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Tabaré es del pueblo uruguayo, de los postergados

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Por José Mujica (*)

A Tabaré se le recordará por la lucha contra el tabaco, por el presupuesto de salud, por resolver esos problemas que siempre lo acompañaron y hoy, en este momento de pandemia, es bueno que lo recordemos.
Y pienso que nos deja un desafío enorme por delante. La mejor manera de homenajearlo, las nuevas generaciones, es seguir militando por un país mejor, un poco mejor. Y yo sé que es un recuerdo frentista. Tengo que recordar algo que dijo un compañero poeta que todavía vive: “Los hombres grandes no tienen divisa. Son la divisa, cuando se van”. Por eso Tabaré no es solo del Frente, es del pueblo uruguayo. Es de La Teja. Es de los postergados. Y la cosa que más me emociona cuando lo recuerdo es la Ceibalita. El Plan Ceibal. ¿Por qué? Porque se dio cuenta a tiempo que la etapa que venía era de un mundo digital y que probablemente los más pobres, los más olvidados, les iba a costar porque iban a llegar tarde a la influencia de eso. Y recuerdo bien que el Ceibal empezó en un pueblo en el interior, y se desparramó primero en el interior. Y apuntó a los niños tal vez más postergados.
El compañero Tabaré ha tomado su rumbo definitivo y quiero dedicar un poco de tiempo a los recuerdos, al homenaje, a este compañero tan importante para el devenir, para la suerte del pueblo uruguayo.
Y quiero detenerme no tanto en las grandes cosas, que se han difundido enormemente, en estas horas, en todos los espacios, sino pintar algunas anécdotas de vida con él, de las cosas que no componen la historia, pero reflejan un carácter, un modo de ser, una humanización de la vida.
Y le ponen el por qué del encanto de la personalidad del compañero Tabaré Vázquez.
Se ha contado muchísimo en estos días sobre su vida, su quehacer, ha habido análisis de todo tipo, yo voy a ir a cosas pequeñas, pequeñas para el mundo.
Tabaré no solo era un médico brillante, era un excelente cocinero, le gustaban enormemente las salidas al campo y la pesca, cuando podía contar con uno o dos días para acampar en un costa, tener un carpa, juntarse con los amigos y hacer buena comida. La pesca era un pretexto para cocinar.
Y así en el fogón hacía maravillas culinarias. Una vez tuvimos un encuentro acá cerca en mi barrio, en el quincho de un vecino, nos juntamos con varios compañeros, él era ya candidato a presidente y estaba Mariano Arana, que era el intendente en aquel momento. Y Tabaré se llevó un buen rato, nos dio una clase práctica de cómo se hace un buen pirón, acudiendo a la sartén, al picado de la cebolla, a los aditivos, a la fariña y a un estupendo caldo gordo. Recuerdo que dentro de esa comida había unos chorizos y unas morcillas majestuosas, no de esas cosas de fábrica, de marca, factura casera que había hecho con mucho oficio un vecino. Y Tabaré quedó tan encantado que quiso conocerlo y allá fuimos, a conocer esos vecinos y a saludarlos, que tenían la magia de hacer unos chorizos y unas morcillas estupendas.
Un tiempo después, en las costas del San Juan, no del lado de Anchorena sino del otro lado, donde está la vieja estancia que fue de los ingleses y que centro de una clásica bodega que debe recordarse en la historia vitivinícola del Uruguay, San Juan es el lugar donde golpean menos las heladas tardías, que es un gran flagelo de la viña y de la uva, porque allí se encuentran las aguas calientes del Paraná y del Uruguay y hay un microclima muy especial, en las costas de ese río Tabaré nos dio una clase de lo que es un buen gazpacho, al punto que mi compañera Lucía le pidió la receta, y Tabaré se tomó el trabajo de escribirla y mandársela.
Son pequeñas cosas que no cambian el mundo pero pintan un modo de ser.
Naturalmente, en sus años de gobierno, me impresionaba la velocidad para entender problemas complicados, que no eran precisamente su especialidad técnica. Era brillante porque recogió de la medicina la aplicación constante del método científico y eso le habría las entendederas, rápidamente, para entender cosas de las diversas que se presentan en la tarea de gobernar.
Cuando me tocó ser ministro, una tarde le expliqué detenidamente por qué era conveniente ir a la trazabilidad obligatoria de la ganadería uruguaya, con el método de las caravanas, hacer un registro, etcétera, explicándole las ventajas que significaba para el comercio del futuro, porque seguramente que nuestros competidores, nuestros grandes vecinos, difícilmente podían embarcarse en una tarea de esa magnitud, pero el Uruguay, por sus dimensiones, podía diferenciarse y a la larga en el mundo, pensaban, que una diferenciación de ese tipo iba a ayudar en la lucha de mercados, como creo que ha ayudado. Este problema, con sus muchas idas y venidas, rápidamente lo entendió, lo impulsó, lo acompañó y lo respaldó. Como tantos otros.
Por eso sentimos que se nos fue un compañero insustituible que nos ha dejado un compromiso tremendo a las nuevas generaciones. Que era un enamorado de la biología, al punto que cuando hablaba de problemas biológicos le cambiaban las facciones de la cara, era una cosa que impresionaba. A mí, por lo menos, me impresionaba.
Y el tiempo que perdía en explicarnos, a veces, cómo funcionaba una glándula en el organismo o las aventuras genéticas. Siempre estaba con el corazón y la mente abiertas para explicar temas biológicos, que podían tener asunto con la tarea de gobernar o no, pero evidentemente los circuitos de la vida eran una pasión para él.
Por eso el Uruguay tuvo la ventaja de tener un médico preocupado por la salud de la gente, por la vida. Era un médico, pero además, filosóficamente, un enamorado del espiral de la vida, más allá de la vida humana, de la vida con mayúscula. Esa cosa tan peculiar que se da en la diferenciación de este planeta, que seguramente existirá en la magnitud del Universo, pero tiene ese algo, que vive, que se muere, que nace, que vuelve a nacer y que lucha permanentemente por existir, por reproducirse, que se llama vida.
Se nos ha ido el compañero con estas preocupaciones, quede su siembra, quede su aliento, quede el ejemplo de su compromiso y quede, sobre todo, la convicción de que la voluntad humana organizada colectivamente puede lograr aventuras de cambio y de mejora constante en el existir de una sociedad.
El recuerdo a Tabaré es un recuerdo activo, de seguir pensando, luchando y comprometiéndose por un país mejor, por una sociedad mejor, por un mundo mejor, y ¿por qué no? una lucha dentro de nosotros mismos por ser un poco mejores.
Este es el mejor homenaje que le podemos hacer al compañero que se fue.
Gracias y hasta siempre, como siempre, Tabaré.

(*) Ex presidente de la República, elaborada en base a su columna en M24 y declaraciones del 6 de diciembre.

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