Esta edición de EL POPULAR tiene como elemento central el 55 aniversario de la fundación del Frente Amplio (FA). Es así cada año en febrero y esto no está motivado por el culto a una liturgia vacía. El nacimiento del FA es uno de los hechos más relevantes de la historia de la izquierda y de todo el Uruguay. Ahora que está de moda catalogar de histórico e inédito casi todo, como si el mundo empezara cada día, recuperar el valor real de los acontecimientos históricos es fundamental y mucho más para quienes militamos por la emancipación social.
En este editorial fundamentaremos esta afirmación y para hacerlo es inevitable, y a la vez imprescindible, reiterar conceptos ya expresados en anteriores aniversarios frenteamplistas. Lo haremos intentando abordar la perspectiva histórica, el presente desafiante y el futuro.
Con el nacimiento del FA se logra la concreción de la unidad de la izquierda sin exclusiones y de la herramienta política más importante que construyó el pueblo uruguayo para disputarle la hegemonía a las clases dominantes. Hablamos de que, como síntesis de décadas de luchas obreras y populares, se logra un salto en calidad en el proceso de acumulación de fuerzas para llevar al pueblo al poder.
EL POPULAR, testigo y a la vez protagonista de buena parte de ese proceso de acumulación de fuerzas, le dio, hace 55 años, el valor que efectivamente tenía y que la historia posterior confirmó. En su edición del 6 de febrero de 1971 titula con un concepto que luego reafirmaría con fuerza el general Líber Seregni, líder histórico del FA: “Ahora el pueblo al poder”. Esa era, y 55 años después sigue siendo, aunque los avatares de la cotidianeidad a veces nos lo hagan perder de vista, el objetivo explícito del FA.
Este 55 aniversario encuentra al FA en el gobierno nacional, el cuarto de su historia, en cuatro gobiernos departamentales, más de 30 gobiernos municipales, con la bancada parlamentaria más importante y siendo, por sexta elección consecutiva la fuerza política más votada del país.
Es muy importante la gestión de esos gobiernos, su acción transformadora, pero no los son todo, el FA nace para llevar el pueblo al poder, para disputarle la hegemonía a las clases dominantes y hay que asumir el ejercicio del gobierno, de la labor parlamentaria y la acción política como parte de esa perspectiva histórica.
Esto implica asumir al FA como parte del bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios, tanto por el proceso que culminó en su fundación, como por los desafíos del presente y, y muy especialmente, por los objetivos que se plantea para el futuro.
Como decíamos el FA nació como la expresión política unitaria de la izquierda y de la militancia sindical y popular, los sectores democráticos y progresistas de los partidos tradicionales, importantes sectores de la academia, la cultura y el arte y un importante grupo de militares democráticos, de izquierda y revolucionarios.
Su nacimiento es la síntesis de las luchas obreras de principios del siglo XX; de la solidaridad internacionalista; de la unidad obrero-estudiantil, del encuentro de los trabajadores y la Universidad; del proceso de unidad sindical y la creación de la CNT; de la construcción programática del Congreso del Pueblo; de la defensa de las libertades y la democracia contra la represión de varios gobiernos de la derecha, especialmente del encabezado por Pacheco Areco. El FA nace de ese proceso histórico que tuvo al pueblo como protagonista.
Jugaron un papel decisivo la valentía y la generosidad de dirigentes de todos los sectores de la izquierda, pero el FA es el resultado de la militancia de miles. Su profundo arraigo popular fue decisivo para que naciera, luego le permitió resistir el embate del fascismo y hoy constituye su herramienta principal para cambiar el Uruguay. La transformación social es obra del protagonismo popular organizado y el FA fue, es y debe seguir siendo su expresión política.
El FA fue y es unidad sin exclusiones de la izquierda, desde el Partido Comunista hasta el Partido Demócrata Cristiano, los sectores progresistas de los partidos tradicionales y pueblo organizado en los Comité de Base. Esa construcción cuya singularidad sorprendía hace 55 años en el mundo y lo sigue haciendo ahora.
El 5 de febrero de 1971 se firmó en el Palacio Legislativo la Declaración Constitutiva del FA, un documento histórico para el Uruguay. En ese documento que mantiene, en sus conceptos fundamentales, una vigencia absoluta, se señala que se quiere construir “un aparato político capaz de aglutinar las fuerzas populares auténticamente nacionales para agotar las vías democráticas a fin de que el pueblo, mediante su lucha y su movilización, realizara las grandes transformaciones por las que el país entero clama”. Para ello la construcción de “un frente político unitario”. El compromiso de “establecer un programa común”. La definición como una “coalición de fuerzas -que no es una fusión y donde cada uno de sus partícipes mantiene su identidad”, que “ha de estar dotada de una organización con núcleos de base y autoridades comunes”, es decir, el carácter de coalición y movimiento desde el momento fundacional. Otra referencia fundamental es “declarar que el objetivo fundamental del FA es la acción política permanente y no la contienda electoral”. También la definición de las señas de identidad de esa fuerza unitaria naciente: antioligárquica, antimperialista y la reivindicación del legado artiguista.
El general Líber Seregni, ese mismo día, en declaraciones también recogidas por EL POPULAR lo estableció con claridad: “Como simple ciudadano tengo la sensación y la emoción de haber asistido a un acto verdaderamente histórico que concreta en la formación del FA el renacer de un pueblo y la estructuración de un movimiento auténticamente popular por profundamente antiimperialista, de claro sentido de liberación nacional para alcanzar la verdadera justicia social y una democracia auténtica”. Vaya si tiene actualidad esa definición.
Antes de abordar los desafíos del presente y del futuro, es conveniente recordar, una vez más, que el FA significó la superación del principal instrumento de hegemonía política de las clases dominantes: el bipartidismo. Estamos hablando de un mecanismo que durante 150 años funcionó y que fue superado, obligando a las herramientas políticas de las clases dominantes a una redefinición de su estrategia y de su rol, aún en proceso de construcción.
Y también hay que recordar que la primera respuesta de las clases dominantes y del imperialismo yanqui a ese salto en calidad de la acumulación de fuerzas del pueblo fueron la dictadura fascista y el terrorismo de Estado y que el FA, apenas dos años después de su nacimiento, fue ilegalizado, sus dirigentes y militantes perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados, desaparecidos, obligados al exilio o estigmatizados y marginados en Uruguay, destituidos, despedidos y señalados como Categoría C en la miserable calificación de la dictadura a las y los ciudadanos. Y el FA resistió y creció y hoy es lo que señalábamos más arriba a pesar de toda esta barbarie. Se dice fácil, no tenemos derecho a olvidarlo ni por un instante.
Ninguno de estos dos elementos históricos, de enorme relevancia, son señalados con la importancia que se merecen.
Es parado en esa historia que el FA conmemora sus 55 años. Lo hace desde el gobierno nacional. Por supuesto que habrá en el acto aniversario que se realizará en la ciudad de Juan Lacaze, en Colonia, un balance de lo hecho en este año de gobierno nacional.
En esta edición hay entrevista al senador Óscar Andrade, secretario general del Partido Comunista de Uruguay; a Fernando Pereira, presidente del FA; a Analía Vila, presidenta de la Departamental de Colonia del FA y a Silvia Chauvie, del Comité de Base del FA de Juan Lacaze “El Bastión”, que abordan la acción del gobierno y los desafíos políticos del presente, de la lucha política e ideológica.
Se trata de no defraudar la esperanza de nuestro pueblo, cumplir con el Programa del FA, que no es un capricho si no la repuesta necesaria a las demandas de nuestro pueblo y a las necesidades de nuestro país, pero también de organizar el protagonismo popular, político y social, que permita avanzar en la transformación social, que incluye la acción de gobierno y parlamentaria, pero no se agota en ellas. Este año, esos desafíos serán abordados en el Congreso del FA.
Pero no podemos terminar este editorial sin abordar la situación del mundo en el que el FA conmemora su 55 aniversario y que hace que en la consigna del acto central se refleje, muy bien, una de las señas históricas de su identidad: “Antimperialismo y solidaridad, ayer y hoy”.
El presente de una crisis del capitalismo y un imperialismo en declive que defiende su hegemonía a punta de amenazas, cañonazos e invasiones, que el 3 de enero atacó a Venezuela, que hoy amenaza a Cuba directamente y la quiere rendir por hambre, también amenaza y chantajea a México, a Colombia y a todo el continente, exige reafirmar el antimperialismo. Luchar por la paz en el mundo, y muy particularmente en América Latina, es ser antimperialista. Quien destruye la paz, amenaza y agrede es el imperialismo yanqui y el régimen que lo gobierna, encabezado por Donald Trump.
El FA se ha pronunciado con claridad al respecto. El acto de este 7 de febrero en Juan Lacaze será muchas cosas: historia, festejo, compromiso con la transformación social y el gobierno nacional; pero será, debe serlo, una expresión de antimperialismo y solidaridad con los pueblos hermanos agredidos.
Todas estas razones nos convocan a conmemorar el 55 aniversario del FA y a ir a Juan Lacaze, ese bastión obrero y popular, que expresa en sí mismo toda esa historia de la que hablábamos.
A conmemorar 55 años de unidad, de lucha, de historia hermosa, presente de transformaciones y un futuro a construir con nuestro pueblo. El FA ha dado mucho, pero lo mejor está por venir y se construirá con unidad y protagonismo popular organizado, esa es la tarea.






















