La maldición de malinche

Esa tensión amorosa entre las derechas y el cipayismo.

UJC
“El amor a la patria no es al amor ridículo a la tierra” decía José Martí, es que ser un patriota, a diferencia de lo que se pueda pensar, no es la solemnidad al momento de cantar el himno, no es la glorificación de las instituciones, no es idolatrar ciegamente a los próceres. Ser patriota es amar al país, a su gente, a su cultura. Para ser patriota, primero que nada, hay que defender la soberanía, la autonomía y la libertad de nuestro país.

Durante siglos las potencias mundiales saquearon países y se llevaron sus riquezas, desarrollaron políticas proteccionistas para seguir creciendo, pero crearon instituciones internacionales que le recomiendan lo contrario a las ex-colonias. Son el primer mundo, y necesitan de un tercer mundo pobre para poder seguir siéndolo. Sus empresas se despliegan por América Latina y Asia, porque a sus gobiernos les recomiendan flexibilidades que en sus países no permiten. Ser patriota significa ser antiimperialista.

No hubo una política de este gobierno que beneficiara al pueblo uruguayo. En lo que se suponía que serían los mejores cinco años de nuestra vida bajó el salario real, recortaron el presupuesto para la vivienda, la salud y la educación, aumentó la inseguridad y la violencia. Pero además de estas y todas las (no) políticas públicas, comprometen la soberanía de nuestro país. Porque este gobierno no solo coloca sus intereses privados por sobre los de la gran mayoría, sino también por encima de los intereses del país.

Qué vocación de colonia

Hace unos años festejamos con mucho orgullo, como un pequeño país de América Latina fue ejemplo en el mundo al ganarle en un juicio a la poderosa multinacional Phillips Morris. No solo por ser un caso de David contra Goliat, sino por el motivo. La empresa le hizo un juicio a nuestro país por las políticas antitabaco del primer gobierno frenteamplista. El no amedrentarse, ir al juicio y defender políticas antitabaco en pos de la salud de los uruguayos, fue una demostración de una máxima de los gobiernos frenteamplistas: siempre se defienden los intereses del pueblo.

Pero ahora, tenemos un gobierno vende-patria. Ellos no quieren al Uruguay, solo ven en el Estado partes que pueden venderse al mejor postor. Ante la supuesta posibilidad de un juicio, el gobierno descartó rápidamente los intereses del país (y por tanto, del pueblo uruguayo), y decidió regalar el puerto de Montevideo por 80 años.

Gracias a la Ley de Urgente Consideración, basta con que el presidente de la República defina que una información es reservada y secreta, para que no se acceda a ella. Y así seguimos sin saber qué decía el contrato de la compra de vacunas Pfizer contra el COVID. Lo que sí sabemos es que en su momento, el gobierno argentino las rechazó porque lo que exigía la farmacéutica comprometía los recursos del país y su soberanía. Tal vez en unos años nos enteramos que ya no tenemos un acuífero, o alguna empresa estatal deja de serlo, o quién sabe qué.

Luego de 15 años de gobiernos frenteamplistas invirtiendo en las empresas públicas, para que sean rentables y para que sus servicios puedan ser disfrutados por todos los uruguayos, este gobierno decidió prestarle sin costo la infraestructura a las empresas competidoras. No es que haya sido una sorpresa para nadie, si ya de entrada pusieron al ex director de Claro a dirigir Antel, se veía venir. Pero también lo intentan hacer con UTE, y la producción de energía con fuentes renovables.

Enfrentamos una crisis hídrica, que no solo era previsible y atendible con un proyecto que el Frente Amplio ya había dejado financiado, sino que lo hicimos con una OSE desfinanciada, sin el personal suficiente, como venía reclamando el sindicato.

Las empresas ya no generan las ganancias de antes, o comienzan a dar pérdidas, los costos los transfieren a los consumidores. Es decir, todos pagamos por las facilidades que el gobierno le da a sus propios competidores. Y los servicios empeoran, porque no hay recursos, y las quejas aumentan.
No estamos lejos de que empiece a cobrar fuerza el discurso de que hay que privatizarlas para que mejoren, y así cerrar un negocio redondo para sus amigos los empresarios. Algo que han intentado más de una vez.

Esto se vio y se ve en la región, es la derecha sudamericana. Una derecha que reniega de sus países, de sus pueblos, de su historia. Que busca vender sus estados por partes, cuando lo venden. Otras veces simplemente lo regalan, alcanza con recibir un par de guiños desde las potencias y te arman una cadena nacional de madrugada y con el himno yanqui. Buscan la validación de potencias que lo único que ven en nuestros países son recursos. Si los vieran los libertadores…

La patria es grande, o no habrá patria

En este mundo globalizado, para ser patriota hay que ser profundamente internacionalista. La defensa de la soberanía y la autonomía de los pueblos debería llamarnos en todas las ocasiones. La unión entre los países del “tercer mundo” es más que necesaria para esto. La posibilidad de negociar en igualdad de condiciones, de que tu inserción en el comercio internacional no ponga en riesgo tus recursos, que las negociaciones tengan por objetivo tu interés como país, y no el bolsillo de unos pocos.

La mejor forma de ser patriota es con un proyecto de país que proteja la producción nacional, que incentive la inversión en nuestro país, pero no para que nos saqueen y se lleven las ganancias después. Un proyecto que haga avanzar en desarrollo, innovación y tecnología, pero que además su acceso sea democrático para todo el pueblo uruguayo; que genere trabajo genuino, sostenible y de calidad. Y que esos avances también puedan ser compartidos con los pueblos hermanos. Sin unión y solidaridad latinoamericana, no hay patria posible.

Con Lula, con Petro, con AMLO, debemos avanzar en caminos que nos garanticen la verdadera independencia para nuestros países, con nuestros intereses primeros, que nuestra soberanía, nuestra autonomía como pueblos libres, no sea moneda de cambio en negocios que, aparte de todo, no nos dejan beneficios. Buscar alternativas, cuando en el escenario mundial no tenemos peso. Ni nuestro país, ni nuestro continente son patios traseros de las potencias. No es posible llenarse la boca hablando del ideario artiguista, cuando al rico patrimonio de los orientales lo están rematando por dos pesos al bajo precio de SUS necesidades.

Necesitamos un nuevo gobierno frenteamplista, que no tenga miedo a enfrentarse a poderosas multinacionales o poderosas potencias para defender los intereses de todos los uruguayos. Con un proyecto de país que profundice nuestra soberanía en todos los ámbitos. Nuestro país se merece un gobierno que lo quiera, que ame a su patria y a sus habitantes, que ame a los uruguayos. Un nuevo gobierno frenteamplista, que dialogue y construya con los gobiernos de la región una América

Latina más libre, más solidaria entre los pueblos, y que alcance al fin, la verdadera independencia.

Foto

Bandera uruguaya. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS.

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