Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Julius Fucik, un periodista, un comunista

0
94

Por Santiago Manssino

Por las calles de Praga un hombre camina rápido y seguro, mirando en todas direcciones, asegurándose de que no lo estuvieran siguiendo. Golpea una puerta, de cierta manera precisa, y le abren con cautela. Saca unos cuantos ejemplares del Rudé Právo y se los deja a la pareja que le abrió. Hablan de los próximos movimientos, de los compañeros que cayeron detenidos y de los que siguen en pie. Luego sale cautelosamente, y sigue su peligrosa recorrida.
Este hombre es Julius Fucik, periodista, escritor, miembro del CC del Partido Comunista checo y encargado de distribuir la prensa clandestina desde febrero de 1941. Tiene 39 años y su mayor orgullo es ser un periodista comunista, poner la palabra y la verdad al servicio de la revolución proletaria y contra el monstruo nazi, que ocupaba Checoslovaquía desde el 15 de marzo de 1939, y dividió al país.
Fucik viene de una familia obrera. Se afilió al Partido a sus 18 años. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de Praga y desde principios de la década del 20 escribió sobre temas sociales y culturales en las publicaciones del Partido. En 1930 y años posteriores viajó a la URSS y luego publicó un libro con sus impresiones, «En la tierra donde el mañana ya es ayer». En 1933 publica una novela corta en Tvorba, una revista del Partido, llamada «Teresita y el jovial embargado». Luego es redactor en jefe de «Halo Noviny» la nueva revista cultural del Partido. También estuvo en España en la. Lucha contra Franco, y al regreso vuelve a sus tareas de periodista. El gobierno checo traiciona a su pueblo prácticamente entregando el país. Cuando comienza la ocupación y aún antes el partido comunista y sus publicaciones son prohibidas. Entonces Julius sigue publicando bajo varios seudónimos. Uno de sus textos es la «Carta abierta a Goebbels», donde le asegura al ministro de propaganda nazi que los intelectuales estarán del lado del pueblo checo haciéndole frente a la ocupación.
La Gestapo perseguía, detenía y torturaba y ejecutaba a los miembros de la resistencia o cualquiera que tuviera un pasado en organizaciones de izquierda o sindicales. Se deportaba a los campos de concentración a los checos judíos y a muchos sospechosos de actividades contra la ocupación. 8200 checos fueron ejecutados y más de 70000 enviados a campos de concentración, la mayoría judíos, pero también otros. Intelectuales y científicos judíos y no judíos corrieron la misma suerte. Las universidades del país fueron cerradas y se vivía bajo el terror y la opresión.
El Partido trabaja arduamente en la resistencia, que se tenía que valer de todas las formas de lucha. En esto la prensa jugaba un papel fundamental, y Julius lo sabía. Con una esperanza indestructible en que se vencería a los nazis y de una manera incansable aseguraba la llegada clandestina de las publicaciones del Partido, claves para el accionar y para mantener el estado de ánimo. Pero un día de abril de 1942 es atrapado por la Gestapo.
Aún bajo la brutal tortura, aún sabiendo una muerte segura, no decae su firmeza, no decae su esperanza en el futuro, porque como escribió: «Hemos vivido para la alegría. Por la alegría hemos combatido, y por la alegría morimos. Que mi nombre nunca sea unido a la tristeza».
Luego de un año en la prisión de Pankrac, es trasladado a Berlín. Allí es nuevamente torturado y finalmente sentenciado a muerte. Mientras está preso escribe ese testimonio impresionante que es «Entrevista al pie de patíbulo». Allí están sus vivencias en la cárcel, sus recuerdos de lucha, su esperanza inclaudicable, inquebrantable como el acero. Escribe en lápiz y papel que un guardia le proporciona en secreto, siendo el mismo guardia quien guarda en rollitos los escritos y los saca de la cárcel.
Julius es ahorcado después de 14 días de ser sentenciado la mañana del 8 de septiembre de 1943 en la cárcel de Plotzensee, Berlín, a la edad de 40 años. Luego de terminada la guerra, su esposa, que sobrevivió a los campos de concentración, buscó información sobre su esposo. Luego de saber de su muerte y de su manuscrito, buscó al guardia y pudo recuperar las hojas que su marido escribió esperando la muerte pero con la tranquilidad de quien sabe que la oscuridad no es invencible.
En su homenaje y su nombre, por ser ejemplo con su ética y su defensa de la libertad, el 8 de septiembre es el Día Internacional del Periodista. Feliz día a aquellos que cumplen esta tarea con la misma honestidad de quien dió la vida por ella.

NOTA RELACIONADA:

Hoy se celebra el Día Internacional del Periodista, en honor a Julius Fučík: https://elpopular.uy/hoy-se-celebra-el-dia-internacional-del-periodista-en-honor-a-julius-fucik/

Comentarios cerrados.