones en las empresas forestales antes y durante los 2000: “Nosotros vivimos las primeras etapas de la plantación y la implantación acá en Tacuarembó y Rivera. Sobre todo la etapa en que las grandes empresas forestales empezaron a plantar los campos, pocos años antes y después del 2000 hubo graves problemas en cuanto a las condiciones de trabajo. Si bien las empresas tenían certificación en los productos. Se suponía que deberían cumplir con determinados protocolos de calidad, sociales, laborales, la realidad es que antes del 2005 la gente vivía en carpas de nylon y lona, en el campo, rodeados de agro tóxicos, con alimentación y sueldos lamentables, sumergidos, a partir del 2005 / 2006 se empiezan a hacer las primeras inspecciones a esos predios, siempre ha sido muy cuesta arriba para la organización sindical de la madera, de la cual el sindicato nacional es el SOIMA. Sobre todo para meterle mano a la organización de los montes, primero por una muy fuerte tercerización de servicios, son empresas que sobre todo son contratadas por las empresas madres, y quedan con la responsabilidad de la relación de dependencia. Pero tienen una mecánica de represión y una actitud de tomar represalias cuando los trabajadores quieren ejercer su derecho a nuclear o organizarse. Hasta ahora aquí no existe un núcleo de trabajadores forestales, lo hemos intentado sin éxito. Tienen una mecánica muy fácil de desarmar. Cuando hay más o menos un núcleo formado, en Tranqueras se ha dado el caso, los dispersan en el territorio. Han habido incluso algunos proyectos de fortalecimiento sindical para organizarlos, pero es un debe rural en la rama forestal. Está el otro tema del manejo de los agrotóxicos, los herbicidas, los hormiguicidas, de los fosforados, en las aplicaciones. Hay bastante debilidad en cuanto a la regulación y el control de todo eso, hay perjuicio a la salud de los trabajadores, por la propia dinámica del control de los implementos de seguridad de las empresas. Es un debe tanto el poner a las organizaciones detrás y respaldar para generar organización sindical, como la propia presencia del Estado”.

“Nosotros aquí tuvimos casos de empresas que se terminaron yendo del departamento porque se pudieron coordinar acciones e inspecciones, y se tomaron algunas medidas fuertes, algunas incluso de clausura de los montes”. El sindicalista sentenció que “la tercerización, empuja a la precarización en todos los niveles, en lo laboral y en general en cuanto a las condiciones de trabajo”.

Según Rodríguez la empresa contratante de servicios “aprieta” a la prestadora para que cumpla con las condiciones laborales, “en general las grandes empresas no quieren tener esos problemas, tienen una mentalidad un poco más capitalista pero las empresas criollas nuestras lo que hacen muchas veces es viveza criolla”. Explicó asimismo que los problemas con la organización sindical tienen que ver con la dispersión en el territorio, “por lo general cuando hay cuatro o cinco trabajadores que se quieren reunir, la represalia aparece por parte de la empresa” , contó.

También señaló que existe un problema con las fronteras con Brasil donde hay un problema de soberanía, y donde las empresas brasileñas no vienen a adaptarse a las normas uruguayas, ya que “vienen envalentonados con la flexibilización laboral brasilera”. También expresaron los colonos consultados y el dirigente sindical que en los predios brasileños ellos ponen las reglas y no existe casi inspección ni normas laborales, allí según afirmaron trabajan muchos indocumentados brasileños y no hay garantías ningunas. En esos predios “las organizaciones no entran, el estado no entra, el trabajador está solo y aislado”, señaló el dirigente sindical. “El problema con el trabajador es que si quiere trabajar se tiene que adaptar a las reglas, y si no lo hace se tiene que ir a buscar trabajo a otra parte. Y la gente que vive ahí y tiene que trabajar en la ganadería porque es lo que sabe hacer, en general hace silencio. Y cuando sucede algún hecho muy grave tenemos contacto con los periodistas para que difundan los hechos, ellos siempre nos piden estar seguros de la información porque esta en juego generalmente el trabajo de las personas. Eso es un sistema de subordinación bastante pre capitalista”, señaló Rodríguez.

Otro colono señaló que por otra parte, a raíz de la pérdida de mano de obra que genera la Forestación, “hay oficios que en territorios enteros desaparecieron, por ejemplo los alambradores. Quedan pequeños productores, aislados, rodeados de Forestación, que van a hacer? Te vas”, sentenció. “No podes producir rodeado de Forestación, salen los chanchos jabalí y te comen toda la producción”, reforzó Carlos. “Vivís entre las víboras. Un amigo un día fue y encontró en el patio de la casa cinco cruceras. Un día vendió el del costado, otro día el del otro costado, un día el del fondo: Quedó rodeado. Con dos chiquilinas chicas, ¿qué iba a hacer? Se fue. Te terminan corriendo. Es una política colonial, los tipos se están apoderando del territorio, nos invade una forma de producir. Se te secan los pozos, las plagas te matan los animales… “, se lamentó un colono.

Relatos de trabajadores industriales de la forestación:

Miguel Etcheverría. Trabajador forestal, en la dirección del sindicato de Lumin, parte de Organización Sindical Trabajadores de la Madera (OSTM)

Los cambios son innegables, principalmente por la existencia de los consejos de salario. Ahí se juegan condiciones de trabajo además de los consejos de salario, se pueden conseguir por ejemplo horas de trabajo pagas, de charla en seguridad e higiene, la ropa de trabajo. El consejo de salario es muy importante porque antes no te podías parar frente a un trabajador y reclamar aumento de salario. Había una frase muy conocida aca: “esto es como el cine si no te gusta te vas”. La ley de responsabilidad empresarial hizo abrir los ojos a empresarios que tenían a los trabajadores en en pésimas condiciones de trabajo, hoy hay una tasa mucho menor de accidentes laborales fatales. El decreto 291/294 de seguridad laboral. Michiori del PIT CNT fue un pilar muy importante para mejorar las condiciones de trabajo que teníamos en el dpto. Esos decretos son fundamentales y mejorarlos es un deber.

Ahora hace poco la ley de responsabilidad penal, nosotros tenemos dos compañeros en el vivero trabajando con situaciones de discapacidad. Esto se hizo en conjunto con la empresa. Otra cosa que ha cambiado mucho es el corte de género, si bien la empresa siempre mantuvo una cuota de trabajadoras en la planta donde trabajamos, trabajamos entorno al acoso laboral, eso es algo que no pasaba y es muy positivo e importante. Nosotros trabajamos en una planta industrial y en el vivero que cumple con la mayoría de los requisitos y los problemas que tenemos en general son con los consejos de salarios y problemas menores. No de incumplimiento. Son abiertos además a cambiar y mejorar cosas con los temas de género o discapacidad. Se ha trabajado con el sistema de cuidados y la primera infancia, tenemos un centro llamado Arcoiris de protección y cuidado a los niños en primera infancia, de 45 días a 3 años. Esto lo hicimos en conjunto con las instituciones y la empresa.

En el 2000 pensar en estas cosas era un sueño muy lejano para cualquier trabajador, la realidad marcaba que solamente tenías que comer. Ibas para los campos, no había una empresa como esta hoy. Había muy pocas fuentes laborales en Tacuarembó. Era común una realidad donde vos tenías que ir a vivir 30 días al campo en las peores condiciones laborales, condiciones infrahumanas, muchas veces faltaba la comida, muchas veces no daban los surtidos para las cuadrillas que andaban en los campos. De condiciones laborales ni hablar, con químicos que hoy están prohibidos como glifosato, ciertos venenos para hormigas. Esa realidad hoy no la estamos viviendo pero eso no significa que no exista en algunos lugares, las inspecciones de trabajo no han sido suficientes y no se ha desarrollado. Un cambio institucional en el interior en ese sentido. No te puedo decir que no existen ese tipo de precariedad yo se que se ha mejorado mucho, que los trabajadores hoy están en los cascos de Las estancias, en las estancias tienen baños y otras cosas que antes no había, hoy te llevan en micro, o te llevan y te traen. Antes te llevaban en cualquier camión como ganado. Las condiciones de trabajo cambiaron muchísimo pero falta aún.

Nada quita que las condiciones inhumanas no vuelvan. Las contratistas y las empresas tercerizados es donde más cuesta la parte laboral.

Martín Rodríguez. Martín trabaja en “Praderas del Puma”, se dedican a tareas de detección de incendios en áreas forestadas.

Yo hace 23 años que trabajo en la forestación acá en Tacuarembó, y he visto de todo. En el año 1997, cuando empecé a trabajar en las plantaciones, preparando campos, para la forestación para empresas extranjeras principalmente, era muy diferente a lo que se está viviendo hoy día. Se trabajaba en condiciones de trabajo muy brutas, la gente se quedaba en carpas, tomaba agua de los arrollos, se bañaba en los arrollos, comían mal, la alimentación era muy mala. Siempre recuerdo un lugar que estuve trabajando que se comía carne con gusanos. Con el correr del tiempo se fue regularizando eso. A partir del año 2000 en la mayoría de los lugares se dejó de vivir en carpas, los tractores con zorra que se utilizaban en esa época para el traslado se los fueron sacando, los sueldos fueron mejorando. Del 2000 al 2005 se cayó mucho en lo salarial, las empresas blanquearon, no se trabajaba más en negro, etc.

Si bien las condiciones mejoraron, los salarios siguen siendo bajos, hay muy pocas personas que ganan un buen trabajo en la forestación, digno. Yo tengo un trabajo cómodo, lindo, pero el salario es bajo, tengo todas las condiciones para trabajar bien, en eso no me puedo quejar, pero los salarios siguen siendo muy bajos. Y no pinta que vaya a cambiar mucho, y la verdad es que la forestación en Uruguay ya dió lo que tenía que dar. No creo que haya gente ya, que pueda ganar sueldos buenos trabajando en la forestación.

Recuerdo que allá por el año 2000 yo empecé a trabajar directamente en los campos forestados, a vivir dentro. Y cierta gente, los supervisores y encargados de las empresas extranjeras, sobre el tema de los sindicatos nos decían que en estas empresas nunca iban a permitir que hubiera sindicatos, se reían y decían que sindicato acá no iba a ver nunca. Yo siempre fui un poco rebelde y les decía “por más extranjera que sea la empresa (yo en ese momento trabajaba en esta empresa que era norteamericana) por más que no quieran los sindicatos son legales, prohibirlos no los pueden prohibir, no se como se va a hacer pero en un momento se van a empezar a formar. De hecho hoy ya hay varios sindicatos funcionando en el tema de la forestación, en la madera, de trabajadores de diferentes plantas industriales, no tan así como la gente que trabaja en el campo, no hemos logrado allí aún formar sindicatos. Es muy muy difícil.

Nosotros trabajamos para varias empresas en la detección de incendios. Estas empresas son: empresa Fimsa, nacional, de Rivera, tiene poco campo en Tacuarembó pero tiene, Cofusa, Forestal Oriental, que es parte de campo de UPM, Cambium Forestal que es una empresa chilena, administradora de propiedades, Lumin, empresa brasileña hoy en día, Agro empresa, otra empresa de propiedades, que los campos que tienen estas empresas no se sabe ni de quien son, son todos inversionistas extranjeros, hay otra empresa chilena que antes era CONOSUR, pero ahora no se sabe quien la maneja. Esas son las que están operando, todas empresas extranjeras, menos Cofusa y Finsa, Finsa. COFUSA es de la flia Otegui q también son accionistas de UPM.

De las personas que trabajamos en el campo, nuestro principal reclamo son los sueldos, no mucho más. Hoy día a los empleados de la Forestación se nos brinda ropa adecuada, vehículos para trasladarse, las horas se cumplen bien, esas cosas han mejorado. Nuestros sueldos no llegan ni a los 20 mil pesos, que hoy en día es un sueldo bajo. Pero el resto es bueno, las empresas brindan agua caliente, agua potable, buenas camas, buena comida. Está bastante controlado eso.

Problemas y discusiones de la extranjerización y las condiciones laborales

Los oficios tradicionales como los esquiladores o los alambradores se ven afectados por la forestación. Algunos positivamente porque se redujo la cantidad de trabajadores que ofrecen el servicio y aumento la demanda, por lo tanto perciben más salarios. O negativamente porque se vieron obligados a abandonar el campo por la forestación para emplearse en la ciudad. Causas del abandono: Forestación cerca su predio, se llena de plagas que antes no había, sus vecinos venden sus predios y quedan solos aislados en el medio rural, venden su predio porque es redituable y consiguen un trabajo estable y abandonan el trabajo como productores independientes etc.

Productores ganaderos familiares se han visto perjudicados en su trabajo independiente por la forestación y la inversión extranjera directa. El precio de la tierra ha aumentado exponencialmente los últimos 20 años lo que hace difícil la compra y el arrendamiento. La opción más económica para mantener al ganado es el pastoreo, dentro de los predios forestales. Esto a su vez trae mayores gastos de remedios para el combate de plagas y más tiempo de trabajo debido a la extensión de los límites del predio forestal.

Resulta de las entrevistas que la extranjerización no es un asunto o un problema homogéneo, en torno a lo que comprende el estudio de este trabajo, sobre las relaciones laborales. En primer lugar no es lo mismo el trabajo, en un predio agrícola extranjero que en un predio industrial extranjerizado. En el espacio agrícola los trabajadores sindicalizados han manifestado dificultades para la organización debido a múltiples factores, los más importantes son: la dispersión y las empresas tercerizadas. Sobre todo, no es lo mismo un extranjero que otro. Se constata según los entrevistados que las empresas de países más desarrollados tienden a cuidar su imagen y buscan cumplir con los requerimientos legales y laborales del país. Sin embargo la presencia de empresas y negocios familiares brasileros en la región, trabajan con personal indocumentado de su país de origen, y tienden a no respetar las reglas del país. Además, estos brasileros, muchas veces son dueños de extensiones de tierra de un lado y otro de ambos países, lo que, unido a la falta de fajas fronterizas por parte de Uruguay, genera una pérdida de soberanía en la frontera. Esto trae muchas complicaciones, como el contrabando de maquinaria, cabezas de ganado, etc. Y para los trabajadores, sumado a su dispersión una desprotección muy grande debido al aislamiento y la proximidad fronteriza.

Pocos trabajadores bien equipados en condiciones laborales dignas debido a un aumento de la tecnología y a requerimientos de certificación o más trabajadores menos remunerados y en condiciones laborales más precarias sobre todo en cuanto a la tecnología para la tarea forestal.

(*) “Extranjerización de la tierra e impacto en las relaciones laborales en el Norte del departamento de Tacuarembó fue una investigación financiada por el programa PAIE de CSIC realizada por Camila Fernández, estudiante de la Lic. en Geografía de la Facultad de Ciencias y Verónica Pellejero, Lic. en Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación, entre el 2018 y 2020. Este es un resumen de corte periodístico de dicho trabajo. El proyecto contó con el apoyo del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT.