El pensamiento del Che

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Las ideas de Ernesto Che Guevara ocupan 9 tomos de sus obras escogidas, cientos de intervenciones y artículos de prensa. En esta edición homenaje incorporamos tres reflexiones que no son muy tenidas en cuenta, cuando no son directamente omitidas, sobre el partido marxista leninista, el marxismo y la condición de joven comunista.

El Partido

“Este pequeño libro está destinado a los militantes del partido, en el amplio y riquísimo acervo de las ideas marxistas-leninistas. La elección de los temas es simple y efectiva. Se trata de un capítulo del Manual de Marxismo-Leninismo de Otto V. Kuusinin y de una serie de discursos de Fidel Castro. La selección es buena porque en el capítulo del Manual de Marxismo-Leninismo se sintetiza la experiencia de los partidos hermanos y se da un esquema general de lo que debe ser y cómo debe actuar un partido marxista-leninista, y en la sucesión de los discursos del compañero Fidel se ve desfilar la historia política de nuestro país, a través de las palabras en algunos casos autobiográficas del dirigente de la revolución.

Las dos cosas están íntimamente ligadas, la teoría general como expresión de las experiencias del Partido Comunista de la Unión Soviética y de los partidos marxistas-leninistas de toda la humanidad y la aplicación práctica de estas ideas generales a nuestras especiales características.

(…)

Si el partido marxista-leninista es capaz de prever las etapas históricas a sobrevenir y es capaz de convertirse en bandera y vanguardia de un pueblo aún antes de haber liquidado la etapa de la liberación nacional -tratándose de nuestros países colonizados- entonces ese partido habrá cumplido una doble misión histórica y podrá afrontar las tareas de construcción del socialismo con más fuerza, con más prestigio entre las masas. (El Partido marxista-leninista, 1963)

El Che y el marxismo

“Incidentalmente, aquí hay que introducir una postura general frente a uno de los más controvertidos términos del mundo actual: el marxismo. Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es un “pasteuriano”. Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que es difícil discutirlas. Se debe ser marxista con la misma naturalidad que se es newtoniano en física, o pasteuriano en biología, considerando que, si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado. (…) A Marx, como pensador, como investigador de las doctrinas sociales y del sistema capitalista que le tocó vivir, puede evidentemente, objetársele ciertas incorrecciones. Nosotros, los latinoamericanos, podemos, por ejemplo, no estar de acuerdo con su interpretación de Bolívar o con el análisis que hicieran Engels y él de los mejicanos. (…) Es por ello que reconocemos las verdades esenciales del marxismo como incorporadas al acervo cultural y científico de los pueblos y lo tomamos con la naturalidad que nos da algo que ya no necesita discusión. Los avances en la ciencia social y política, como en otros campos, pertenecen a un largo proceso histórico cuyos eslabones se encadenan, se suman, se aglutinan y se perfeccionan constantemente. (…)

Así en el campo de las ciencias sociales y políticas, desde Demócrito hasta Marx, una larga serie de pensadores fueron agregando sus investigaciones originales y acumulando un cuerpo de experiencias y doctrinas. El mérito de Marx es que produce de pronto en la historia del pensamiento social un cambio cualitativo; interpreta la historia, comprende su dinámica, prevé el futuro, pero, además, de preverlo, donde acabaría su obligación científica, expresa un concepto revolucionario: no sólo hay que interpretar la naturaleza, es preciso transformarla. El hombre deja de ser esclavo y se convierte en arquitecto de su propio destino. En este momento, Marx empieza a colocarse en una situación tal, que se constituye en el blanco obligado de todos los que tienen interés especial en mantener lo viejo, como antes le pasara a Demócrito, cuya obra fue quemada por el propio Platón y sus discípulos, ideólogos de la aristocracia esclavista ateniense.
(Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana, 1960)

Qué debe ser un joven comunista

“Yo creo que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista, es el honor de ser joven comunista. Ese honor que lleva a mostrar ante todo el mundo su condición de joven comunista. (…) Junto a eso, un gran sentido del deber hacia la sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos y con todos los hombres del mundo. (…) Al lado de eso, una gran sensibilidad frente a la injusticia. Espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quién lo haya dicho. Plantearse todo lo que no se entienda. Discutir y pedir aclaración de lo que no está claro. (…) Junto a eso, un gran espíritu de sacrificio, un espíritu de sacrificio no solamente para las jornadas heroicas, sino para todo momento, sacrificarse para ayudar al compañero en las pequeñas tareas y pueda así cumplir con su deber en el colegio, en el estudio, para que pueda mejorar de cualquier manera. (…) Es decir: se plante a todo joven comunista ser esencialmente humano, purificar lo mejor del hombre por medio del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo, desarrollar al máximo la sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo, y para sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad. (…) Eso es lo que nosotros pensamos que debe ser un joven comunista. Y si se nos dijera que somos casi unos románticos, que somos unos idealistas inveterados, que estamos pensando en cosas imposibles, y que no se puede lograr de la masa de un pueblo el que sea casi un arquetipo humano, nosotros tenemos que contestar, una y mil veces que sí, que sí se puede, que estamos en lo cierto, que todo el pueblo puede ir avanzando, ir liquidando las pequeñeces humanas. (…) Tiene que ser así, y así será, compañeros. Será así, porque ustedes son jóvenes comunistas, seres humanos destinados a vivir en un mundo nuevo de donde habrá desaparecido definitivamente todo lo caduco, todo lo viejo, todo lo que represente la sociedad cuyas bases acaban de ser destruidas. (…) Para alcanzar eso hay que trabajar todos los días. Trabajar en el sentido interno de perfeccionamiento, de aumento de los conocimientos, de aumento de la comprensión del mundo que nos rodea. Inquirir y averiguar y conocer bien el porqué de las cosas y plantearse siempre los grandes problemas de la humanidad como propios. Así, en un momento dado, en un día cualquiera de los años que vienen -después de pasar muchos sacrificios, sí, después de habernos visto quizás muchas veces al borde de la destrucción- después de asistir a la matanza de muchos de nosotros y de reconstruir lo que sea destruido, al fin de todo esto, un día cualquiera, casi sin darnos cuenta, habremos creado, junto con los otros pueblos del mundo, la sociedad comunista, nuestro ideal”.

(Discurso en el segundo aniversario de la UJC de Cuba, 20 de octubre de 1962)