En Estados Unidos hay racismo, ¿y en casa?

Racismo en Uruguay un problema invisibilizado.
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Por Verónica Pellejero

En 2018 el artista uruguayo Fernando Fraga decidió hacer un afiche para la fiesta de la 33° Patria Gaucha donde se muestra a una mujer negra, una esclava, amamantando a un bebé blanco.

La bella nana de leche mira dulcemente, casi con placer, al bebé de su ama que amamanta. Varios colectivos que luchan por los derechos de las personas afrodescendientes se mostraron molestos con la representación, el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) llamó a reflexionar y a “utilizar imágenes inclusivas”, en tanto la Intendencia de Tacuarembó y el artista negaron que la intención fuera “racista”.

Se generó un debate público sobre la romantización del racismo en nuestro país y las implicancias verdaderas de que las mujeres negras debieran dejar de amamantar a sus hijos para hacerlo con los de sus amas, contando historias tan tristes como que sus antepasadas a veces veían morir a sus propios hijos para darle leche a los niños blancos, que eran mejores y más importantes para la sociedad uruguaya esclavista.

Montevideo Portal hizo una encuesta en ese entonces sobre si al público lector le parecía racista o no el afiche, a lo que un 62% le pareció que no lo era. Antes aún, en 2012, a Tania Ramírez, una mujer activista afro, cinco mujeres le partieron el hígado a patadas a la salida de un boliche, ¿la razón?: su color de piel y su pelo. Cabe preguntarse entonces (cómo este semanario lo hizo con algunos militantes afrodescendientes) en medio de las movilizaciones y protestas mundiales contra el racismo en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd, ¿En casa cómo andamos?, ¿Por qué los uruguayos niegan el racismo?

“Hoy la existencia del racismo en Uruguay es fácilmente comprobable a través de los distintos indicadores socioeconómicos que dan cuenta de la desventaja histórica y estructural de la población afro comparativamente con los que no lo son, no es algo subjetivo, es chequeable, hay mayor pobreza, menos escolarización y precariedad laboral”, dijo a EL POPULAR Martín Rorra de las Juventudes Afro.

En 2017 se creó la Secretaría de Equidad racial y Poblaciones Migrantes en la órbita del MIDES. En el 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó Decenio Internacional de los Afrodescendientes el período 2015-2024. Fue en este marco que Uruguay creó el Plan Nacional de Equidad Racial y Afrodescendencia. En este se planteaba que las políticas del Estado uruguayo deben ser “sensibles a las diferencias y desigualdades étnico-raciales que sufre esta población a menudo subestimada como minoritaria, cuando representa la minoría racial de mayor peso en el país, alcanzando un 8,1% del total poblacional (de este porcentaje el 59,3% indica que la afrodescendencia es su principal ascendencia racial)”. Esto sin contar la inmigración afro centroaméricana y caribeña que ingresó al país en los últimos años, donde no hay información sobre origen étnico. Datos del Instituto Nacional de Estadística muestran que la incidencia de la pobreza en la población afro es 10% superior que entre las personas blancas. De manera general el documento señala que “si bien son múltiples los factores que inciden en la reproducción de la desigualdad” en los hogares de personas afrodescendientes “esta reproducción tiene también un componente intergeneracional, es decir que la desigualdad y la pobreza se transmiten de una generación a otra”.

“En el censo de 2011 fue la primera vez que se les preguntó a las personas por su origen étnico y fue determinante para identificar distintas realidades y evidenciar un problema que hasta hoy en día muchos ignoran o niegan”, mencionó Rorra. Explicó que desde Juventud Afro enfrentan cotidianamente “situaciones violentas” que los obligan a tomar decisiones que los afectan a lo largo de la trayectoria de su vida, como la deserción de los centros educativos donde “juega un componente social como las burlas, las estigmatizaciones constantes que desestimulan la participación”.

Para Rorra otro capítulo del racismo en Uruguay es la “criminalización de las juventudes negras, por eso consideramos necesario desde jóvenes afro sumarnos a la campaña del no a la reforma”, señaló, ya que consideran que “ser joven y afro hoy es el clásico modelo de apariencia delictiva a los ojos de instituciones y de muchas personas que siguen cruzándose de vereda o agarrándose la cartera cuando nos ven en la calle”, planteó.

La visibilización del racismo es una de las grandes luchas de las organizaciones y movimientos sociales afro. Para Rorra reconocer la existencia del racismo es el primer paso para combatirlo, “porque si no parece que estamos hablando con un fantasma invisible a los ojos de otras personas”, expresó. Cree que uno de los motivos es la construcción de un relato nacional que jerarquizó en la identidad nacional la inmigración de europeos y la idea de la “Suiza de América” y esos relatos borraron el aporte de la población afrodescendiente.

El militante afro cree que existe “una visión romántica de la esclavización en Uruguay”, donde se cree que aquí fue menos violenta o duró poco tiempo. Sin embargo subrayó que “negar lo traumático de la trata esclavista para los negros y negras que fueron arrancados de África, es también negar la base de un problema, porque desde allí parten las estigmatizaciones y los estereotipos que se mantienen hasta nuestros días como elementos del racismo” y agregó que en la conmoción mundial por el asesinato de George Floyd, uno de los problemas también es la “extranjerización del racismo, pensar: “eso sucede allá”, como si acá no sucediera, y mantenernos al margen y ajenos al problema”.

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“Se dice que el racismo no existe pero hay, se ve en las escuelas, en los liceos, en los trabajos”, aseguró Míriam Ramos de Grupo Ansina y Emprendedoras Afro de Tacuarembó. Ramos resaltó el hecho de que el patriarcado para las mujeres negras es especialmente duro de sobrellevar. En Tacuarembó “hay pocas mujeres negras trabajando en puestos importantes, las muchachas se presentan a un trabajo y a veces las toman por ser del 8% de la cuota o no las toman”, puntualizó. Explicó que se presentan a los trabajos “mujeres negras con estudios” y toman a mujeres blancas por la “buena presencia”. La militante dijo que la han llamado personas que en el espacio laboral no saben donde ir a presentar las quejas por racismo y han presentado denuncias en los espacios laborales pero hasta ahora “están encajonadas y no han salido a la luz”.

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Para Alicia Esquivel doctora y presidenta de la organización de Universitarias/os, Técnicas/os e Investigadoras/es Afro-Uruguayas/os (UAFRO), la idea nacional de que “venimos de los barcos”, niega e invisibiliza otros grupos que conforman la sociedad uruguaya como los descendientes de poblaciones originarias y las personas afrodescendientes. En este sentido resulta interesante leer el trabajo de Nicolás Guigou “La Nación Laica, religión civil y mito praxis en Uruguay”, donde expone cómo se educaba en racismo en las escuelas a fines del siglo XIX y principios del XX y el lugar de cada grupo (criollos, indígenas, europeos y afros) en Uruguay. En ese texto se pueden conocer los desorbitantes ejemplos pedagógicos racistas en las escuelas.

Para Esquivel así se generó en nuestro país “el mito de la excepcionalidad uruguaya del país integrado, del bienestar sin segregación” donde se “negó la discriminación racial, creando estereotipos y prejuicios que aún se conservan”. La doctora Esquivel señaló que la sociedad civil organizada “luchó para exponer que en Uruguay existía discriminación racial y que esta incidía en las oportunidades y la vida de las personas afro”.

Para Esquivel fue en las “administraciones frenteamplistas” donde más se avanzó en reconocimiento y derechos, promoviendo “mecanismos de equidad racial y generando leyes de protección como la Ley 19.122 de acciones positivas en educación y trabajo para la población afro”. La militante indicó además que el racismo y la discriminación tienen múltiples formas “se metamorfosean, cuando en un empleo piden buena presencia ¿a qué se refieren?”, se preguntó.