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Fidel y Maradona

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Leyendas que son banderas de rebeldía latinoamericana y caribeña.

Por Rony Corbo.

Un 25 de noviembre hace cuatro años los revolucionarios de todo el mundo llorábamos con el pueblo de Cuba por la despedida física de Fidel, sin dudas uno de los políticos más importantes del siglo XX.

Para los revolucionarios latinoamericanos y caribeños el más importante, quien con un puñado de hombres en un viejo yate triunfó con la revolución cubana en las narices mismas del imperialismo norteamericano, para dignificar al autor intelectual de la Revolución, José Martí, con la generación del centenario.
Este 25 de noviembre de 2020 nos conmocionamos al enterarnos de la muerte de otro grande, del futbol, pero también de la política: Diego Armando Maradona; que con su zurda mágica nos hizo delirar en una cancha y a partir de ayer se transformó en leyenda del fútbol mundial, no solo para los argentinos sino para los latinoamericanos y caribeños.
Fidel y Diego eran muy amigos. Tanto que el astro argentino decía que era su segundo padre. Maradona llevaba tatuado en el hombro al Che Guevara y en su mágica zurda que enloqueció al mundo a Fidel
La astucia de la historia quiso que ambos partieran el mismo día para fundirse en un abrazo eterno de rebeldía con el Che y Hugo Chavez, que encabezara la emancipación de nuestros pueblos hacia su segunda y definitiva independencia.

Cabalgando con Fidel

Como se hizo tradición cada 25 de noviembre, los jóvenes universitarios de la FEU de Cuba y de Fidel se juntaron en la escalinata de la Universidad de La Habana. Anoche miles de ellos, con los protocolos de seguridad por el coronavirus junto con las autoridades cubanas, recordaron al invicto comandante.
Un momento emocionante fue cuando el trovador cubano Juan Torres cantó acompañado de todos, “Cabalgando con Fidel”, que a esta altura es un himno. En la fría noche habanera sonó bien fuerte “Hoy no quiero decirte, Comandante, ni barbudo, ni gigante todo lo que se de ti. Hoy quiero gritarte «padre mío», no te sueltes de mi mano, aún no sé andar bien sin ti”.
“En estos tiempos complejos, cargados de importantes desafíos, acudimos a Fidel y nos nutrimos de sus sabias reflexiones y de su obra cargada de sueños y empeños”, dijo José Ángel Fernández Castañeda, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. «De él sacamos la fuerza para salir adelante».

Hasta siempre Diego

Más al sur del Rio Bravo, en Buenos Aires, los argentinos y el mundo entero lloran la partida de Diego Armando Maradona. El «genio del fútbol mundial», como lo bautizara Víctor Hugo Morales, quien nos dejó ayer físicamente ayer para convertirse en leyenda.
Millones de argentinos se volcaron a las calles a despedir al “pide de oro” nacido en la humilde “Villa Fiorito” que es ahora mito de los argentinos y los latinoamericanos y caribeños.
En la noche la vigilia fue impresionante. Desde que el presidente argentino Aníbal Fernández decretó tres días de duelo nacional en Argentina, y se supo que Diego sería velado en la Casa Rosada, el pueblo argentino se volcó a la Plaza de Mayo. Ni siquiera la pandemia del coronavirus pudo detener la impresionante marea humana que fue a despedir al Pelusa
Una multitud impresionante de más de un millón de personas están haciendo fila en los alrededores de la Casa de Gobierno argentina para despedir a su hijo pródigo, el que ganó casi solo un mundial, el que le hizo a los ingleses el mejor gol de la historia del futbol mundial y por si fuera poco, otro con la mano para saludar los muertos de los ingleses en la guerra de Malvinas. No ganó un segundo porque Edgardo Codesal cobró un penal inexistente en la final de Italia 90, y si lo dejan les gana el mundial en Estados Unidos 94, les levanta la copa a los yanquis en su casa y se la dedica a Cuba y a Fidel. Claro, los poderes del fútbol mundial, el imperialismo y la corrupta FIFA de Blatter no lo podían permitir y con la traición de Grondona “le cortaron las piernas” y lo sacaron del mundial.
Por eso Diego Maradona es en sí un resumen del mismo pueblo argentino, el sufrido, el trabajador, el de pocas alegrías, que veía en su “Dios” la posibilidad de la felicidad tantas veces negada. Por eso son los más excluidos, los más pobres, los de alpargata, los primeros en llegar para despedir a uno de ellos, porque así lo sienten, como síntesis popular de la identidad argentina.
A partir de ahora se fortalecerá el mito y nacerá la leyenda. De nosotros depende llevarla para el lado no solo del fútbol sino del pensamiento político de Maradona, de la independencia y autodeterminación de las patrias latinoamericanas y caribeñas que tanto amó.

Fidel y Maradona en Cuba

Corría el año 2000 cuando nos encontrábamos organizando el XII Congreso Latinoamericano y Caribeño de Estudiantes de la OCLAE en Cuba y llego por invitación de Fidel, Diego Armando Maradona, que se alojó en el centro de rehabilitación La Pradera y posteriormente muy cerca de donde estábamos nosotros (más exactamente tres cuadras). Más de una vez lo vimos a Diego y le gritábamos “Olé, Olé, Olé, Diego, Diego”.
Pero lo más llamativo era que en horas de la noche veíamos pasar algunos autos negros y seguir hacia donde estaba Maradona. Era Fidel que personalmente iba acompañando la evolución del tratamiento de Diego.
Eran los años de la batalla de ideas en las que Fidel lideró una generación de jóvenes cubanos en la nuevas batallas de los nuevos tiempos. Maradona participaba de distintas actividades y de las marchas antiimperialistas junto al invicto comandante
Una tarde al lado de Fidel y Diego luego de una actividad, Fidel ante una decena de periodistas dijo: “Yo también jugué al fútbol, era puntero derecho. Creo que fue la única vez que jugué por la derecha en mi vida” ante la risa de todos los presentes.
Como afirmó Lula ayer, Maradona no fue solo un futbolista, también fue un político latinoamericano en apoyo a todos los procesos emancipadores. Fue amigo de Chávez y de Maduro, de Evo, de Correa, de Néstor y de Cristina y apoyaba la causa de la liberación de los pueblos.
Por eso cada 25 de noviembre recordaremos que El Caballo y el Pelusa viven en la lucha continental antimperialista, camino a la construcción de la patria grande soberana porque como decía Eduardo Galeano los ídolos no mueren porque “se transforman en banderas”.

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