La ética de un pueblo

El 20 de mayo es fecha patria, por decisión del pueblo. Hace 29 años que las y los uruguayos marchamos en silencio acompañando a Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en su reclamo ineludible de Verdad y Justicia y Nunca Más Dictadura.

Ese solo hecho, la continuidad en el tiempo, sería de por sí motivo de destaque. Pero ocurre que a lo largo de estos 29 años esta manifestación popular no ha parado de crecer y se ha transformado en eso: en una fecha patria.

En esta fecha recordamos el asesinato en 1976 en Argentina, en un operativo conjunto de las dictaduras de Uruguay y ese país, de Zelmar Michelini, senador del Frente Amplio; Héctor Gutiérrez Ruiz, presidente de la Cámara de Diputados y dirigente del Partido Nacional; de William Whitelaw y Rosario Barredo, militantes del MLN y el secuestro y la desaparición de Manuel Liberoff, médico, dirigente del Sindicato Médico del Uruguay y militante del Partido Comunista de Uruguay.

Desde hace 29 años el 20 de mayo se ha transformado en un día de reclamo por Verdad y Justicia, en un día de compromiso democrático, en un día de movilizarse. Y eso, que también sería mucho, no es lo único. El día se amplió y ahora es un mes entero de construcción de memoria. 

Hay muchas cosas para resaltar, pero lo principal es la masividad de la participación popular y la multiplicidad de formas de expresarla. Este año una enorme, inmensa, movilización en Montevideo desbordó 18 de Julio de pared a pared entre la Plaza Libertad y Jackson y Rivera. Pero además hubo marchas y concentraciones en más de 70 ciudades y pueblos de los 19 departamentos y en varios países del mundo. Una estimación muy mesurada es que se movilizaron cerca de 400 mil personas en todo el país. Es una enormidad.

A eso hay que sumar las miles, sí miles, de actividades previas y posteriores, charlas, siembras de margaritas, pegatinas con los rostros de las y los desaparecidos, carteles en las ventas, en las puertas. Las expresiones de todos los géneros culturales, el canto, la música, el teatro. Las actividades sindicales, en las cooperativas, estudiantiles y en centros de estudios, públicos y privados. El creciente compromiso de las y los deportistas, del fútbol, básquetbol, boxeo, atletismo, que este año tuvieron como puntos altos la publicación de Luis Suárez en sus redes reclamando Verdad y Justicia y la salida a la cancha de todo el plantel principal de Peñarol con la remera de Madres y Familiares.

Es mucho. Es enorme. Tenemos que ser capaces de valorarlo, además de protagonizarlo. 

Las dimensiones para abordar son muchas, queremos destacar dos.

El 20 de mayo todas y todos abrazamos a Madres y Familiares, a su dignidad, a su lucha inclaudicable, a su reclamo profundamente humano. Les decimos no están y no estarán nunca solos.

El 20 de mayo es de una profundidad ética inmensa. En tiempos en que se pone en duda el valor del compromiso, en que se quiere bastardear la democracia, en que se hace ostentación del individualismo, en que nos quieren hacer vivir sin memoria y sin futuro, cientos de miles, en todo el país, ponemos el cuerpo y el corazón para decir que no todo da igual, que no todo está puesto en venta.

Este año la consigna fue: Ellos saben dónde están. Y es así. Hay silencios de varios tipos. El silencio de los represores y violadores de DDHH que saben y ocultan la verdad, amparándose en la impunidad y perpetuando el dolor y el sufrimiento, es un silencio cobarde. El silencio de cientos de miles movilizados y comprometidos es un silencio cargado de dignidad y expresa la decisión de no rendirse, es un silencio valiente, solidario, que construye futuro.

Este 20 de mayo se expresó con una fuerza inmensa la ética de un pueblo, como expresión colectiva, pero sustentada en cientos de miles de compromisos. Seamos capaces de valorar esto en su profunda significación.

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