La «confesión» de Bolton: entre la desfachatez y la impunidad de los halcones

La confesión realizada por el ex asesor de Seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, sobre la participación que tuvo en “ayudar” a “planear golpes de Estado” en distintos países no es una novedad.

Las evidencias sobre el rol que, históricamente, ha tenido Estados Unidos en estas acciones son archiconocidas.

Lo relevante, si es que hay algo relevante en semejante “confesión” es “el desparpajo y la desfachatez” con que lo afirma.

Las declaraciones del diplomático norteamericano, quien formó parte del gabinete de Donald Trump, se produjeron durante una entrevista con la cadena de noticias CNN.

Si se ubican las declaraciones de Bolton en el escenario de la política doméstica estadounidense, lo primero que salta a la “vista”, es que estas “aparecen”, luego de darse a conocerse los contactos de Trump con grupos de extrema derecha en los momentos que antecedieron al intento de toma del Capitolio el pasado 6 de enero.

La entrevista a la cadena de noticias, tenía como objetivo que el ex funcionario aportara “más detalles” sobre las conclusiones a las que arribaba el Comité encargado de investigar el intento de asonada.

En ese sentido, Bolton aseguró que “el asalto al Capitolio no fue algo debidamente planeado», ya que fue fruto “de una improvisación del expresidente para retener el cargo”.

La respuesta de Bolton provocó que el periodista Jake Tapper le recordara que para dar un golpe no se precisaba ser “brillante”, a lo que Bolton respondió que no estaba de acuerdo para luego definirse “como un especialista en derrocar gobiernos extranjeros”.

“No estoy de acuerdo con eso”, afirmó, “como alguien que ha ayudado a planear un golpe de Estado, no aquí, sino en otros lugares, se necesita mucho trabajo” y a continuación señaló que eso no era lo que se había hecho por parte de Trump, quien, a su juicio, “simplemente estaba dando tumbos de una idea a otra”.

Ante la insistencia del periodista sobre la “confesión” de quien también fuera ex embajador de Estados Unidos en la Organización de Naciones Unidas (ONU), este respondió “no voy a entrar en detalles», limitándose a mencionar apenas las acciones realizadas en el intento de golpe de Estado en Venezuela contra Nicolás Maduro en 2019.

A juicio de Bolton, en esa ocasión y a pesar de que ya no formaba parte del Ejecutivo, pudo apreciar «lo que se necesitaba para que una oposición tratara de derrocar a un presidente» y añadió que “la idea de que Donald Trump era la mitad de competente que la oposición venezolana es risible”.

Más allá de la impunidad de la “confesión” del ex asesor de Seguridad de la Casa Blanca, lo que sus dichos demuestran es el cínico compromiso de un país en el desarrollo de golpes de Estado en nombre de una democracia que, como se vio en el intento de asalto al Capitolio, está preñada de una ciega violencia y de un profundo desprecio a todo aquello que signifique no seguir los dictados de Washington.

Y no hay dudas, como finalizó diciendo este Halcón de la Casablanca, que “hay más”, mucho más, porque este siempre ha sido el motor de la diplomacia estadounidense, solo que ahora cuando los “pudores” no guardan valores políticos de ninguna clase, las garras de sus halcones se muestran dando claro aviso de todo lo que aún son capaces de hacer.

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