Será con lucha

Esta semana volvió a expresarse, con mucha claridad, el escenario en el que estamos transitando. Por un lado el bloque de poder, con el gobierno de la coalición de derecha y las expresiones sociales de las clases dominantes, en particular las patronales, intentando imponer la restauración conservadora y el ajuste neoliberal a marcha forzada; y por el otro, las expresiones políticas y sociales, sobre todo estas, del bloque político y social de los cambios organizando la lucha para enfrentarlo.

Un escenario de agudización de la lucha de clases.

Está en marcha una reconversión conservadora del Uruguay, un intento de correr toda la sociedad hacia la derecha, de demoler, simbólica y materialmente, todas las conquistas acumuladas por el pueblo, todos los avances en la democratización de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Y una parte sustantiva de esos avances es la propia organización popular, la unidad social y política del pueblo, sus herramientas, su capacidad de movilización y de propuesta.

Por eso la LUC, por eso la Ley de Medios, por eso el ataque permanente a la gestión del Frente Amplio, por eso el aumento de tarifas, por eso el aumento de impuestos, por eso la devaluación récord, la subida de precios, por eso la caída del salario y de las jubilaciones, provocada ya y promovida hacia el futuro con la política salarial que se busca imponer, por eso el anuncio descarnado de la ministra de Economía de que pueden caer las políticas sociales, ya recortadas de hecho, si no consigue el objetivo sacrosanto que le impone su dogmatismo neoliberal, el equilibrio fiscal.

Y por eso el ataque permanente al movimiento sindical, a sus organizaciones, a sus dirigentes, la demonización de la protesta social, de la movilización, y es más, de la propia organización popular en sí misma.

La restauración conservadora además de concentrar la riqueza, para eso busca bajar los salarios y las jubilaciones y reducir el peso económico del Estado, también quiere la concentración del poder, para eso impulsa la reducción del peso político del Estado, de su peso simbólico en la sociedad, y, sobre todo, busca fragmentar al movimiento popular, atomizarlo, desmovilizarlo. Buscan una sociedad de apáticos consumidores no de ciudadanos activos y participando.

Por eso es tan importante la respuesta popular en todos los planos. Esta semana la Asamblea General del SUNCA, con más de 15 mil obreras y obreros, fue un aporte sustantivo para darle fuerza a esa respuesta popular. En primer lugar, por la capacidad de organización y movilización demostrada. Por la elevación del estado de ánimo y la disposición combativa de las y los trabajadores de la construcción, de todas y todos los militantes sindicales y del campo popular en su conjunto. La Asamblea General del SUNCA, masiva y combativa, fue una señal fuerte y clara de que lo conquistado será defendido y que hay capacidad de ir por más, aún en esta correlación de fuerzas.

Se equivocan quienes, como algunos medios de comunicación que responden al poder, buscan hacer centro en los matices sobre táctica en el seno del movimiento sindical. Eso es intentar mirar el mundo por el ojo de una cerradura. Los matices, que existen, se resolverán en debate democrático y en unidad, como es tradición, y muy querida, del movimiento sindical y popular uruguayo. Pero no es en ellos que hay que medir el impacto de la Asamblea General del SUNCA. La multitudinaria asamblea obrera es una señal fuerte y clara, sí, pero para el gobierno y las patronales, la consigna con que se realizó, refrendada con miles de manos en alto, lo dice todo: Ni un paso atrás, trabajo, pan y salario.

Abonan en el mismo sentido el mantenimiento de las ollas populares, la lucha de los trabajadores del transporte de carga e interdepartamental que enfrentan el vaciamiento de la negociación colectiva y una rebaja salarial salvaje, la lucha de las y los trabajadores del comercio, el activo y las movilizaciones de la UNTMRA conmemorando los 70 años de la histórica huelga general de 1950. Y también, por supuesto, la paciente construcción unitaria desde el pie, con la Intersocial en todo el país.

Esta ronda de Consejos de Salario es especial, porque es la primera desde que se reinstalaron con un gobierno de derecha y además en medio del impacto económico y social de la pandemia.

Por supuesto que está en juego la defensa del salario, el principal factor de distribución del ingreso y de la riqueza, y el principal elemento, junto con el empleo, para reducir la pobreza.

Venimos de 15 años de recuperación y crecimiento salarial, el mayor de América Latina, fruto de las políticas de los gobiernos del Frente Amplio y de la lucha del movimiento sindical, de las dos cosas.

En un momento de crisis es cuando más hay que defender el salario, que además en nuestro país determina también el monto de las jubilaciones y pensiones, que ajustan por el Índice Medio de Salarios. Por un problema de justicia social, pero también por un problema de necesidad económica. En un momento de contracción del comercio mundial, como ya quedó demostrado en la crisis financiera internacional del 2008 y luego en la recesión de Brasil y Argentina por los desastres neoliberales, el mercado interno, el consumo de las y los uruguayos, es un factor que atempera ese impacto. Por lo tanto, bajar los salarios y las jubilaciones, además de injusto, es económicamente suicida en esta situación. Solo generará más recesión, más desempleo y, por supuesto, más pobreza.

El tema es que para el gobierno de derecha y sus tanques de pensamiento neoliberales, a los que es tan afín el lobby de Carrasco y del British que domina gran parte del elenco económico actual, el mandato dogmático innegociable es conseguir como objetivo supremo un equilibrio fiscal, el salario y el presupuesto público solo son vistos como dos variables de ajuste para lograrlo.

Por todas esas razones la defensa del salario, de las jubilaciones y pensiones, es central.

Pero cuando hablamos de defender la negociación colectiva hablamos de mucho más que del salario.

La negociación colectiva, con los Consejos de Salario en el centro, es un avance democrático decisivo de nuestro país. Es un elemento de democratización del poder, en un aspecto centralísimo, la relación entre el capital y el trabajo.

En los Consejos de Salario se discute mucho más que salario, se discute la organización del trabajo, las categorías, la capacitación profesional, la salud y la seguridad laboral. Sin Consejos de Salario no habría cláusulas de género en los Convenios Colectivos, que permitieron reducir el desigual acceso de la mujeres al trabajo y la más desigual remuneración salarial. Tampoco habría salas de lactancia. Ni protocolos de seguridad laboral, o la propia Ley de Responsabilidad Penal Empresarial, cuyo primer antecedente está en la negociación colectiva. No habría Fondos Sociales, con todos los beneficios en capacitación, apoyo en salud dental, en acceso a la vivienda, a la cultura y al deporte que han significado y significan para miles de trabajadores y sus familias.

Las patronales siempre estuvieron en contra de la negociación colectiva y de los Consejos de Salario. Se opusieron a su aprobación en la década del 40 del siglo pasado. Buscaron y consiguieron limitarlos, igual que las 8 horas, al ámbito urbano, dejando fuera por décadas a los trabajadores rurales. Cada vez que pudieron los sacaron o los vaciaron de contenido, antes de la dictadura, en la dictadura y después de la dictadura.

Tanto es así que la UNTMRA está celebrando los 70 años de un huelga general, la primera con ocupación de los lugares de trabajo en América Latina, que fue en defensa de los Consejos de Salario.

Y no es un tema formal o legal solamente, en los Consejos de Salario, en la negociación colectiva, el movimiento sindical crece en influencia, en organización, se fortalece.

Golpear a la negociación colectiva, anular o vaciar de contenido a los Consejos de Salario, además de ser un objetivo económico, es decir, un instrumento para conseguir el objetivo de concentrar la riqueza bajando los salarios y jubilaciones; es también un objetivo político, busca debilitar al movimiento sindical, golpearlo, quitarle herramientas.

Todo eso está en juego. El salario sí, las jubilaciones sí, pero también uno de los espacios donde más se avanzó y donde más se democratizaron las relaciones de poder.

Por eso generó tanta alegría y entusiasmo la Asamblea General del SUNCA. Como lo hicieron el 1º de Mayo, el 20 de Mayo, el 4 de Junio y el 27 de Junio. Como lo hará el 30 de Julio con la movilización convocada por la Intersocial.

Porque es el pueblo que encuentra la manera, con sus herramientas organizativas, de expresarse, de movilizarse y, al hacerlo, transforma la realidad.

Enfrentar la restauración conservadora y el ajuste neoliberal demanda unidad, organización y perspectiva. Pero hay una cosa más: Será con lucha.