Una semanita sin noticias

Gonzalo Perera

En el idioma inglés es muy común usar la frase “No news, good news” (algo así como “no tener noticias, es una buena noticia’), para referirse a una amplia gama de situaciones (como viajes de algún ser querido, por ejemplo) donde si ocurre algo muy malo, uno se entera enseguida, por lo cual no tener novedades es auspicioso. Sin embargo, no creo que a nadie se le pudiera ocurrir que esa frase podría terminar siendo casi un emblema del gobierno actual del Uruguay.

Todas las semanas, como si fuera una cita rigurosa con el ridículo y lo inverosímil, el gobierno multicolor nos regala un par de metidas de pata, de esas que no sólo revelan su grado de ineptitud, carencia absoluta de transparencia y de códigos republicanos de convivencia, sino que nos coloca peligrosamente bajo sombras muy oscuras, de las que no es fácil salir, al tiempo que ridiculizan a Uruguay en el mundo.

No alcanzaron los containers con sojaina, las compras esotéricas del entonces ministro Germán Cardoso, la baja de varios jerarcas policiales o carcelarios por todo tipo de escándalos, el narco-pasaporte VIP llevado a Dubái, los reiterados aprietes a los trabajadores de la prensa, cuando nos encontramos con dos nuevos episodios que realmente parecen difíciles de superar.

Sin banalidades

Alejandro Astesiano cumplía funciones como jefe de la custodia personal del presidente Lacalle Pou. Entendámonos: es una de las personas en las que nuestro primer surfista confió nada más ni nada menos que su vida. Ud. me dirá que estoy exagerando, pues en Uruguay “no pasa nada” y el presidente hace surf tranquilamente. Yo le responderé que ya no estamos en 1950. Qué por fútbol o negocios vinculados, se han organizado asesinatos a sangre fría en plena vía pública entre las barras bravas de los principales clubes de fútbol. Qué en la frontera, el sicariato es industria y que según lo que se maneja a nivel callejero, en cualquier departamento de frontera, es muy poco lo que vale una vida. Y, por cierto, el presidente surfea, pero no sin custodios rodeando las cercanías de la que es o era su morada. Gente alterada hay en todos lados y un presidente siempre está muy expuesto, así que nada de “la excepción uruguaya”. Aquí como en cualquier parte del mundo el cargo para el que se eligió al Sr. Astesiano es de una particularísima confianza. En estos días se divulgó que la Justicia formalizó la investigación contra Alejandro Astesiano por tres delitos vinculados a la falsificación y tráfico de documentación oficial, y dictó prisión preventiva por 30 días. 

Entendámonos, el Poder Judicial es independiente y el Sr. Astesiano tiene, como todo ciudadano, el pleno derecho a todas las garantías del debido proceso. Por ello, hasta que el Poder Judicial no dicte sentencia, debe tratarse con cautela su situación, por el principio básico de “presunción de inocencia” hasta confirmación de lo contrario. Dicho esto, la prisión preventiva inmediata no se dispone por cualquier pavada, y la información que por diversas vías comienza a emerger, indica que, sea cual sea la sentencia que reciba el Sr. Astesiano, varias cosas huelen muy mal. 

Lo primero es volver a dimensionar el cargo de jefe de custodia presidencial. Es mucho más que jefe de la seguridad privada de un club de fútbol, o de una empresa cualquiera o salón de fiestas. Es el responsable de la seguridad presidencial. Viaja con el presidente, debe brindarle seguridad aún de vacaciones, aun cuando quiere perderse en el anonimato, al igual que cuando recibe y actúa como jefe de Estado ante otros dignatarios. Por ende, es más que obvio que a un candidato a tal tarea, se lo analiza con rayos X, se hurga en sus antecedentes, recomendaciones, aptitudes, posibles objeciones. Resumiendo: sus antecedentes se analizan con lupa.

Sin embargo, las noticias que han surgido en estos días hablan de un candidato con antecedentes, con abundantes indagatorias judiciales y desde hace mucho tiempo. El presidente se manifestó sorprendido por la situación del Sr. Astesiano, por lo cual caben dos interpretaciones posibles:

a) No está diciendo la verdad.

b) Dice la verdad y eligió para ese cargo a quien le caía bien, sin relevar responsablemente antecedentes.

Ridículo es poco decir

No logro imaginar bajo qué parámetros alguna de las dos posibles interpretaciones no deja al presidente y al Uruguay en un absoluto ridículo, como mínimo.

Pero, además, comienzan a surgir informaciones, denunciadas por la fiscal a cargo, Dra. Gabriela Fossati y en curso de investigación, de que el Sr. Astesiano habría usado su oficina del piso 4 de la Torre Ejecutiva y su situación de poseer contactos privilegiados, para atraer o concretar acuerdos con clientes de la red de tráfico de documentación, etc., a la que estaría vinculado. Cabe preguntarse si esto es efectivamente cierto, y de serlo, si eso lo hacía mientras el presidente barrenaba olas, o si el presidente no tiene la más remota idea de los movimientos de Torre Ejecutiva y sus nexos, protagonizados por su propio personal de muy estrecha confianza.

Es gravísima la situación investigada. Habrá que esperar a los pronunciamientos judiciales y a la confirmación de información, pero, y quede claro que no lo digo con placer sino con dolor, ya en medios internacionales Uruguay está siendo usado, una vez más, como ejemplo de republiqueta bananera, por una nueva barrabasada presidencial.

Pero no termina allí la “noticia” de la semana. Mauricio Claver-Carone, ciudadano estadounidense, fue en su momento promovido a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por el entonces gobernante Donald Trump. Uno de los 23 países que lo respaldó y lo ungió a la cabeza del BID en 2020, fue Uruguay, por decisión expresa de Lacalle Pou. Esa decisión implicaba romper una larguísima tradición de no votar candidatos estadounidenses sino latinoamericanos al frente del BID. Esa decisión personal de nuestro primer surfista fue objeto de críticas de uno de sus padrinos, como Julio María Sanguinetti. De ese nivel fue la patinada de una decisión infantil, antojadiza, autocrática y cipaya.

Por aquello de que al árbol lo juzgarás por sus frutos, veamos que aconteció con esa aventura del presidente que confunde al Estado uruguayo con su jardín personal.

Recientemente una investigación interna del BID reveló que Claver-Carone tenía una relación sentimental con una de las más altas jerarcas del BID (lo cual está prohibido en sus estatutos), y que la funcionaria en cuestión había sido objeto de aumentos salariales extraordinarios, indicando la punta del iceberg de un uso indebido de fondos, lo cual, en una institución como el BID, es obviamente gravísimo. Claver-Carone fue destituido de su cargo, y, por ende, la bala de plata de la política exterior de Lacalle Pou, rompiendo con largas tradiciones y hasta con el consejo de uno de sus padrinos, lo llevó a colocar a Uruguay en la selecta lista de promotores de un funcionario internacional involucrado en escándalos sexuales y financieros.

Uno empieza a preguntarse si esta locura semanal tendrá acaso un final, o si será así que seguirán “los 5 mejores años de nuestras vidas”: de papelón en papelón.

Además, con el presidente Lacalle Pou tratándonos a todos como estúpidos, al decir que no tenía ni idea de lo que hacía su jefe de seguridad.  Si es así, es un descriteriado para contratar personal de confianza, en caso contrario, nos está mintiendo: no hay opción buena en esta disyuntiva.

Por favor, una semanita sin noticias presidenciales, que ya no se aguanta más.

Foto de portada:

Luis Lacalle Pou durante una conferencia de prensa en la Torre Ejecutiva. Foto: Daniel Rodriguez /adhocFOTOS.

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