Una mujer con celular. Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS

La inteligencia no tan inteligencia

Por Victoria Alfaro (*)

“Dominación” y no “innovación” dijo hace unos días Lula Da Silva en la Cumbre de Impacto de la Inteligencia Artificial (IA) refiriéndose a la concentración de capacidades computacionales y datos en manos de “pocos países y empresas”. 

Mucho se habla de la Inteligencia Artificial y su impacto en nuestra vida diaria, pero poco se nombra el peligro de que toda la información vertida en dichas aplicaciones quede a disposición exclusiva del poder. Allí muchas personas diariamente suelen verter hasta sus más íntimos pensamientos y sentimientos, lo cual lo hace aún más peligroso que Google, WhatsApp, Instagram, X, etc, etc.

El poder no se anda con medias tintas y encontró la forma más fácil de recabar las debilidades de nuestra población, sus pesares y alegrías al servicio del capital financiero y del consumo cada vez más afinado con su terrible puntería. 

Empresas como OpenAI, Google, Microsoft, X Corp, Meta y DeepSeek lideran el mercado, las mismas que acaparan internet a nivel global desde hace años y colectan así toda la información en una era donde precisamente la información es sinónimo de poder real.

Ustedes me pueden decir: nada nuevo bajo el sol, es cierto, la concentración del poder económico no es algo nuevo, va en el rumbo de lo que venimos denunciando hace años, las corporaciones cada vez tienen más poder que los Estados, lo cual plantea varias disyuntivas en este mundo convulsionado.

Al igual que cuando la internet se expandió por el mundo sus promotores prometían libertad y acceso democrático al conocimiento y al igual que con la internet las leyes del mercado asumieron su control y otra vez (como ya nos tiene acostumbrados el capitalismo) la desigualdad se impuso.

El presidente brasileño es claro al decir que el “régimen de gobernanza de estas tecnologías definirá quién participa, quién es explotado y quién quedará al margen de este proceso”, por eso instó a colocar al ser humano en el centro de toda decisión tecnológica.

Da Silva reconoció las ventajas del potencial de la IA para mejorar la calidad de vida de los seres humanos, pero, recordó su influencia en la distorsión de los procesos electorales afectando directamente las democracias de nuestros países.

Es así que el presidente de Brasil defiende a la tan vilipendiada ONU, como el único escenario para garantizar el desarrollo de una IA multilateral e inclusiva. Sin lugar a dudas fue un discurso con potencia de estadista, muy alejado de otros que pretenden agenciarse el título de “gendarme mundial” y que (una casualidad seguramente), intentan vaciar a la ONU y la tildan de inútil.

Según un artículo de Forbes la IA generativa podría sumar hasta 4,4 billones de dólares a la economía global cada año. Y también se espera una continua actualización y reformulación de una IA cada vez más útil para el ser humano en todos los aspectos de su vida, mejorando la medicina, la educación y mucho más. 

El tema es que no se le puede llamar avance a un instrumento que no es igualitario y accesible para todos los seres humanos en cualquier rincón del planeta.

Una Inteligencia que no mejora la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población mundial no puede ser llamada Inteligencia. 

(*) Periodista. Directora de EL POPULAR.

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