Por Viviana Rodríguez (*)
A 107 años de su asesinato, su legado teórico-práctico continúa vigente dando luz a los procesos revolucionarios del siglo XXI, recordándonos que la única manera de ser pacifistas es ser antiimperialistas.
“Nos incumbe defender no solo el socialismo,
no solo la revolución, sino también la paz mundial.
La paz es la revolución mundial del proletariado”
Rosa Luxemburgo
La revolución en guantes y vestido.
Un 15 de enero como hoy, pero de 1919 era asesinada en Berlín Rosa Luxemburgo. Rosa fue una mujer revolucionaria. Ninguna de las hondas preocupaciones humanas de su tiempo le fueron ajenas. Su praxis política en distintos ámbitos lo demuestran. Fue comunista, feminista, internacionalista, antiimperialista y pacifista. Considerada una de las mujeres más destacadas del movimiento obrero polaco-alemán, fundó el Partido Comunista de Alemania. Junto a la “Rosa roja” también fue asesinado el militante revolucionario comunista Karl Liebknecht.
Ese 15 de enero Rosa se encontraba acompañando una de las tantas movilizaciones antibelicistas que mantenían a Berlín en un estado de agitación constante cuando fue apresada, luego golpeada, torturada, humillada, y ya sin vida arrojada a las aguas del Canal Landwehr. El cuerpo fue hallado cuatro meses después y reconocido por sus guantes y el vestido. Sus restos fueron acompañados por una multitud que expresó el dolor, la rabia y el vacío que causó su muerte. Sus últimas palabras escritas la madrugada anterior fueron: “Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!”
Cinco años antes de este trágico hecho, Rosa Luxemburgo junto a Karl Liebknecht, se opusieron rotundamente a la Primera Guerra Mundial que se iniciaba y para ello cofundaron la llamada Liga Espartaquista la cual colocaba en el centro de su acción política la lucha revolucionaria antiimperialista y antibelicista. Desde allí impulsaron publicaciones, mítines, ayudaron a organizar y acompañaron huelgas de trabajadores y movilizaciones sociales contra la participación alemana en la primera guerra mundial. Esta militancia les valió estar encarcelados entre 1916 y 1918. Una vez liberados, la Liga se constituyó en el Partido Comunista de Alemania.
“¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz?”
Así planteaba Rosa Luxemburgo uno de los nudos políticos más decisivos de comienzos del siglo XX ante la inminencia de la Primera Guerra Mundial, la cual ya se anunciaba en la tensión creciente entre las grandes potencias imperialistas dada la disputa colonialista, la carrera armamentista y el creciente militarismo.
Esta pregunta sobre el quehacer revolucionario apareció formulada en “Utopías pacifistas”, obra publicada en mayo de 1911. Allí plantea un análisis diagnóstico de la situación internacional en un período ocurrido 15 años antes y señala:
“1895 la guerra entre Japón y China, preludio al surgimiento del imperialismo en Asia Oriental; en 1898 la guerra entre España y Estados Unidos; en 1899-1902, la guerra de los ingleses y los boers en Sudáfrica; en 1900 la penetración de las potencias europeas en China; en 1904 la guerra ruso-japonesa; en 1904-1907 la guerra de los alemanes contra los hereros en África; en 1908, la intervención militar de Rusia en Persia; en este momento la intervención militar de Francia en Marruecos, sin mencionar las incesantes escaramuzas coloniales en África y Asia. La sola enumeración de los hechos demuestra que en el lapso de quince años no hubo uno solo sin actividad bélica de algún tipo”
Luego interpela:
“¿Dónde se ve alguna tendencia hacia la paz, hacia el desarme, hacia la solución negociada de los conflictos?
¿Cómo es posible hablar de una tendencia hacia la paz en el desarrollo burgués que neutralizará y superará las tendencias bélicas? ¿Dónde se refleja?”
Rosa desenmascara salidas idealistas de paz utópica que se encuadren dentro del sistema capitalista y de su fase superior el imperialismo, por considerarlas “lamentables medidas a medias”.
Propone salidas sustentadas en un análisis materialista de la historia:
“Mientras que nosotros, que nos basamos en la concepción materialista de la historia y en el socialismo científico, estamos convencidos de que el militarismo desaparecerá del mundo únicamente con la destrucción del Estado de clase capitalista.”
“¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz?”, se pregunta Rosa y nos preguntamos junto con ella.
En este mismo texto traza una atinada orientación que implica tareas en el orden de la lucha ideológica y política:
“Tratar de demostrarle al pueblo que el militarismo está estrechamente ligado a la política colonial, a la política tarifaria y a la política internacional, y que si las naciones existentes realmente quisieran poner coto, seria y honestamente, a la carrera armamentista, tendrían que comenzar con el desarme en el terreno político comercial, abandonar sus rapaces campañas colonialistas y su política internacional de conquista de esferas de influencia en todas partes del mundo: en una palabra, su política interna y exterior debería ser lo opuesto de lo que exige la política actual de un estado capitalista moderno. Y así se explicaría lo que constituye el meollo de la concepción socialdemócrata, que el militarismo en todas sus formas -sea guerra o paz armada- es un hijo legítimo, un resultado lógico del capitalismo, de ahí que quien realmente quiera la paz y la liberación de la tremenda carga de los armamentos debe desear también el socialismo.”
A 107 años de su asesinato, su legado teórico-práctico continúa vigente dando luz a los procesos revolucionarios del siglo XXI, recordándonos que la única manera de ser pacifistas es ser antiimperialistas.
Y asumiendo su legado feminista cabe también preguntarnos en tanto mujeres militantes de izquierda, mujeres uruguayas, mujeres del mundo: “¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz?”.
Hoy, en un mundo donde asistimos a la espectacularización del genocidio en Gaza, luego de los acontecimientos del 3 de enero que precipitaron una escalada bélica y de intervencionismo yanki en la región de nuestra América Latina, construir paz desde una perspectiva revolucionaria es una necesidad histórica para toda la humanidad, y sobre todo para los más oprimidos. En este sentido debemos visibilizar aún más el rol de las mujeres en los múltiples escenarios de conflicto, como protagonistas de los procesos de resistencia, solidaridad y organización popular.
Deberemos revitalizar en la práctica con iniciativas creadoras y creativas en clave nuestra, en profundo vínculo con todos los movimientos sociales, el corpus teórico del feminismo de nuestra América y del movimiento comunista internacional sobre la lucha antiimperialista.
En lo inmediato realizar los máximos esfuerzos para construir en cada lugar un gran 8M, donde además de nuestros históricos reclamos por igualdad, libertad y justicia social para las mujeres y disidencias, denunciar el rostro machista, racista y supremacista del imperialismo yanki que representa hoy Donald Trump.
Y decir fuerte y claro:
¡Fuera yankis de Venezuela y América Latina!
¡Por una América Latina como zona de paz!
(*) Secretaria de Género del Partido Comunista de Uruguay (PCU).























