¡Jallalla (1) Bolivia!

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Por Carlos Flanagan*

Ayer domingo finalmente y pese a todo, se celebraron las elecciones nacionales en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Podemos definir al período que va desde el golpe de Estado del 10 de noviembre pasado -disfrazado de “renuncia” de Evo Morales y toda su plana mayor al gobierno- hasta hoy, como el de la resistencia del pueblo boliviano.

El largo proceso de desestabilización previo y el propio “golpe suave” tuvieron como principal promotor al imperialismo estadounidense por medio de su Embajada en Bolivia y contó con el concurso de su fiel amanuense Almagro al frente del Ministerio de las Colonias, más conocido como la OEA.

Como parte de la contraofensiva imperialista, el plan consistía en voltear a uno de los últimos gobiernos progresistas existentes – de los que emergieron en los primeros años del nuevo siglo en el continente – e imponer uno afín a sus mandatos y así terminar de poner orden en su patio trasero.

El régimen de los sectores oligárquicos, racistas y revanchistas intentó reimplantar las recetas neoliberales de ajustes y privatizaciones en medio y a contrapelo de una recesión económica estructural cíclica generalizada, agravada por la pandemia mundial.

Minado por su flagrante ineficiencia para enfrentar la crisis sanitaria y corroído por episodios de corrupción escandalosos por parte de Ministros y otros funcionarios, se vio jaqueado desde el vamos por las movilizaciones populares.

A pesar de la feroz represión y las masacres de decenas de ciudadanos perpetradas en Sacaba en Cochabamba y en Senkata en El Alto, las mismas se mantuvieron y frustraron los intentos de aplazar en forma indefinida la fecha de las elecciones. Originalmente previstas para el mes de mayo, luego aplazadas para setiembre, finalmente tuvieron que fijarlas para el 18 de octubre.

En artículos anteriores publicados a pocos días de los comicios, planteábamos nuestras prevenciones respecto a las garantías que podía ofrecer una dictadura a un proceso de elecciones limpias, sin fraudes.

La militarización de las principales ciudades del país, el anuncio por parte del Tribunal Supremo Electoral de la desarticulación de su nuevo sistema de conteo rápido 24 horas antes de los comicios y la noticia de que el traslado de las urnas desde los circuitos a los centros de cómputos finales (siempre efectuados por miembros de las mesas electorales) pasarían a ser hechos por miembros del ejército no podían augurar nada bueno al respecto y decíamos que la única garantía para un normal desarrollo de las elecciones recaería en las movilizaciones organizadas del pueblo.

Y el pueblo se pronunció

En definitiva estas elecciones eran un plebiscito entre dos modelos de país.

El histórico de la república frustrada, en beneficio de la oligarquía usufructuaria de las enormes riquezas minerales del país y del agronegocio. O el verdaderamente nacional, popular y democrático. El plurinacional de los pueblos originarios por centurias explotados y segregados; hoy con la frente alta y protagonistas por fin de su destino. El del crecimiento económico soberano con mejor distribución de la riqueza mediante políticas sociales acordes.

Era menester lograr un triunfo categórico – fundamentalmente en La Paz y Cochabamba – que hiciera imposible disimular un fraude ante el mundo.

Y el pueblo boliviano lo hizo. De acuerdo a las proyecciones, la fórmula Arce – Choquehuanca obtuvo el 65,3% de los votos en La Paz y el 63% en Cochabamba.

En base a las proyecciones totales sobre el 95% de los votos – realizada por UNITEL y recogidas por todos los medios de comunicación internacionales – el MAS – IPSP arrasó con el 52,4% siendo Luis Arce el ganador en primera vuelta. Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana quedó segundo con un 31,5% y Luis Fernando Camacho de Creemos (dirigente cívico ultraderechista de Santa Cruz, promotor del golpe) un 14,1%

Con esta votación, se mejora la del 47,08% obtenida por la candidatura de Evo Morales en las elecciones del pasado año.

A esta hora en Bolivia la usurpadora de la Presidencia, Jeanine Añez ya reconoció el resultado y felicitó a la fórmula ganadora. Carlos Mesa también reconoció la derrota. Y en el mundo, todos los principales mandatarios saludan y felicitan a los triunfadores.

Para finalizar, formulamos algunas puntualizaciones: en primer lugar saludamos de corazón al hermano pueblo boliviano, protagonista heroico de esta jornada memorable de su historia y la de Nuestra América. Que concurrió a votar a pesar de la intimidación militar ordenada por el Ministro Arturo Murillo, el hombre fuerte del régimen; quien tendrá que pagar por sus crímenes rindiendo cuentas a la justicia al igual que todos los civiles y militares que sostuvieron esta dictadura.

En segundo lugar cabe esperar que no se repita un error ya lamentablemente muy común en la izquierda: ser “generosos en el triunfo” y perdonar lo imperdonable: a los que atentaron de una forma u otra contra un gobierno democrático y lo derrocaron.

En tercer término subrayamos la importancia de este triunfo para la perspectiva de los cambios continentales, ya que no será menor el hecho del retorno del Estado Plurinacional de Bolivia a la CELAC, la UNASUR y el ALBA.

En cuarto lugar si sumamos este triunfo en Bolivia a lo sucedido en Argentina Y México, queda demostrado una vez más que no hay “ciclos históricos cerrados” de épocas de gobiernos de izquierda o de derecha que se suceden en forma alternada.

Este debería ser un insumo a incorporar al proceso de análisis autocrítico y rectificación que debemos encarar las fuerzas de izquierda de la región.

Por último nos reafirmamos en el hecho de que sí existe una ineludible alternativa de hierro para nuestros pueblos: o luchamos unidos para vencer al imperialismo en pos de reafirmar nuestra soberanía o estaremos condenados a malvivir como vasallos, lamentando amargamente no tenerla.

*Ex Embajador de Uruguay en el Estado Plurinacional de Bolivia. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

(1) En lengua aymara, “por la vida”