Vientos de pueblo

El 1° de Mayo fue una auténtica bocanada de aire fresco, en medio del ahogo de la pandemia y de la crisis económica y social, agudizada por el ajuste y la ceguera neoliberal que golpea al Uruguay.

Fue extraordinaria la respuesta a la convocatoria del PIT-CNT, bajo la consigna: “Primero la vida, primero el trabajo”. Decenas de miles de hombres y mujeres de todas las edades, respondieron organizadamente en más de 600 puntos de los 19 departamentos de nuestro país. La participación, en medio de las restricciones que impone la pandemia, fue más grande que la que se da en los actos tradicionales del 1° de Mayo. Si, el movimiento sindical uruguayo hizo la proeza de hacer un 1° de Mayo más grande de lo normal en plena pandemia y por segundo año consecutivo. Además, se recolectaron toneladas de alimentos para las Ollas Populares, es decir, se hizo material la solidaridad con quienes más la necesitan; y se juntaron 80 mil firmas para habilitar el referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración, es decir, se hizo un aporte fundamental en una de las batallas políticas e ideológicas centrales para enfrentar la restauración conservadora.

Todo eso pasó el 1° de Mayo y es necesario reivindicar su trascendencia, porque parece que no hubiera pasado. El aluvión de informaciones, alimentado hasta el paroxismo por los medios hegemónicos y las redes sociales, tiene un efecto de dispersión que dificulta cualquier síntesis superadora.

El movimiento sindical uruguayo ha demostrado una vez más su representatividad, su poder de convocatoria y su nivel de organización. La centralidad de las y los trabajadores en el Uruguay es ganada a pulso, a organización y conciencia, a movilización y capacidad de propuesta. Y este 1° de Mayo se expresó como un vendaval.

Y en el 1° de Mayo confluyeron el conjunto de las organizaciones del movimiento popular, sociales y políticas. Algunas de las razones del avance de las clases dominantes, de la conquista del gobierno por sus expresiones políticas y de la posibilidad de impulsar la restauración conservadora son el insuficiente nivel de organización, de unidad entre los sectores del movimiento popular y la separación existente entre las expresiones sociales de este y las políticas. El 1° de Mayo, la solidaridad con las Ollas Populares y la recolección de firmas contra la LUC, han permitido el encuentro del movimiento popular, su movilización conjunta. Y cuando esto ocurre, la potencialidad transformadora de la realidad, material y práctica, se proyecta a un nuevo nivel, es que la unidad multiplica, no suma. Eso se expresó el 8 de marzo, con la FEUU juntando firmas y apoyando las ollas en su 92 aniversario, cotidianamente en las Ollas Populares y en la juntada de firmas, lo hizo con una fuerza enorme el 1° de Mayo y lo hará este 20 de Mayo, junto a Madres y Familiares de Desaparecidos.

Y todo eso se realizó con un PIT-CNT defendiendo a los que están más golpeados, hablándole a todo el Uruguay, reclamando un diálogo nacional para construir salidas a la crisis.

Esta actitud política contrasta, notoriamente, con la de un gobierno preso de su ideología neoliberal, que intenta esconder su fracaso ante la pandemia y su impacto económico y social con provocaciones como las del ministro Javier García en el Parlamento, agitando la bandera del anticomunismo, la de legisladores herreritas atacando a las Ollas Populares, o los burdos ataques del senador Gustavo Penades al movimiento sindical. Cabe preguntarse: ¿A dónde quieren llegar?, ¿qué es lo que buscan provocar? Después hablan de grietas, cuando cotidianamente buscan la confrontación, apelan a la mentira y rechazan el diálogo. Mientras su gobierno hace agua por todos lados, mientras concentran la riqueza y el poder, quieren resolver con discursos lo que no pueden en la realidad.

Para eso la única respuesta posible es la organización popular, la unidad y la lucha. En esta etapa de enfrentar y derrotar la restauración conservadora y abrir caminos para avanzar, la organización del movimiento popular y su unidad son uno de los espacios centrales para acumular fuerzas.

El 1° de Mayo fue un gran momento de acumulación de fuerzas del pueblo, un salto en cantidad y en calidad. Es necesario atesorarlo y recordar que el estado de ánimo de la militancia y de los sectores populares es un factor clave, no suficiente, pero si imprescindible, para resolver las contradicciones planteadas en la sociedad con una síntesis superadora.

Y, como dice Ruben Olivera, a quien volvemos a citar: “Por hoy, la gente sueña y quiere ver, que mayo venga desbordando, desde su propio corazón”. El 1° de Mayo se dio un gran paso para que así sea, ahora hay que darle continuidad y profundidad.