Otros soles, otros mundos II

La polilla y el reflector

Oscar Méndez Laesprella*

Suena lógico, decía en la anterior entrega https://elpopular.uy/otros-soles-otros-mundos/, suponer que muchas de las estrellas que vemos en la noche deben tener planetas orbitando a su alrededor, al igual que nuestro Sol. Estupendo, apuntemos los telescopios más poderosos del mundo hacia unas cuantas estrellas, y veamos que hay. Y es aquí donde la ciencia se choca con enormes dificultades.

Hace unos años, paseando de noche por la rambla, miré hacia Punta Carretas. Un poderoso haz de luz iluminaba el cielo al estilo de la batiseñal de las películas de Batman. Me enteré luego que se estaba haciendo un evento en un conocido centro comercial, y que esa iluminación, lograda con un reflector enorme, formaba parte del festejo. Me imaginé a una polilla, hipnóticamente atraída por la poderosa luz, y  me pregunté cuán difícil sería poder ver al insecto con un largavista o con un pequeño telescopio, parado a unos kilómetros de distancia. Loco, dirán ustedes: este tipo quiere ver a una polillita, que con sus alas debe reflejar tan poca luz, que seguro es varios millones de veces menos brillante que el reflector, y por si fuera poco vuela pegada a éste. Ya veremos.

Desde la escuela sabemos que los planetas no tienen luz propia, sino que reflejan las luz del Sol. Esto mismo se cumplirá con cada planeta que se mueva en torno a cualquier otra estrella del universo. Y aquí radica el problema. ¿Cuánto menos que el Sol brilla un planeta cualquiera? Obviamente, el brillo debe ser medido desde el mismo lugar, a una distancia preestablecida. Un encendedor puede brillar más que los focos del Estadio Centenario, si nos encontramos lo suficientemente cerca el encendedor, y lo suficientemente lejos del estadio. Se trata aquí de medir el brillo de ambos objetos, Sol y planeta, desde la misma distancia. Cabe además hacer una aclaración: cualquier objeto brilla distinto en diferentes colores. El Sol, por ejemplo, tiene su mayor brillo en la luz amarilla, mientras que Júpiter, el planeta más grande del Sistema Solar, brilla más en el infrarrojo que en cualquier otra zona de la radiación electromagnética -nombre genérico de la luz, sea esta visible o no con nuestros ojos-. Para hacer trampa a favor de Júpiter, consideremos justamente la luz infrarroja, que no vemos pero podemos medir. Incluso siendo tramposos, en el infrarrojo Júpiter brilla un millón de veces menos que el Sol. Dicho de otro modo: para descubrir planetas en otras estrellas, tendremos que buscar objetos que brillan millones de veces menos que la estrella en torno a la que orbitan. Como la polillita.

Pero tenemos otro problema: las distancias enormes que nos separan de las estrellas, y, desde esa distancia cuán juntos se ven la estrella y su planeta. Pongamos por caso nuevamente a Júpiter. Todos los planetas de nuestro sistema se mueven en torno al Sol en órbitas casi circulares. En realidad son elipses, o dicho en criollo círculos aplastados, pero tan poco, que casi podemos decir que son círculos. La distancia promedio entre Júpiter y Sol es de casi 800 millones de km. Es una distancia enorme, de acuerdo, pero: ¿a qué distancia está la estrella más cercana, sin considerar obviamente al Sol? En el hemisferio sur la podemos ver a simple vista: se trata de Alfa Centauri, la estrella más brillante de la constelación del Centauro, y la tercera en brillo de todo el cielo nocturno. Se ve cerca de la Cruz del Sur; de hecho, Alfa y Beta del Centauro forman una línea que apunta hacia la cruz. Esta estrella es la más cercana, apenas a 4,4 años luz. Las distancias a las estrellas son tan grandes, que el kilómetro nos queda ridículamente pequeño. Hay que usar otras unidades más grandes, y por tanto más cómodas. El año luz, como ya lo explica su nombre, es la distancia que recorre la luz en un año, y equivale a casi 10 billones de km, o sea, 10 millones de millones de km, un uno seguido de 13 ceros.

Si un observador extraterrestre que viviera un planeta hipotético que se encuentre en Alfa Centauri quisiera ver con su telescopio a Júpiter, ¿cuán separado lo vería respecto al Sol? Haciendo unas cuentas rápidas usando algunos conceptos que se estudian en tercero de liceo -bueno, hasta ahora, veremos qué ocurre con la reforma educativa propuesta por el gobierno- se llega al siguiente resultado: si estuviéramos parados en ese planeta hipotético de Alfa Centauri, veríamos a Júpiter tan separado del Sol, como se vería a simple vista una moneda de 1 peso a 12 cuadras de distancia. Dicho más claro: el Sol sería un puntito en el borde de la moneda, y Júpiter otro puntito, muchísmo más pequeño, opuesto diametralmente, digamos que en el otro extremo de la moneda. Así de cerquita. Como la polillita.

Así de difícil es, pero créanme, se puede observar directamente un planeta extrasolar, aunque la inmensa mayoría de los descubrimientos han venido de un modo más retorcido. Como todo, en ciencia, las cosas no siempre se descubren mirando directamente. Veremos en futuras entregas que, al igual que en muchos otros terrenos del conocimiento, deberemos hilar más fino, intentando descubrir nuestros tan ansiados planetas extrasolares de modo indirecto. Les contaré cómo los astrónomos diseñaron sutiles técnicas para detectar los efectos que la presencia de estos supuestos planetas producirán en su entorno. Podremos entonces, al fin, detectar a la esquiva polillita.

*Director del Planetario Municipal.

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