Los cinco mejores años de tu vida

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Daniel Caggiani (*)

Este lunes se cumplió un año de la asunción de Luis Lacalle Pou como presidente de la República. Un año de un gobierno que lo que mejor hizo fue aplicar constantemente una doble vara, una para sus amigos empresarios y otra para la gran mayoría del pueblo uruguayo, un gobierno que festeja balances con datos disfrazados que dejan por fuera a mucha gente. Lo que por ahora viene siendo un calco casi exacto de la gestión de Macri en Argentina nos dejó un país con 100.000 personas más por debajo de la línea de pobreza y un 20% más de desocupación. El neoherrerismo que hoy lidera el gobierno no parece tener precisamente un saldo positivo para este primer año.

La coalición multicolor arrancó su gobierno con la introducción de una Ley de Urgente Consideración que fue rechazada por amplios sectores de la sociedad por su carácter antidemocrático, antipopular y anticonstitucional. Utilizando un recurso legal previsto para situaciones específicas y excepcionales se implementó una ley ómnibus que avanzó en una gran reforma del Estado, quitando derechos en la educación, avanzando en la privatización de empresas públicas, consolidando aún más la función punitiva del Estado con medidas que no se han demostrado eficaces, e implementando un sinfín de modificaciones de las cuales ahora se intentan refrendar aquellas más regresivas.

Pasada la LUC el Poder Ejecutivo presentó una propuesta presupuestal que consolidó la quita de derechos iniciada en la Ley Urgente recortando las partidas destinadas a distintos entes estatales. El presupuesto fue determinante en un proceso de achicamiento del Estado que fue comunicado hacia afuera como una propuesta de austeridad. Menos presupuesto significó menos docentes para más alumnas y alumnos. Menos trabajadoras y trabajadores en los puestos claves de atención a las personas más vulnerables. Menos plata para la investigación y la innovación en ciencia, que demostró ser fundamental durante la pandemia. Recortar el Estado es recortar las garantías de las mayorías menos privilegiadas para un acceso a una vida digna o, por lo menos, un poco menos peor, y en eso el gobierno eligió recortar.

La pandemia fue la excusa perfecta para “pedir un esfuerzo” a muchas y muchos trabajadores que vieron sus ingresos disminuidos mientras veían que se aumentaban los salarios a los altos cargos ministeriales. Entre conferencia y conferencia se votaban medidas recrudeciendo la ya galopante crisis que se veía en la calle. Los cientos de ollas populares a lo largo y ancho del país dieron signo tempranamente de esta situación, a la cual el gobierno le dio la espalda con suba de impuestos, tarifas y aumentos irrisorios de salario que no llegaron a equiparar el aumento de los precios.

El empecinamiento en un relato macroeconómico de “bajar el déficit”, “achicar el Estado”, “reducir los gastos”, dista mucho de la realidad de los barrios, donde lo que se reclama son más y mejores intervenciones del Estado en infraestructura, en plazas para el barrio, en más aulas para los liceos, en mejoras para las escuelas, en mejorar la situación para que parar la olla no sea la ardua tarea que hoy es para muchos y muchas de los sectores más desfavorecidos. Hoy por hoy hay un gobierno que intenta consolidarse y legitimarse a través de un discurso que han instalado a lo largo de estos años pero la realidad lo golpea en las cosas más básicas: pan, trabajo y techo.

Lo que comenzó como una coalición multicolor se fue poco a poco decolorando, dejando ver el celeste y blanco que había debajo de esa chapa variopinta con la cual habían accedido al gobierno. Cada vez empezó a ser más notorio que el Ejecutivo estaba liderado por el Partido Nacional pero sobre todo por el Herrerismo, y eso se notaba en las traiciones a los demás partidos de la coalición gobernante. El timón de este barco hacia el neoliberalismo lo tuvo desde el primer momento y lo sigue teniendo un ala particular del Partido Nacional, y principalmente todo aquello que compete en cierto grado al rol del gobierno pasa por la figura de Lacalle Pou, en una exacerbación de un presidencialismo que el Uruguay nunca tuvo y que intenta copiar la estrategia de comunicación del expresidente argentino Mauricio Macri. Sin embargo, esta figura no está logrando captar ni mediar las diferencias que genera en medio de la coalición y está erosionando los vínculos hacia dentro de ella.

Algo tan importante para el sostenimiento de la democracia y el desarrollo de la confianza en las instituciones del Estado como el fin de la corrupción y las prácticas clientelares volvió a estar en el tapete. Las intendencias gobernadas por el herrerismo a lo largo y ancho del país realizaron contrataciones dudosas y sin muchas explicitaciones de los términos con la fundación A Ganar, que está movida por el mismo sector del mismo partido político. Un pasadero de manos que redunda prácticamente en un cheque en blanco para que el partido de gobierno y particularmente el sector que está detrás de la fundación pueda hacer lo que quiera con las licitaciones ganadas, sin tener que pasar por ningún órgano de contralor. Las contrataciones a familiares en intendencias como la de Artigas, también del Herrerismo, dan cuenta de prácticas similares que vimos incluso hasta en la vocería de la Presidencia, con la designación de un vocero al cual pocos parecen conocerle la voz y cuyas apariciones públicas han sido nulas, pero que mantiene su salario cercano a los ciento cincuenta mil pesos mensuales por esa función.

Como bancada del Frente Amplio, y particularmente a través de la bancada del espacio 609 intentamos generar propuestas que mejoren la situación que hoy viven las mayorías. En ese sentido propusimos al Frente Amplio que traslade propuestas para mejorar la situación de las micro, pequeñas y medianas empresas y su inserción a nivel nacional, regional e internacional. Por otro lado también generamos propuestas para la mejora en la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos, apuntando a garantizar el acceso a servicios básicos como el agua, la luz y el internet, mejorando el acceso a la compra de los productos de la canasta básica, y garantizando el techo con la suspensión de desalojos a viviendas y asentamientos. El comercio fronterizo es un tema importante y que además merece su particular atención, la gran disminución de sus ingresos por el cierre de fronteras genera la necesidad de políticas concretas que ayuden a mejorar su situación. Por último también generamos una serie de propuestas para que el sistema de salud pueda mejorar su capacidad de respuesta integrándose aún más, consolidando centros de coordinación eficientes y generando garantías de acceso equitativo a los servicios sin importar la filiación mutual.

Por sobre todas las cosas, este ha sido un año donde el marketing y la propaganda han estado a la orden del día. Es una verdadera lástima que nuestro pueblo no pueda comer con las páginas de diario, las notas de radio y las publicaciones en redes sociales con las que este gobierno inundó para intentar sumergir la triste realidad de una gran porción de compatriotas que han sentido en carne propia cómo un gobierno que prometió llegar para traer “los cinco mejores años de tu vida”, haya transformado la realidad en un escenario tétrico de pérdida de derechos.
Como esta gran amalgama de corrientes de izquierda, progresistas, nacionales y populares que es el Frente Amplio, tenemos la ardua tarea de ampliar cada vez más nuestra base social y política para que los cambios que deseamos en la sociedad se vuelvan tangibles. Las idas y vueltas de los gobiernos progresistas en América Latina nos han demostrado que la única forma de lograr disputar el poder de una derecha que viene por todo en todos lados es a través de la ampliación de las fuerzas sociales, dejando atrás viejas rencillas políticas. Más aún, debemos de retomar la iniciativa política y dejar de discutir la agenda que los detractores de las mayorías quieren que discutamos.

Hoy tenemos por delante una tarea concreta que es continuar la recolección de firmas para que el referéndum a la LUC sea un hecho. Es además la oportunidad de volcar nuestras fuerzas hacia todo el país, casa por casa, barrio por barrio, ciudad por ciudad, llevando adelante esta campaña pro referéndum pero también poniendo la oreja a la gran cantidad de necesidades y preocupaciones que ya tiene la ciudadanía y llevando organización a todos esos lugares.

(*)Diputado de la lista 609, Movimiento de Participación Popular, Frente Amplio.