Movilización por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, en el centro de Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

25N: Marcha contra la violencia hacia las mujeres

Tras finalizar la multitudinaria marcha el pasado martes en la Universidad de la República, desde la Secretaría de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT se procedió a la lectura de la proclama, ante miles de mujeres, y a través de la cual se expresó que, este 25 de noviembre, una vez más han salido a las calles denunciando, señalando y exigiendo. “Dispuestas a construir la fuerza colectiva necesaria para transformar este país desde sus raíces”.

Se indicó que mientras exista una sola mujer violentada, precarizada o empobrecida, no se puede hablar de democracia plena. “Mientras el miedo marque nuestras vidas cotidianas, no podemos hablar de libertad. Y porque mientras la desigualdad económica sea la norma, no existe igualdad real”.

Este día nace de una lucha histórica. Nace de la memoria de mujeres asesinadas por resistir la opresión. Se recuerda el asesinato de las hermanas Mirabal, tres militantes políticas dominicanas que resistieron la dictadura de Nicolás Trujillo. Fueron secuestradas, torturadas y asesinadas en 1960 por enfrentar al poder económico y político. “Pero también nace del trabajo silencioso, persistente, de miles de mujeres trabajadoras, sindicalistas, rurales, migrantes, estudiantes, que sostuvieron la vida cuando nadie las veía. Ellas construyeron este movimiento. Ellas nos trajeron hasta aquí”.

“Hoy queremos decirlo con claridad, la violencia contra las mujeres no empieza en el primer golpe. Empieza antes. Empieza en la desigualdad económica. Empieza en la falta de ingresos. Empieza en los trabajos precarios. Empieza en los salarios bajos. Empieza en la informalidad. Empieza en la ausencia del Estado en nuestros barrios. Empieza en los cuidados no reconocidos. Empieza en el endeudamiento cotidiano. Esa violencia es estructural. Y tiene nombres: capitalismo y patriarcado”, denunciaron en su proclama.

Asimismo, se remarcó que En Uruguay, los datos son incontestables. “Las mujeres siguen ganando menos por realizar el mismo trabajo. Un estudio del Banco Mundial señala que las mujeres participantes en el mercado laboral uruguayo ganan hasta un 31% menos que los hombres por igual trabajo. Y en el ámbito del trabajo no remunerado, las mujeres dedican, en promedio, casi tres veces más tiempo a trabajo de cuidados y doméstico que los hombres”. Ese dato no es abstracto, “significa que mientras se sostiene la vida, se pierde poder adquisitivo, se pierde autonomía, se queda atrapada en la trampa de la sobrevivencia”.

A la vez denunciaron las mujeres acceden menos a los puestos de decisión. “Somos mayoría en los sectores más precarios. Y cuando llegamos a espacios de dirección, la violencia se intensifica, se nos cuestiona la legitimidad, la autoridad, la capacidad”. A esto se suma “la violencia basada en género que se apoya en la pobreza y la precarización de las mujeres”.

“La feminización de la pobreza no es un concepto teórico, es una realidad cotidiana. Las mujeres, especialmente jefas de hogar, representan la mayor proporción de hogares pobres. Más del 50 % de las mujeres que trabajan lo hacen en condiciones de informalidad, parcialidad involuntaria, bajos salarios o sin protección social”, se detalló en la proclama.

Agregaron que “las mujeres son mayoría en los trabajos de limpieza, cuidados, comercio, trabajo doméstico, sectores con mayor rotación, mayor demanda emocional, menor remuneración, menor estabilidad” y aseguraron que esa precarización «no es neutra, una mujer pobre tiene menos herramientas para denunciar violencia, menos margen para renunciar, menos protección ante represalias, menos redes de apoyo”.

“Y si hablamos de mujeres afrodescendientes, migrantes, jóvenes, rurales o trans, la precarización se vuelve aún más profunda. Y no aceptamos que las trabajadoras sexuales sigan siendo criminalizadas, invisibilizadas y precarizadas por el mismo Estado que debería protegerlas”, reclamaron.

A la vez, las integrantes de la Secretaría expresaron que la precarización -material y simbólica- es un “arma de disciplinamiento”. Cuanto más precarizada esté una mujer, más vulnerable queda frente a acosos, abusos y maltratos. “La violencia basada en género y la pobreza no están separadas, son parte del mismo sistema”. Indicaron que “la violencia laboral no se entiende sin clase, sin género y sin una mirada profunda sobre la desigualdad estructural”.

En otro punto afirmaron que en todo el país, cada día, “miles de mujeres sostienen ollas populares, merenderos, comedores barriales, para que otras familias puedan alimentarse. Ese trabajo no se reconoce. No se paga. No se contabiliza”.

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