Presupuesto nacional: una tragedia y una farsa

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Por Micaela Melgar

La primera vez que un Lacalle propuso un presupuesto nacional fue una gran tragedia para el país y esta segunda vez que un Lacalle propuso un presupuesto nacional es una miserable farsa; pero no solo por eso el presupuesto es una tragedia y una farsa. Lo es por repetición y lo es por contenido.

El presupuesto nacional es una farsa porque se basa en un supuesto inexplicable de recuperación económica futura en base al consumo interno en un contexto de inflación y de reducción del salario real. El gobierno tiene estimaciones que no son congruentes con ningún análisis externo y que además son solo declaradas, no están presentes en el presupuesto de forma de poder contrastarlas.

Es una farsa también porque en su artículo 7 habilita al Poder Ejecutivo a topear la ejecución según las necesidades fiscales definidas por el gobierno. O sea, el Parlamento va a votar un presupuesto pero no sabemos qué implicancia va a tener esa decisión en la ejecución real, por lo tanto el papel del Poder Legislativo se ve, una vez más, disminuido frente al del Presidente. O al del director de OPP, no queda claro ya que Lacalle dice que no leyó el articulado.

Es una farsa porque sigue vigente el decreto 90/2020 y por lo tanto las funciones que no están afectadas explícitamente, lo están implícitamente. No habrá gente para llevar las políticas públicas adelante, el plantel estatal estará reducido y envejecido; por lo que la idea de un estado eficiente es insostenible. Mucho menos un estado que aborde los nuevos desafíos.

Este presupuesto es una farsa porque quieren engañar a la población con supuestos incrementos que no son tales, un ejemplo solo –pero hay varios– es el supuesto incremento en el Ministerio de Desarrollo Social, que en realidad se debe a un pasaje de rubro desde el BPS para ejecutar la misma política: las asignaciones se pagaban desde la estructura del BPS pero ahora se van a pagar desde la estructura del Mides. Nada más, pero lo anunciaron como si fuera un aumento real, que no lo es, a pesar de las necesidades evidentes del país en desarrollo social.

Y por último, es una farsa porque se utiliza este proyecto para introducir cambios que nada tienen que ver con lo presupuestal, como por ejemplo modificaciones en la ley orgánica militar; con el objetivo de evitar los debates necesarios en esa materia y aprovechar la volada. Un sello ya característico de esta gestión.

Decía que es una tragedia y es una farsa. Es también una tragedia porque este presupuesto condena a los y las trabajadores a una pérdida salarial y por lo tanto, impactará también en una reducción de las jubilaciones.

Es una tragedia porque es un presupuesto que responde a los intereses de los poderosos, porque ataca la participación social y la reduce a su mínima expresión en diversos ámbitos donde estaba comprometida; un ejemplo claro es el caso del Observatorio de Violencia, pero hay decisiones similares en diversos incisos.

El presupuesto es una tragedia porque en un marco de incremento de las situaciones de violencia basada en género y generaciones no existe una correlación presupuestal de ningún tipo para la atención a esta necesidad altamente diagnosticada.

Es una tragedia porque se concentra el poder y porque recorta la inversión en educación, en salud y en vivienda. Porque en el marco de una crisis social y una estimación de aumento de la pobreza no existe un plan de desarrollo social ni un plan de atención a los niños, niñas y adolescentes, sino que hay una reducción del rol del estado desde un argumento conocidísimo: el pobre es pobre porque quiere. Literalmente dice eso:

«La pobreza se expresa en la insuficiencia de recursos materiales y deterioro en las condiciones de vida, y en muchas ocasiones subyace detrás de ello la *incapacidad* de generar esos recursos o ese bienestar en forma autónoma ya sea a través de *ejemplos dignos* o de emprendimientos sustentables. Una comprometida política contra la pobreza debe crear las oportunidades para que las familias y los individuos se *vuelvan capaces* de generar ingresos y establecer *lazos de cooperación con el resto de la sociedad*».

Hacía mucho tiempo que no leía algo tan explícitamente neoliberal.

¿Te das cuenta?