La memoria a flor de piel

Este 20 de mayo hubo demostraciones e intervenciones de dimensiones nunca vistas.
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Por Verónica Pellejero

Uruguay exigió con mucha fuerza saber dónde están los desaparecidos, decididos en palabras de Graciela Montes de Oca a rasgar ese “manto negro que cubre al pueblo”.

Demostraciones masivas tuvieron lugar en todo el territorio nacional. La ciudadanía se manifestó de una forma nunca antes vista, “las margaritas inundaban la ciudad”, dijo Sebastián Ortiz a EL POPULAR y así fue. Hubo muchos videos caseros de familias en distintos rincones del Uruguay, reunidos alrededor de la mesa pintando carteles con la consigna de este año: Son memoria, son presente ¿dónde están?, o recortando margaritas; los niños hicieron dibujos y los abuelos también.

En las calles se proyectaron en decenas de puntos los rostros de los compañeros y compañeras desaparecidas, mientras la gente se reunía alrededor a gritar: ¡Presente! y cantar sentidamente el himno nacional. Porque como dijo el director de este semanario, en una entrevista conmovedora en el espacio radial de este medio: el 20 de mayo es una fecha patria decretada por el pueblo.

Son las 16:00 horas, el cielo desde las alturas, cómplice, espejo y cómplice, hace horas cubrió el sol, hasta quedar gris blanquecino, como una hoja de papel, como una fotografía, un rostro, como esos rostros blancos y negros que desde anoche están colgados debajo de la estatua Libertad en Montevideo, donde se manifestaban los familiares que buscaban a sus hijos y donde hace 25 años termina la marcha. Los rostros miran fijo, algunos serios o risueños, miran desde un instante del tiempo esperando ser hallados, mientras sus familiares se preguntan, les preguntan, cómo hace cuarenta años: ¿Dónde están? Y se alza estólido el silencio de la injusticia y la impunidad. En una búsqueda que es masiva, los rostros y el cielo lucen igual que los corazones. El pueblo quiere saber y el país sanar esa herida, que late hoy, tan fuerte que se la puede escuchar, en las casas, en las cooperativas, por las avenidas y en las plazas, en los edificios y en pueblitos chiquitos que casi nadie recuerda, pero que los recuerdan y los buscan.

Hoy es 20 de mayo del 2020, en las calles las personas usan tapabocas porque hay una pandemia. Se cumplen 25 años de la primera Marcha del Silencio y no habrá marcha. Este año se cumplen 44 años del asesinato en Buenos Aires de Zelmar Michelini y Héctor Gutierrez Ruiz, de Rosario Barrero Y William Whitelaw militantes del MLN y del secuestro y posterior desaparición de Manuel Liberoff, militante del Partido Comunista. Hoy se abre un portal donde todos los corazones: los jóvenes y los cansados, los que llevan décadas prendido el marcapasos de la angustiosa incertidumbre de la ausencia pegado al pecho, los que han partido para siempre bajo la tierra que enterró los sueños y pretendió sellar la alegría, todos se unen y son más cada año.

Este 2020 tan particular se realizaron intervenciones frente y sobre los cuarteles y batallones, en Minas realizaron grafitis en los alrededores y en Montevideo se manifestaron con carteles frente a la Base Aérea Capitán Boizo Lanza y el Batallón 13 de Infantería. También se proyectó la Margarita sin un pétalo, símbolo de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos en la fachada del Centro Militar, cuyo presidente declaró hace menos de dos años que en Uruguay no hubo dictadura, además de defender a torturadores y declarar que estaban dadas las condiciones para un golpe de estado. Fue un acto simbólico fuerte y contundente: ellos cargan y cargarán con los asesinatos y los crímenes, ese lugar nefasto tienen en la historia y cada vez más personas, muchísimos jóvenes, recuperan la memoria, la cual los fascistas con mentiras y cobardía tratan de torcer en beneficio de su odio y su maldad. La memoria se muestra en disputa y el deseo de verdad y búsqueda permanente de justicia marcó esta 25º Marcha del Silencio. También fue removedor porque el año pasado se hallaron los restos de Eduardo Bleier, y desenterrar sus huesos constituyó un paso más hacia la verdad, pero también un recordatorio de la aberración terrorista del fascismo que aún hoy, vive en nuestro país, que aún hoy oculta, miente y esparce su veneno obsceno en la sociedad.

Creyeron que los años y las derrotas mermarían el recuerdo y la necesidad de hallar. Creyeron que este año con la pandemia y las calles vacías el pueblo “atado de manos” no se manifestaría, y sin embargo se multiplicó la manifestación en cada rincón, no se pueden contar la cantidad de personas que se acercaron a las veredas a gritar presente, a hacer una margarita, a abrazar y acompañar a las familias en esta búsqueda que no termina hasta que aparezca el último.

“Corrían los años setenta, con presagio de tormenta, nuestra inocencia no se daba cuenta”, suena en miles de celulares y computadoras. Acá y allá, manos y oídos reciben esas palabras que surgen del pulso de una abuela que busca a su nieta secuestrada por la dictadura fascista. Una canción que habla sobre el derecho a saber la verdad, que como decía una consigna de otra marcha del silencio también sigue secuestrada. La canción “Carta de una abuela a su nieta” de Eduaro Larbanois y Mario Carrero este año fue interpretada por varios artistas en un video de Familiares de Detenidos Desaparecidos. “Dónde están nuestros hijos ¿vivos o muertos? Esta angustia… No sabemos si están enfermos o tienen frío”, rasga una voz la canción y el disco. Dieciocho artistas escriben y muestran un cartel con una sola palabra que lo dice todo: Presente. Presente están en nuestra memoria colectiva, en nuestra conciencia histórica, en nuestras luchas cotidianas y en la piel de quienes los amaron y aún no saben qué pasó con ellos y ellas, a dónde fue a parar lo que de ellos las miserables bestias dejaron y que callan.

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En Montevideo salió un camión desde Rivera y Jackson donde pasaron las fotos de los desaparecidos en una pantalla, 18 de Julio quedó vacía, el camión se dirigió a Plaza Libertad; lo recibieron las fotos de los familiares que están colocadas debajo de la estatua de la Libertad junto a la pancarta con la consigna de este año, una intervención donde se pintaron huellas en el piso desde Ejido hasta Cuareim y tuvo a jóvenes militantes hasta las seis de la madrugada armando todo. Se realizó un video donde se pasaron las imágenes de los compañeros desaparecidos. Esto fue transmitido por varios medios de comunicación y retransmisiones en el interior, sumado a la cobertura previa de la Asociación de prensa del Uruguay (APU). En otros puntos del país se realizaron diversas manifestaciones: en Tacuarembó salieron once altoparlantes nombrando a los compañeros, en Paysandú hubo una sentada frente al memorial del liceo 1; en Salto se realizó una intervención en la Plaza Artigas con Flores la consigna y las fotografías, en el pueblo de La Cruz, Florida, donde nació Julio Castro, se plantaron margaritas en la plaza. En San Javier, donde fue secuestrado Vladimir Roslik, también se dijo presente. Una multitud en el país dijo presente.

El salón de conferencias del PIT-CNT estuvo lleno en la mañana del 20 de mayo en la conferencia de prensa. Allí estaban los retratos de 197 uruguayos y uruguayas que viven en el presente pero sostienen en su mano los rostros de los compañeros y compañeras secuestradas, torturadas, asesinadas, desaparecidas en un pasado cercano y con más vigencia cada día. Ellos que son memoria pero no pasado, como escupió con su hálito fascista cierto senador que ni siquiera merece ser nombrado un día como hoy. Fernanda Aguirre, responsable de la Secretaría de Derechos Humanos del PIT-CNT recordó cómo desde el estado reclamaron “dar vuelta la página” con respecto a los crímenes de lesa humanidad, así como hubo quienes pretendieron ocultar que “los cuarteles eran cementerios clandestinos”. Todas esas personas que año a año se van quedando solas en la vereda de la barbarie.

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Graciela Montes de Oca concedió una entrevista a EL POPULAR en Radio el día anterior a la marcha, ella es hija de Laureano Montes de Oca, secuestrado y desaparecido un diciembre de 1975, a raíz de la siniestra Operación Morgan contra el Partido Comunista. Montes de Oca organiza la Marcha del Silencio desde el principio. Para la militante la marcha significa “un abrazo que tenemos con todo el pueblo”, destacó que cada vez se sienten más acompañados “en esta lucha contra la impunidad, para saber la verdad y lograr la justicia”. Contó que llamaron para dar apoyo (en medio de las difíciles circunstancias que vive el país) hasta los pueblitos muy chiquitos del interior del país.

“Tenía 11 años cuando lo fueron a buscar a mi casa, era de madrugada, cuando uno es niño no se da cuenta de los hechos que están ocurriendo, entraron y estando durmiendo lo único que tengo es la imagen de mi padre prendiendo la luz del dormitorio donde dormíamos con mis hermanas, hubo un avasallamiento de llevarnos para un lado y otro para dejarnos con mi madre, después lo ví un instante cuando se vistió y después se lo llevaron”, contó Montes de Oca en la entrevista. Un relato desgarrador, de los tantos que sembró la dictadura fascista. “Son muchos años de pensar ¿Qué pasó? si quedó quizás “en algún rinconcito del Penal como pensé mucho tiempo, hasta que salió el último preso y me dí cuenta que tenía que asumir que realmente había ocurrido”.

“Son cosas que reafirman muchos conceptos, por eso es tan importante saber la verdad, porque mi padre no era ningún criminal, simplemente era un militante comunista que soñaba una sociedad mucho más justa, y cuándo querés ver tus hijos están levantando las mismas banderas que vos, y ese es el mejor homenaje que le puedo hacer a mi padre: siempre va a haber alguien buscando la verdad y pidiendo justicia”, expresó con la voz firme y simple Montes de Oca.

La militante estuvo en el 13 de Infantería cuando hallaron los restos de Eduardo Bleier; su papá estuvo allí y albergaba la esperanza de que fuera él. “Entrar a un batallón y encontrar a uno de nuestros compañeros es muy duro: la incertidumbre de saber quién es, en mi caso de si era mi padre. Me acuerdo perfectamente que Irene (Bleier) me dijo: “Me siento culpable porque es mi padre y no otro compañero”, “Yo le dije que no tenía que sentirse así, que uno a uno los íbamos a ir encontrando y arrancándolos de esos sitios horrorosos, de esa soledad”. “Te encoge el alma cuando los hallás, cada hallazgo es darles luz y traerlos a nuestro presente, sabemos que ellos siguen caminando con nosotros”, expresó.

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Sebastián Ortiz, hijo de Félix Ortiz vivió el 20 de mayo en Ciudad de la Costa y dijo que fue conmovedor y emotivo, “una marcha nunca vista en Ciudad de la Costa”. “El pueblo respondió con mucho dolor pero con firmeza, reclamando saber dónde están”, contó Ortiz. Dijo que en lo personal “es muy removedor”, ya que es una fecha donde “se conjugan un montón de emociones y sentimientos, lo que más reconforta es ver a toda la gente que reclama por verdad, justicia y porque no haya nunca más terrorismo de estado”. En su ciudad se realizó una caravana, donde cada auto llevó un cartel y delante fue una camioneta con un auto parlante con el mensaje de Familiares. Todo en silencio.

“Es una marcha que no querríamos hacer nunca, pero nuestros reclamos son justos y cada vez prende más en la gente, el pueblo reclama verdad y justicia y que se sepa dónde están”, señaló el militante. Contó emocionado sobre la gente al costado de la ruta, los que se iban sumando en bicicleta y en motos, la gente con los carteles que decían “nunca más”, “verdad memoria y justicia”, “dónde están” y “presente”. Ortiz tenía 14 años y su hermana 15 cuando desaparecieron a su padre, en septiembre de 1981, luego del plebiscito que se di en el 80 hubo una oleada represiva muy grande, donde desaparecieron Omar Paitta y Miguel Mato entre otros.

Consultado sobre si alivia un poco el dolor de la pérdida la creciente masividad de acompañamiento popular a la causa de verdad memoria y justicia fue tajante: “Indudablemente que alivia, esta ya es una lucha del pueblo, quien demanda saber; es caminar media cuadra y ver una margarita en un balcón, un cartel y uno dice “no estamos solos, es el pueblo quien reclama verdad y justicia y que nos digan dónde están, esto nos da mucha fuerza para seguir peleando”. Además agregó que la marcha es una etapa de síntesis de todo el año, donde se pasan por los juzgados, por los tribunales por cantidad de instancias “golpeando puertas, buscando testigos que las personas digan lo que saben, la lucha sigue, mañana vamos a seguir planteando que queremos verdad memoria y justicia”.

Recalcó la centralidad y el sentido profundamente democrático de la lucha porque no haya nunca más terrorismo de estado: “A ellos los mataron por eso, por luchar por una sociedad y una democracia distintas, más participativas y más humanas”.

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Son las 19 horas en Montevideo la noche tormentosa con anuncio de ciclón extra tropical (luego de unos días de veranillo inusual en medio del otoño) se cierne sobre la ciudad. En la Plaza Luisa Cuesta se proyectan en un edificio las imágenes de los desaparecidos, algunos sin siquiera una foto, pero portadores de una vida, una historia y un nombre, lo suficiente para gritar: Presente. Detrás del edificio y mientras pasan uno a uno los rostros y el nombre y la gente grita presente el cielo relampaguea iluminando el firmamento. Unas cuadras más allá, en la Plaza Mártires de Chicago, quinientas velas forman una margarita gigante, y las pocas personas que allí están, miran el fuego moverse, en silencio. De las fachadas y los balcones cuelgan consignas en blanco y negro, los muros tienen impresos mensajes de aliento como: “los vamos a encontrar a todos”; los rostros se proyectan, los nombres se repiten, las redes muestran la propaganda casera y las intervenciones colectivas y también los rostros. Y la pregunta, que se repite y se repite en el silencio: ¿dónde están? ¿dónde están? ¿¡dónde están!?