“Mantener y aumentar el esfuerzo”

Juan Castillo: “el “pelotón” viene bien, van 572.551 y vamos por más”.
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Por Gabriel Mazzarovich

En diálogo con EL POPULAR, Juan Castillo, secretario general del PCU, calificó como “impresionante” el esfuerzo militante que logró más de medio millón de firmas para habilitar un referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) y llamó a “mantener y si es posible aumentar el ritmo” en los días que faltan.

-¿Qué significa haber alcanzado más de medio millón de firmas?

Los sectores más humildes de nuestro pueblo, y los más conscientes de la clase obrera y trabajadora, están librando una batalla sin parangón, y, aún en desiguales condiciones, desafían las inclemencias del tiempo, toman los recaudos necesarios para cuidar y cuidarse la salud y salen a buscar las firmas, allí donde estén. Es impresionante, emociona formar parte de él. Si uno analiza el contexto que atraviesa la humanidad y los agravantes en nuestro país, pues entonces se potencia aún más el valor de este más de medio millón de firmas alcanzadas. ¿Alcanza? No todavía, pero es un orgullo y enaltece el trabajo de los brigadistas y el de los firmantes, que logran vencer las barreras del silencio y del miedo, a pesar de las negativas del gobierno en otorgar la cadena de radio y televisión y, además, el miedo de polemizar y confrontar opiniones, rehuyendo debates de parte de la derecha política y las clases dominantes. Es una cobardía política no dar la cara para defender lo que sí se apuraron en aprobar.

-¿Qué relevancia tiene la LUC?

Muchos de los contenidos de estos 135 artículos de la LUC, que estamos intentando someter a referéndum para que el pueblo decida, son malos y retrógrados porque rebajan las garantías individuales, aumentan las penas, recortan derechos, comprometen la soberanía, lesionan la educación pública, habilitan la expulsión más rápida de los inquilinos, limitan el derecho de huelga de los trabajadores y las trabajadoras, entre otras cuestiones negativas. Hemos denunciado que no es una ley, son varias. Al menos unas 60 iniciativas distintas en el mismo formato de Urgencia, donde ninguna de las verdaderas urgencias de los más pobres y explotados están contenidas allí. Son, como bien denuncia el Frente Amplio, las urgencias de los sectores más ricos, de los empresarios y productores que manejan el sector agroexportador y financiero de nuestro país. Por eso el presidente Lacalle con rostro serio y enojado, sin ocultar la molestia ante la pregunta de un periodista, afirmó que iba a proteger al capital porque los consideraba – y lo siente así – como los “malla de oro”. Por descarte entonces formamos parte del “pelotón”, y ese pelotón no está contemplado en la LUC. Pero ese “pelotón” viene bien, ya juntó más de medio millón de firmas.

-¿Y esta campaña para habilitar un referéndum?

El primer objetivo, mediante el mecanismo de democracia directa, es habilitar la consulta, generar el debate, producir la confrontación de opiniones y lograr, si alcanzamos las firmas, la participación del soberano en las urnas para que decida si la LUC queda establecida tal cual está o, por el contrario, los 135 artículos más reaccionarios se quitan de la misma. Nos ha ocurrido en algún medio de comunicación, que nos piden a nosotros que expliquemos los contenidos de la ley o desarrollemos los artículos que pretendemos impugnar. Más allá que nuestros militantes estudian y que todos intentamos saberlo, la obligación de hacerlo es de ellos, de los integrantes del gobierno. Pero resulta que no pueden hacerlo, no lo saben y no están preparados para defenderlos en un debate público. Por eso se llamaron a silencio. Salvo el dinosaurio político dueño del esmirriado Partido Colorado, Julio María Sanguinetti, que intentó salir al cruce de los dirigentes de nuestra central obrera PIT-CNT, el resto se fue a baraja. Por tanto, habilitar el referéndum es darle contenido a la democracia, para que se abra el debate y confrontemos opiniones para saber qué es lo mejor para el país. Seguros que esta ley, así como está, no lo es.

-¿Cuáles son las tareas centrales previstas para este período final de la campaña?

No bajar la guardia. Debemos mantener, y de ser posible aumentar, las recorridas en todos los barrios y localidades de nuestro país; si con una mesa juntamos 15 firmas hay que poner dos para obtener 30. Si con 6 o 10 militantes juntamos 50 firmas, hay que lograr que 15 o 20 salgan en busca de 100 firmas. Si con una jornada recolectamos miles, hagamos las jornadas necesarias para juntar decenas de miles. 

Sabemos de sobra que no es la única cosa, la única tarea que tenemos por delante. Es verdad. Pero no es menos cierto que si la LUC era mala cuando la concibieron, si era mala cuando la presentaron, si fue terrible cuando la aprobaron, seguirá siendo cada vez más mala cuando la apliquen. No es un hecho aislado, no es una ley más, no. 

Debemos sumarle el aumento de los impuestos y el disparatado aumento de los combustibles, a pesar de que resuenan todavía los gritos y el llanto emocionado de Lacalle Pou en la campaña electoral diciendo que no lo iba a hacer. Debemos sumar la rebaja de los salarios de los trabajadores públicos y privados, limitando a la baja las pautas en los Consejos de Salarios, y, por consiguiente, en forma directamente proporcional, la rebaja de las jubilaciones. Debemos sumar el poco y escaso destino de recursos presupuestales para atender la pandemia y sus efectos o las consecuencias sociales, colocando a Uruguay en uno de los países con más bajo apoyo presupuestal o de renuncia fiscal para atender a los sectores más castigados. 

Debemos saber que todo esto junto, ha hecho que al año de gobierno de la coalición multicolor que encabeza el sector Herrerista del Partido Nacional, han empujado a la pobreza a más de 100 mil compatriotas más, con rostro de niño y de mujer mayoritariamente. Miles de desocupados, miles en el seguro de paro, miles haciendo fila en las ollas populares, miles en los merenderos, miles anotándose para un trabajito o changa de tres meses, como si fuera la tabla de salvación. 

Todo esto en medio de la pandemia, su recrudecimiento y el fracaso del gobierno en enfrentarla, lo que, como decíamos, agravó la crisis sanitaria, con más de 5 mil muertes, económica y social, como explicábamos, hace unas semanas en EL POPULAR.

En medio de esa situación dramática las respuestas de nuestro pueblo han sido de enorme significación, por citar solo este año, en el 8 de marzo, el 1° de Mayo, gigantesco y con un esfuerzo central por las firmas, un punto de inflexión, el 20 de mayo conmovedor, y este paro general de 24 horas del 17 de junio, realmente contundente.

Todo eso, y la campaña de firmas en medio de la lucha, es formidable, pero hace falta un esfuerzo adicional para este período final. Cuando nos marcamos un objetivo y nos trazamos un plan; cuando lo controlamos y falta un trecho todavía para llegar, entonces hacemos hasta lo imposible por cumplirlo, por alcanzar la meta. Somos cortados por esa tijera, vieja, ortodoxa y más vigente que nunca: la de dar la vida por los intereses colectivos y de las grandes mayorías. Cada día que nos separa de aquí al 8 de julio, es una final del mundo. Cada día al amanecer, arrancamos con la idea fija de alcanzar la meta. Cada firma que logremos significa un estímulo para convencer a otro. Cada compatriota que dialogue con nosotros, que nos discuta o pregunte, que quiera saber más o diga que no entiende, es un desafío a nuestra capacidad de acercarnos y poner en práctica aquello que decíamos en el Comité Central de nuestro Partido luego de la derrota electoral del 2019:“es necesario un proceso de autocrítica que abarque la gestión de gobierno; la campaña electoral; el papel del Frente Amplio, de su dirección y de sus formas de relacionarse con el movimiento popular y con la sociedad: y también del propio movimiento popular. Ese proceso autocrítico no se puede hacer entre cuatro paredes, es con la militancia frenteamplista y popular, en los barrios, en la calle. Tampoco alcanza solo con generar espacios de debate, implica construir la práctica política y social superadora de lo que sea criticado”.

Quiero decir que no hay una medida sola, no hay una jornada específica, no hay un modelo único. Debemos sumar todas las iniciativas, pongamos en práctica todas las propuestas y aprendamos cada día más de la experiencia popular, de la construcción diaria, de la práctica cotidiana, del papel de las bases, de la militancia. Aprendamos y demostremos que cuanto más importante es la responsabilidad de un o de una dirigente, más grande deber ser su gesto de humildad, su devoción por el trabajo, sus ansias de solidaridad. Nadie es suficientemente grande como para sabérselas todas, ni tampoco es tan negado como para poder aprender de la cotidianidad de nuestra gente. 

Tengo la convicción, la esperanza, y, ¿por qué negarlo?, la confianza suficiente en nuestro pueblo, ese al que el presidente considera “el pelotón”, que vamos a demostrar una vez más, como la celeste, a lo uruguayo y al final, vamos a alcanzar la meta. Si no fuera así, no tenemos que arrepentirnos de nada de lo que aquí afirmamos, en todo caso, se reafirman los peligros que denunciamos y aumenta la necesidad de seguir creciendo y fortaleciendo la unidad de las herramientas de nuestro pueblo. Habremos sido nosotros los que no logramos hacernos entender. Pero así es la vida y la lucha de nuestra clase: levantarse, pelear, avanzar, tropezar, volver a levantarse y seguir peleando. Tal vez, por qué, como cantaba Don Alfredo Zitarrosa, “no hay nada más sin apuro, que un pueblo haciendo su historia”. 

No quiero terminar sin rescatar la conmemoración en estos días de los 48 años de la Huelga General, la respuesta popular al Golpe de Estado y la instauración de la dictadura en nuestro país. Es en esos ejemplos de la historia de nuestro pueblo que tenemos que encontrar las enseñanzas y la fuerza para encarar los desafíos del presente.