Marcelo Abdala, durante el acto por el Día Internacional de las Trabajadoras y los Trabajadores en la Avenida Libertador en Montevideo. Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS

Abdala: “La unidad es una cuestión de principios”

Entrevista con el presidente del PIT-CNT al cumplirse 60 años del Congreso de unificación que cristalizó la unidad sindical con el nacimiento de la CNT.

En estos días se cumplen los 60 años del Congreso de unificación que aprobó los estatutos de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT). En diálogo con EL POPULAR, Marcelo Abdala, presidente del PIT-CNT, destacó la importancia de la unidad del movimiento sindical, analizó los factores históricos que contribuyeron al proceso de unidad y abordó los desafíos del presente y del futuro para las y los trabajadores.

Entre el 29 de setiembre y el 1º de octubre de 1966, hace 60 años, se realizó el Congreso de unificación en el que se aprobaron los estatutos de la CNT. Nacía así la central única de las y los trabajadores uruguayos y culminaba un proceso de décadas de luchas conjuntas, unidad de sindicatos por rama y luego en una central única.

Abdala destacó que la unidad ha permitido que “el movimiento sindical sea un actor relevante en la vida nacional, con una perspectiva de clase”.

-¿Cuáles son los principales componentes y el valor del proceso de unidad sindical que culmina en la creación de la CNT?

Más allá de la cronología hay cuatro vectores estructurales que se pueden observar en el proceso de unificación sindical.

El primero, es que la clase obrera se organiza en función de las determinaciones económicas, políticas, ideológicas en que actúa, y es absolutamente relevante que el funcionamiento de la Ley de Consejos de Salario, en la segunda mitad de la década de los 40 del siglo pasado, implicó el estímulo al desarrollo de grandes organizaciones sindicales de rama de actividad.

Inclusive historiadores, como Rodolfo Porrini, señalan ese proceso como el nacimiento de una nueva clase obrera en la vida del país. 

Es notorio que el formato de acción, de solidaridad y de organización, vinculados a grandes nucleamientos por rama de actividad, supera el esquema organizativo a nivel de empresa y el esquema organizativo a nivel de distintos gremios de oficio. Y le da una dinámica que ha permitido en la década del 40, principios de la década del 50, el despliegue de grandes procesos unitarios a nivel de ramas de actividad.

Un segundo aspecto es la necesidad que tiene la clase trabajadora en dirección de la unidad de acción y de la solidaridad. 

Para mí, desde una perspectiva de clase, la unidad es una cuestión de principios. 

Porque naturalmente que la propia existencia de la organización sindical es un proceso de desfragmentación, el trabajador, en el mercado de trabajo, se opone al capital a título estrictamente individual y por lo tanto esa relación es más que asimétrica. 

La unión libre y voluntaria para la defensa integral del interés de clase del trabajador requiere la unidad con la misma necesidad que la planta tiende al Sol.

Por tanto confluyen, en un período sobresaltado de la historia nacional, las necesidades de enfrentar la represión, los desafíos de todos juntos frente a los Consejos de Salario, la solidaridad recíproca en los conflictos. 

Ahí hay una necesidad que viene de los más hondo de la clase trabajadora, porque el proceso de unificación no fue un proceso de dirigentes, fue un proceso de masas, histórico-social. 

Un tercer aspecto es que desde el año 55, pero esto luego se aceleró en la década de los 60, la clase trabajadora se tuvo que enfrentar a la escalada autoritaria, de hecho la decisión de enfrentar un golpe de Estado con una huelga general por tiempo indeterminado con ocupación de los lugares de trabajo fue adoptada, estrictamente, antes de que finalizara el proceso de unificación, ante la emergencia del golpe de Estado en Brasil en el año 1964.

Esa perspectiva, de enfrentar tiempos complejos, creo que también fue un factor de aceleración de la unidad.

Y por último, un cuarto aspecto, porque en definitiva la unidad sindical es una unidad de clase, es una unidad de masas, pero también es una unidad programática e ideológica, creo que otros de los vectores que contribuyó con la unificación sindical tiene que ver con el impacto de una teoría de cuáles eran los problemas que enfrentaba la sociedad uruguaya.

Entre ellos como las relaciones de producción del capitalismo dependiente obstaculizaban el desarrollo de las fuerzas productivas, cuáles eran los antagonismos de los intereses presentados a nivel del conjunto de la sociedad, vinculados, a su vez, a una gran estrategia de organización de los sectores populares en unidad, no solamente la unidad sindical, sino la unidad obrero estudiantil, la unidad con el quehacer universitario, la unidad con los sectores laboriosos de la ciudad y el campo.

De hecho la CNT no nace con un programa aparte, hace suyo el programa del Congreso del Pueblo. 

Creo que en el laboratorio de la praxis histórica, universal, hay también una perspectiva de cómo construir una sociedad mejor.

Todo eso acumulado de manera abigarrada en tradiciones de lucha que vienen desde el fondo de la historia de la clase obrera uruguaya, con una perspectiva de clase, con una perspectiva internacionalista, antimperialista, solidaria con la lucha de los pueblos que pujan por su emancipación.

Todo eso se fundió en el crisol de la unidad sindical.

Unidad que es, además, una singularidad, si uno lamentablemente observa el panorama general esto que existe en Uruguay no se desarrolla, como sería efectivamente necesario, en el resto del mundo.

-En ese marco histórico, hoy el PIT-CNT mantiene la unidad de sindicatos de base, de rama y en una central única, ¿qué implica hoy esa unidad y que desafíos nuevos tiene planteados hoy el movimiento sindical?

Desde una perspectiva defensiva, y esto en alguna medida es contra fáctico, no se puede demostrar, pero la reflexión que hay que hacer es la siguiente: ¿Cómo sería hoy el mundo del trabajo de Uruguay al margen de un nivel de iniciativa política y de gravitación importante del movimiento sindical en la vida nacional?

Porque efectivamente nosotros a esta altura ya estamos en una onda larga de ofensiva del capital contra el trabajo que ya deviene en décadas, de sostenida y sistemática ofensiva del capital contra los derechos de las y los trabajadores.

Más allá de que esto podría ser contra fáctico, algo de esto se puede observar desde el punto de vista de la comparación con las situaciones laborales en otros países.

Desde el punto de vista de los derechos de los trabajadores, cómo se expresaría esta ofensiva del capital, y esto no es un problema nacional es de carácter continental y global, ya, a esta altura, llevamos alrededor, justamente, de 60 años de ofensiva del capital contra el trabajo. Entonces es muy válido preguntarse cómo se desarrollaría la vida de las y los trabajadores al margen de la acción sindical, de los Consejos de Salario, el impulso de leyes que tienden a la igualdad y a la distribución de la riqueza, la perspectiva de la defensa de los derechos de los trabajadores.

Y desde una perspectiva, ya no defensiva, sino desde la iniciativa, ni que hablar que en este instante se viven transformaciones tumultuosas en el mundo del trabajo, hay una aceleración de la revolución tecnológica, y con ella una experimentación acelerada de formas de precarización y desregulación de las relaciones laborales.

Desde la mirada histórica hacia adelante, la central como portadora de una perspectiva de desarrollo, ubicada centralmente en las personas y su vida y no en la acumulación de capital, en un quehacer democrático que se mueve para expresarse en caminos de radicalización democrática, que también suponen la intervención de las y los trabajadores en la economía, su participación en la gestión, formas de propiedad y de gestión que sean caminos de tránsito hacia una sociedad más justa.

En la inmediatez de la coyuntura la perspectiva de la justicia tributaria, la transformación de la seguridad social, el enriquecimiento de las relaciones laborales a través de una negociación colectiva que no es solo salario, que tiene que atender toda una serie de problemáticas nuevas en la sociedad, el esfuerzo por construir clase consciente de su objetivo llegando a la nueva generación de trabajadores, llegando a sectores que hoy no están en el trabajo formal y reglado por los Consejos de Salario, sino que muchas veces habitan en la desregulación y en la informalidad.

Es decir, esa potencia, que hay que inclusive extremarla, desde el punto de vista de la unidad con su impacto en la organización, en la acción, en la llegada a todo el país; tiene una serie de desafíos planteados que son absolutamente relevantes y que concurren directamente a determinar, a definir, por la vía de la lucha, en qué sociedad van a vivir las generaciones venideras.

Y además, en ese sentido que desde una perspectiva de clase la unidad es una cuestión de principios, defenderla, cuidarla y desarrollarla en profundidad cada vez más, es un desafío que lo tenemos permanentemente planteado en la vida, cada día, no es una conquista que pueda concebirse, como ninguna otra, que se da de una vez y para siempre.

-Una característica del movimiento sindical uruguayo, en su conjunto, ha sido, como tú decías, desde el principio con el programa del Congreso del Pueblo abrazar el conjunto de las luchas populares. Sin embargo desde la derecha, desde las clases dominantes, se ha colocado siempre el planteo de que hay un corporativismo del movimiento sindical. El movimiento sindical uruguayo tiene ámbitos de representación muy importantes, como en el directorio del Banco de Previsión Social (BPS), ganada en las elecciones; ha tenido recientemente planteos como atender centralmente la pobreza infantil en el propio 1º de Mayo. ¿Qué tan injusta esa calificación?

La derecha política es una forma de representación de los intereses del gran capital. En realidad lo que le molesta a la expresión política e ideológica del capital no es el aspecto del movimiento sindical que es su ABC, su primera labor, y que tiene que ver con la defensa de los intereses inmediatos de las y los trabajadores.

En realidad ellos se sentirían muy cómodos con un movimiento sindical ramplón, de corto vuelo, estrictamente economicista, porque a su vez, siempre critican al movimiento sindical, según ellos, por incorporarse en esferas que no le corresponderían, que son las esferas de las valoraciones programáticas, políticas, ideológicas, culturales del quehacer nacional.

Cuando al mismo tiempo disfrutan ante el hecho de que algunas de las grandes cámaras empresariales viven interviniendo en el quehacer político.

Esto es otro de los elementos que hacen a la sustancia del movimiento sindical, en vez de ser un movimiento sindical que estrictamente se ocupa de las reivindicaciones inmediatas de las y los trabajadores, es absolutamente trascendente que, en el acierto y en el error, porque nadie tiene la palabra revelada, pero el movimiento sindical uruguayo siempre y en todo momento intenta impulsar caminos programáticos que ya no están ubicados solamente en la defensa gremial del interés del trabajador si no que apuntan a una Estrategia Nacional de Desarrollo; como tú decías a mejorar, calificar, el sistema tributario de modo que el 1% más rico de la sociedad aporte una sobre tasa al Impuesto al Patrimonio para solventar más aceleradamente la eliminación de la pobreza en hogares donde hay niñas, niños y adolescentes; todo lo que tiene que ver con la Seguridad Social; la intervención del movimiento sindical en los elementos de la política industrial; los esfuerzos por tratar de regular lo que el capital viene desregulando día a día con la tercerización y la precarización; los esfuerzos para generar caminos para que en la actual revolución tecnológica las ganancias en productividad no se las lleve solamente el gran capital si no que puedan ser compartidas a través de la reducción de la jornada de trabajo.

En definitiva, elementos que son programáticos y que benefician, en último término a la inmensa mayoría de la sociedad.

Yo digo que cuando un Consejo de Salario anda bien en realidad beneficia a la gran mayoría del pueblo uruguayo, porque los jubilados ajustan sus pasividades por el Índice Medio de Salarios y la demanda interna, que constituyen trabajadores y jubilados, va directamente al pequeño comercio, a la pequeña industria y a los pequeños sectores agropecuarios, que objetivamente forman parte del entramado del campo popular.

Y por último, y esto es lo que realmente les molesta, el movimiento sindical no desfallece en una perspectiva, que es obviamente histórica, que tiene muchísimo que ver con los procesos de transformación de la relación de las fuerzas sociales y políticas, no desfallece en criticar una sociedad injusta que reproduce sistemáticamente explotación, enajenación de la gente, dominación, y que está amparada porque el criterio vertebral que organiza el trabajo es la acumulación de capital.

Porque no solamente que está en los estatutos que el movimiento sindical va rumbo, lucha en dirección, a una sociedad sin explotados ni explotadores, si no que ese carácter clasista del movimiento sindical se pone en movimiento en cada pronunciamiento general que hay que desarrollar.

Y eso es lo que en verdad molesta a la derecha, les gustaría un movimiento sindical dividido, atomizado, ocupado estrictamente de los asuntos reivindicativos inmediatos y no un actor político-social que naturalmente, además, tiene un importante nivel de iniciativa programática.

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