Querido Arístides

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Por Lylián Firpo

Elegí dedicarte una carta de ”hastadespués” ya que dolorosamente no habrá respuesta de tu parte. Podías sin esfuerzo, ser irreverente, eso te gustaba, (cuesta cambiar el tiempo verbal) cuestionador siempre, con el tiempo necesario para ser reflexivo partiendo de la premisa que todo hay que fundamentar y comprobar, fue como te puliste como periodista, desde aquel ahora lejano día en que llegaste de tu ciudad-república de Juan Lacaze directo a la redacción del diario del Partido y “Nino” te dio una cámara y que fueras a cubrir el Parlamento, tan recién llegado eras, pero sabían de tu capacidad y el respeto que te tenían, tanto, que llegaste preguntando por donde quedaba el Palacio Legislativo, tu primer nota en Montevideo.

Tu complicidad con las palabras y su música objetiva, se derramó durante años también por La Voz de la Arena que con una cadencia especial y tiempo propio pintó tu aldea lacazina y por ende el mundo. Y por los barrios montevideanos en el Eco del Cerro, eso te dio un conocimiento fraterno y directo, como para seguir contándonos las historias que tanto amabas compartir. Muchas fueron las veces que te pedí para que las escribieras, nuestros lectores las merecen, esas historias que se disfrutaron en las ruedas de mates los viernes temprano, como camaradas y periodistas mientras esperábamos que vinieran los difusores de Carta y luego de El Popular, años en los que el Partido vivía Congresos, sufríamos atentados, transitábamos etapas, nunca nos aburríamos. Las horas de armado del semanario y de la querida Brújula, la separata cultural, con “Palito” quien bautizó tu columna, con el entrañable personaje cantado mil veces por Alfredo, por cierto te lo dije y vuelvo a repetirlo, cuanto me hubiera gustado estar en aquellas reuniones clandestinas en algún bar de Buenos Aires, en las que pasabas el informe, tamaña responsabilidad. Y te escuchaban un Zitarrosa de corazón desgarrado por el exilio pero siempre firme con su Partido, con Tenuta y su búsqueda del equilibrio en la tristeza, con Juceca que encontraba risa escarbando sus bigotes, y hasta con doña Julia Arévalo que pasaba cerca y te susurraba la hora y lugar de la reunión y continuaba su camino por si la seguían… las cartas hechas columnas de opinión, si serán importantes.

Historias hilvanadas con tanta ansiedad que son un ancla para aferrarse a la vida. Participaste con tu orgulloso periodismo moldeado en las horas difíciles, en casi todas las publicaciones partidarias las que clausuraban y porfiadamente volvían, en las que no, fue por la no coincidencia con el tiempo real como Justicia, o por el espacio sin fronteras del mundo entero, en la diáspora, porque elegiste quedarte cerca y ser clandestino donde todos te vieran, pero no te reconocieran, por aquello de esconderse delante de todos. Cartas de lectores, columnas de opinión, y la agenda de Derechos Humanos, que se volvió referencia y consulta para organizaciones sociales y partidarias. Nunca perdiste tu capacidad de vinculación con los entrevistados, ni tampoco tu picardía, por ejemplo, cuando te pedía una carilla escrita a maquina, (nunca quisiste tipearlas en computadora), para el Arístides y te aparecías el martes, con una hoja añadida, pero una sola carilla. Esperabas con ansiedad los viernes para charlar toda la mañana con los difusores y se te despidió vuelta a la tierra, un viernes en la mañana, cuando te fuiste con tus amigos camaradas y compañeros para reírte y pelearlos, de gira, como te gustaba decir, y a nosotros apenas consolarnos ya que como vos, seguimos siendo marxistas leninistas y eso del mas allá, no nos cierra.

Nos queda cuidar tu preciado legado de lucha, por los Derechos Humanos, intentar igualar tus enojos por las injusticias y como revertirlas, tu constante atención por la organización de Partido, incluso en tus pagos dando ideas, charlas en tus visitas. Estas líneas son quizás una herramienta subjetiva para intentar acostumbrarnos a que no estarás.

Querido Walter, “hastadespués”, lo lograste, no será lo mismo sin vos El Popular.