“Fleabag” auténtica, graciosa y dolorosa: la serie inglesa que rompe la cuarta pared y te deja las chapas

"Tengo el horrible sentimiento de que soy una mujer pervertida, avariciosa, egoísta, apática, cínica, depravada y moralmente corrompida que no podría siquiera autodenominarse como feminista”
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Por Verónica Pellejero

Fleabag es una serie de comedia dramática, la mejor de los últimos años. Los personajes femeninos no son construidos a partir estereotipos o percepciones masculinas, como vemos en muchas películas y series dirigidas y guionadas por hombres o por mujeres que buscan colmar a la crítica, son auténticos, son construidos inteligentemente y sin esa estúpida necesidad de llenar expectativas ajenas. La protagonista está en crisis, se masturba y mira porno, es obsesiva, siente culpa, a veces hace cosas que no quiere, sin pensar, o coge con gente que no le gusta y se odia a sí misma por eso, está en conflicto con su padre y tiene una relación pasiva agresiva con su madrastra, cree que no es lo suficientemente feminista porque se preocupa de su cuerpo, su negocio está quebrado, la relación con su novio es intermitente y su hermana es una exitosa empresaria que presume de su vida aunque también está rota; el personaje no tiene nombre y mira permanentemente a la cámara haciéndonos cómplices de sus pensamientos, juicios y acciones, lo que aumenta la empatía que sentimos hacia ella. Los hombres tampoco no son prototipos acartonados, hay de todo, alcohólicos, obsesivos, hipersensibles, narcisistas, la vida misma.

La guionista y protagonista de Fleabag es Phoebe Waller-Bridge quien brilló por su actuación, creatividad como escritora (arrasó en los Emmy), así como por la perfección argumental de la historia: esta no solo tiene una gran dosis del maravilloso humor inglés, absurdo, irónico y oscuro sino que además es perfecta narrativamente. La producción de Amazon Prime en conjunto con BBC fue primero un monólogo de 12 minutos, luego uno de una hora, hasta que le propusieron a Waller-Bridge crear un episodio piloto. Hoy cuenta con dos temporadas, que suman doce episodios de veinte minutos. Sin embargo, el rastro teatral lejos de ser “borrado” para adaptarse al lenguaje audiovisual, es acentuado, rescatando dos elementos fundamentales de este arte milenario, uno, quizás el más evidente es la ruptura de la cuarta pared, pero a través de eso el método de extrañamiento brechtiano.

 

La cuarta pared es la línea imaginaria que separa el proscenio del público, las otras tres son las que delimita el escenario: la izquierda, la derecha y el fondo. Se supone que ese “velo” que constituye la cuarta pared debe convertirse en un espejo para el actor, este debe olvidar el público y a través de la concentración alcanzar lo que Konstantin Stanislavski (Teatro de Arte de Moscú) denominó “soledad en público”. Romper la cuarta pared, es algo sobre lo que se ha teorizado mucho, tiene como antecedente el monólogo de Hamlet de Shakespeare, ya que se distancia de su personaje para decir en voz alta sus pensamientos y sentimientos; en el cine y el teatro se acepta, que es cuando el público pasa de ser mero espectador a participante de la obra. En el cine y la televisión la cuarta pared es la cámara y el equipo técnico. Se rompe la cuarta pared cuando se mira directamente a la cámara o se habla al público haciéndolo cómplice. El extrañamiento de Bertolt Brecht (Verfremdungseffekt) por otra parte, implica la necesidad de lograr que el espectador viva un distanciamiento de la obra para poder reflexionar críticamente sobre la misma, en el teatro experimental de Brecht empleaban recursos como hablar directamente al público o mostrar carteles donde anunciaban lo que iba a pasar.

 

Estos recursos originarios del teatro son utilizados de manera ejemplar por la serie Fleabag, donde precisamente la protagonista no solo rompe la cuarta pared, la pantalla que nos separa de su actuación, sino que habitualmente se está adelantando a lo que los personajes van a decir a continuación, entabla un vínculo directo donde nosotros nos volvemos su amiga, su confidente, su cómplice. Es increíble lo que logra.

Pero lo interesante es que este vínculo es tóxico, recuerda especialmente a Twitter, a esa necesidad, esa costumbre de narrar la vida propia a la masa, en vez de ser protagonistas de nuestra existencia. Se trata de un escape, cuando nos burlamos de los demás o exponemos nuestras intimidades más profundas vanalizándolas en las redes sociales, tratando con humor e ironía nuestras miserias, ese mundo de hoy, donde tenemos cientos o miles de espectadores silenciosos y sin embargo estamos más solas que nunca, llenas de ansiedad extrañadas de la vida que vivimos como si fuéramos narradoras y no las personas que habitan la piel. Eso expone Fleabag, aunque quizás nos demos cuenta sobre el final de la serie, nosotros los espectadores cómplices somos parte del problema, esa necesidad de contarlo todo a la cámara.

Otra dimensión que la serie explora de forma crítica es la hipersexualización de las relaciones sexo-afectivas en la contemporaneidad, la mecánica del sexo, como escape del temor al involucramiento, ese miedo a poner el amor que tenemos para dar en otro, de sentirnos vulnerables. También en la segunda temporada (minispoiler) uno de los personajes empieza a darse cuenta que la protagonista cuando nos habla se va a otro lugar, y por esta razón también entendemos que esta complicidad con el público implica un alejamiento, una distracción de la escena, de la historia de la protagonista, aunque nadie parece notarlo porque no le prestan verdadera atención, no es exagerado suponer que también se trata un poco de eso la serie: el narcisismo que evita la conexión real con el otro e incluso con una misma.

Fleabag de forma aguda e insistente construye una crítica al feminismo: ¿En qué nos hemos convertido? Se pregunta. Expone las contradicciones, las obsesiones y las miserias del personaje con el que muchas se sentirán enteramente identificadas. La sensación de sentirse “malas feministas” por querer tener el cuerpo ideal, los muslos más delgados o las tetas más grandes, las relaciones tóxicas normalizadas, el miedo a la soledad, el desamor, la competencia entre mujeres, sentirse un desastre. Esta fue una reseña sin spoilers, pero en la serie hay además símbolos y recursos narrativos impresionantes. Veánla, se van a reír y llorar, la van a amar y recomendar.