Poco Ortodoxa, la nueva miniserie de Netflix que tenés que ver

Vista desde una perspectiva feminista, la miniserie aborda el patriarcado y el conservadurismo de forma pedagógica, sensible y dura a la vez, porque, aunque el tema central es la emancipación de una mujer, se detiene en los procesos psicológicos y de exploración interna y externa de los dos protagonistas frente al miedo de romper, la elección de un destino propio y la complejidad de "ser diferente".
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Por Verónica Pellejero

 

Unorthodox es una miniserie de cuatro episodios de cincuenta y seis minutos cada uno. Es una adaptación libre de la autobiografía de Deborah Feldman “Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots” (El Escandaloso Rechazo de mis Raíces Jesídicas, 2012). Feldman, huyó de la comunidad jasídica Satmar en Brooklyn, Nueva York rumbo a Alemania. La miniserie alemana-estadounidense (que podría verse como una larga película al estilo “Lo que el viento se llevó”), consta de cuatro episodios, se estrenó en la plataforma de Netflix el 26 de marzo y está hablada en inglés y Yedis (idioma de las comunidades hebreas).

Cuenta la historia de la joven de 19 años Esther Shapiro (Shira Haas), “Esty”, quien vive en el seno de una comunidad Judía Ortodoxa con sus abuelos sobrevivientes del holocausto Nazi en Alemania. Luego de haber sido casada con un joven de su comunidad llamado Yanky Shapiro (Amit Rahav), Esty huye de la presión y la opresión familiar y religiosa rumbo a Alemania a buscar su propio destino en la total incertidumbre y sin un plan claro.

De la parte verídica de la historia es de resaltar que la escritora estadounidense-alemana tiene hoy treinta y tres años, es contemporánea, por lo tanto su historia de vida ocurrió en pleno siglo XXI; esto nos recuerda que no algunas, sino millones de mujeres aún hoy se casan y paren adolescentes, deben respetar estrictas normas de comportamiento social; aún más, como Feldman, se esconden para leer y encuentran en la literatura y el estudio una ventana hacia la emancipación. Contrario es el caso por ejemplo de Papusza, la primera poeta gitana publicada que leía y escribía poesía a escondidas, pero cuando publicó y fue echada de su comunidad, quemó todos sus escritos y vivió todo el resto de su vida entre la tristeza, la pobreza y la desconfianza por no poder aceptar el rechazo de su comunidad, pero esa es otra historia de la que hablaremos otro día.

En “Poco ortodoxa” de Esty solo se espera que se case, sea buena madre y esposa y forme una gran familia, su único fin es la procreación y debe tener la mayor cantidad posible de hijos para que crezca su comunidad y recuperar “los seis millones”.

Ella trata de ser quien esperan los otros que sea y cumplir con las expectativas. Trata de encajar, pero por miedo, miedo a ese Dios castigador, que fue capaz de realizar contra ellos un castigo semejante al del Holocausto por estos no respetar al pie de la letra la Torá. Esos “otros”, su marido y su suegra, su propia familia y finalmente la comunidad se sintetizan en ese gran Dios castigador. Es él quién pretende que lleve una vida en la que no puede decidir sobre su destino “¿Por qué escapaste Esty?”, le preguntan los heterogéneos alemanes del conservatorio de música que conoce a poco de llegar Berlín, “Dios pretendía demasiado de mi”, contesta. De forma que no es su comunidad quien la oprime, sino el mismo Dios, el culto a sus normas y el miedo a su castigo.

Entonces, esta es una historia sobre una mujer que rompe con las estructuras que la oprimen y busca un destino propio. Pasar de vivir por y desde los otros para centrarse en sí misma, en los propios intereses, siempre es un camino doloroso y rupturista, especialmente para las mujeres y más aún las que viven en sociedades y comunidades ortodoxas, conservadoras y religiosas. Pero hay algo que llama la atención y es que el marido no es el antagonista, no es un hombre violento y sometedor. Es un personaje con sentimientos altamente complejos, tiene una sensibilidad propia, tampoco puede elegir su destino por más que busca enmendar las cosas y que funcionen dentro de las normas de su comunidad. (Alerta de spoilers).

Él parte a Berlín a buscar a su esposa con su primo medio Gangsta Moishe Lefkovitch (Jeff Wilbusch), quién representa la “Torá de la calle”, es decir el patriarcado judío pervertido por los vicios del mundo moderno. El rabino de la comunidad llama a Moishe para hallar a Esty y regresarla. Moishe es diferente a su primo Yanki, y representa la presión, el acecho permanente y la violencia psicológica del patriarcado dice: “Este no es tu lugar, no puedes elegir tu destino, fuera de tu comunidad estás muerta”. Si bien es el antagonista, la madre de Esty (de quien fue separada al poco tiempo de nacer y con quien no establece vínculo al llegar toda otra historia que no les voy a spoilear), le dice: “Siempre hay un Moishe”, indicando que el personaje es un modelo, es quien viene a buscarte y te convence que no hay un horizonte diferente para las mujeres ni fuera de las normas.

La miniserie es audaz en hacer notar que el marido, Yanki, también es preso de presiones patriarcales, limitaciones y estructuras. La propia madre está pendiente de cómo es el sexo con su esposa, si queda embarazada, si Esty hace sentir a Yanki un “rey” en la cama (lo cual es su deber), es quién supervisa la relación en la intimidad y el máximo problema de Esty en la comunidad: no puede “consumar el matrimonio”, no puede tener relaciones sexuales porque le duele la penetración, y por tanto un año después del matrimonio sigue sin quedar embarazada, lo que aumenta la presión siendo este su principal deber.

Además de la relación de Esty con ella misma, con sus propósitos, dificultades y decisiones, en varias oportunidades se detienen a abordar la relación del varón con el sexo. Hay una escena donde Moishe lleva a su primo Yanki a un lugar de juego y prostitución y lo obliga a irse a acostar con una prostituta, pero a él le da asco pensar en tocar “otra mujer”, él sigue al pie de la letra la Torá a diferencia de Moishe. Sin embargo le pregunta con cierto pudor y curiosidad a la prostituta: “¿Que les gusta a las mujeres que les hagan?”: al hombre tampoco se lo educa para dar placer a la mujer sino para procrear y los varones poco se lo preguntan.

La escena final es también dura e impresionante: él la ve cantar en público, una escena conmovedora hasta la médula, las mujeres tienen prohibido cantar en público porque es considerado seductor e impropio en la comunidad ortodoxa a la que pertenece. Entonces Yanki, personaje sensible, inquieto interiormente, confundido por el comportamiento de su esposa y las normas de su comunidad, parece comprenderla, y realiza un acto simbólico extremo, rompe un mandamiento fundamental de la Torá para demostrarle que “él también puede cambiar”, pero ella ya ha decidido su destino, es desgarrador, porque Esty lo hace por ella misma, mientras él para convencerla de que vuelva.

Un drama profundamente humano y con una lectura feminista que aborda el autodescubrimiento, el pasado somete y la necesidad de emancipación de la opresión y el miedo paralizante. También aborda el patriarcado, la religión y la ideología sin caer en clichés. La actuación de Shira Haas y Amit Rahav complementada por la de Jeff Wilbusch son muy buenas. Pero se destaca Haas quien interpreta muy bien el rol de esta joven tímida y obediente pero que desde su rigidez, a veces tan solo con la mirada o un gesto nos transmite de dentro bulle un mundo que se debate entre pertenecer pero que estalla, se libera, se distiende, alcanzando algunos momentos simplemente poéticos. Recomendable.