España: Importante avance en Galicia

Duarte Correa Piñeiro (*)

El 18 de febrero se celebraron las elecciones al Parlamento Gallego, consiguiendo el Bloque Nacionalista Gallego (BNG) unos resultados históricos, que consolidan al soberanismo como la alternativa a una derecha española que lleva gobernando Galicia, casi de forma interrumpida, desde la dictadura franquista. El BNG obtuvo 467.074 votos (un 31,57%) y aumentó en 6 sus diputadas y diputados, consiguiendo 25 de los 75 que conforman el Parlamento.

Si cuantitativamente los resultados son importantes, más lo son cualitativamente, siendo el BNG la única fuerza política que avanzó; el Partido Popular perdió 2 escaños, quedando en 40; y el PSOE 5, quedando en 9. Ha entrado una fuerza populista de derecha con 1 diputado, pero el Parlamento de Galicia es el único del estado español en el que la extrema derecha de VOX no cuenta con representación.

La satisfacción por nuestro avance no nos lleva a olvidar que seguirá gobernando el Partido Popular, con mayoría absoluta aunque acuse un desgaste. El PP tiene una gran presencia social y en la campaña puso a funcionar su gran estructura de tela de araña, creada durante décadas de actuación gubernamental; un gobierno que usa de forma partidista los recursos públicos, para comprar votos por medio de las concesión de bonos y ayudas económicas. Con la práctica totalidad del panorama mediático dependiente de las subvenciones, y que actúa como altavoz de la derecha, atacando al BNG. Pero el nivel de suciedad de la campaña, muy superior a cualquiera anterior, y el desembarco durante la misma en nuestro país de todos los dirigentes del PP a nivel estatal, denotan que tenían datos de que el ascenso del BNG era un peligro real.

Los resultados no son fruto ni de la casualidad ni del marketing electoral; se deben a una confluencia de diversos elementos, entre ellos la positiva valoración de la candidata a la presidencia, Ana Pontón, con un gran trabajo al frente de un grupo parlamentario, que ha combinado en estos años la oposición a las políticas neoliberales de degradación de servicios públicos y eliminación de derechos, con la presentación de propuestas para poner en valor el país. Un país que la derecha, siguiendo las directrices de la Unión Europea, quiere reducir a la generación de energía y materias primas para exportar, y a la ubicación de industrias de enclave. 

Al labor parlamentario se ha unido una gran campaña electoral que consiguió levantar la esperanza en amplios segmentos hasta ahora reticentes al soberanismo, y que vieron en el BNG y en nuestra candidata, la posibilidad de transformar el país en función de los intereses de las mayorías sociales. Transformación que, para poder mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo, pasa por el desarrollo de las potencialidades pesqueras, agrícola-ganaderas y energéticas, vinculándolas con las industrias de transformación y la innovación. 

Todo ello no habría sido posible sin una trayectoria de trabajo político y social, de un movimiento soberanista y de izquierda, que no es una coalición electoral para gestionar mejor el sistema. El BNG es un frente político, en el que trabajan día a día miles de militantes independientes, distintos colectivos organizados en su interior y la militancia comunista de la Unión del Pueblo Galego-UPG. Guiándose por unos principios aprobados en su asamblea fundacional en 1982, y vigentes en la actualidad; buscando dar respuesta a la dependencia económica, opresión cultural y política;  defendiendo el derecho de autodeterminación y el ejercicio de la soberanía nacional de Galicia; la democracia y los intereses de las clases populares. La defensa de un modelo social que promueva un desarrollo socio-económico autocentrado, y a favor del bienestar de todo el pueblo. En el ámbito de las relaciones internacionales defiende la solidaridad entre los pueblos, la no injerencia, el anti-imperialismo, la paz y el desarme. En lo organizativo es un frente asambleario que parte de que sus objetivos solo se podrán conseguir por medio de la auto-organización política y social del pueblo gallego.

En esa trayectoria han sido fundamentales la confianza en nuestro pueblo y la convicción de que las elecciones son un instrumento; conscientes de que de poco sirven los resultados electorales si no llevan aparejados la creación de tejido social y el trabajo ideológico, para poder disputar la hegemonía. Prueba de la volatilidad de lo electoral la tuvimos hace no tantos años, con el auge de la llamada izquierda rupturista española que iba a asaltar los cielos. En Galicia subió como la espuma, y consiguió importantes apoyos electorales; pero ha desaparecido, pues su actuación era exclusivamente institucional, situaba a Galicia en una posición subalterna y actuaba en función de los intereses del  españolismo. En aquella etapa muchos dieron por muerto al BNG, acusado de defender un modelo de militancia y de actuación política que consideraban caduco, y pasado de moda.

Fue un largo camino por el desierto, con un fuerte debate ideológico, que en la Asamblea Nacional del BNG en 2012 provocó una ruptura. Pero hoy vemos como la opción defendida en aquel momento por la UPG y la mayoría de la militancia independiente, de auto-organización en todos los ámbitos, combinando trabajo social, sindical y de masas con trabajo institucional, era correcta para crear conciencia nacional, y eficaz para poder resistir en los momentos difíciles y avanzar electoralmente. 

El trabajo de militantes y simpatizantes en el territorio y en los conflictos sociales; la fuerza entre la clase trabajadora y la capacidad de movilización de la Confederación Intersindical Galega-CIG, primera central sindical en número de miembros y en representantes en las empresas; el aumento en número de concejales y en alcaldías en los municipios; la recuperación de la presencia del BNG en el Parlamento español desde 2019, que permite visualizar de nuevo la existencia de las tres realidades nacionales, Cataluña, Galicia y Euskal-Herría; ir contra la corriente dominante en política internacional, denunciando lo que hay detrás de la guerra en Ucrania y el genocidio del pueblo palestino. Todos los elementos suman y asientan la presencia social del soberanismo.

Los resultados del 18 de febrero permiten afrontar nuevos retos, con la vista puesta en consolidar ese gran apoyo electoral, aprovechar la ilusión generada en una parte de nuestra sociedad para organizar a los sectores más conscientes, alimentando, fortaleciendo y rejuveneciendo las organizaciones del movimiento soberanista y ampliando su influencia. Desarrollando una labor pedagógica constante sobre la necesidad de sumar fuerzas en la calle y en las instituciones alrededor de un programa alternativo, forzando el marco existente hasta romperlo, para que la gente sea consciente de que el marco impide aplicar las medidas necesarias, para mejorar las condiciones de vida de las clases populares, partiendo de los inmensas potencialidades que tiene Galicia.

(*) Secretario de Relaciones Internacionales de la Unión del Pueblo Galego-UPG.

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