Permafrost, misántropa y solitaria

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Por Verónica Pellejero

Permafrost, la capa de tierra permanentemente congelada, es también el muro auto impuesto que separa a la protagonista del exterior. Ahí afuera hay un mundo con el que no se entiende, una familia que la crispa y la invita permanentemente a fingir y acallar rencores. La mujer de esta novela, (que es la primera de tres, donde la española Eva Baltasar busca explorar diferentes estados de las mujeres) tiene tendencias suicidas y pasa el tiempo teniendo sexo con mujeres, puede mantener relaciones estables y profundas pero no comprometerse, hay un poco también de miedo al amor, un amor que sin dudas descongele esa capa de tierra.

Permafrost es una radiografía de nuestra sociedad escrita con un lenguaje poético inteligente y profundo. Baltasar antes de lanzar esta primera obra narrativa publicó diez poemarios (todos premiados), es por esta razón quizás que la marca del lenguaje poético está muy presente y hace a la obra. La autora posee también un sentido del humor agudo y sarcástico, con el que cualquier rarita de la familia se sentirá identificada.

En la novela suceden diferentes episodios en los que a la protagonista sin nombre se le va resquebrajando la capa del exterior, la duda – dice – es la primera fractura en el permafrost, lo que nos interpela pero viene desde dentro, parte la coraza de una forma insalvable. Una novela que habla de la relación con el propio cuerpo, del refugio de la mente y la imaginación como formas de soportar el mundo, de la medicación y las drogas, en fin, de los problemas contemporáneos.

La protagonista sin nombre (ya he reseñado una novela (Cometierra) y una serie entera (Fleabag) con una protagonista sin nombre, ¿Qué es esta tendencia a no ponerle nombres a las protagonistas?) vive su vida tratando de escapar a las responsabilidades de la adultez para tener todo el tiempo para leer, su mejor refugio, sin embargo como a todos la adultez le llegará, su madre podrá quedarse tranquila de que puede encasillarla y ella, bueno ella intentará suicidarse alguna que otra vez, mientras nosotros nos reímos a causa de ese humor negro muy español, muy feminista de Baltasar.