20231119/ Javier Calvelo / adhocFOTOS / URUGUAY / MONTEVIDEO / Acto del Frente Amplio en Montevideo luego de aprobarse las precandidaturas para las elecciones internas del FA. En la foto: Yamandú Orsi, Carolina Cosse, Mario Bergara y Andrés Limadurante el acto del Frente Amplio en el barrio Buceo en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

La victoria necesaria

Gonzalo Perera

Dentro de esa suerte de depósito de sabiduría popular que existe, más allá de los negocios y prácticas turbias, dentro del mundo del fútbol en Uruguay, hay algunos principios o consignas que siempre viene bien repasar.

Un primer hecho comprobado y transformado en lección entre quienes alguna vez corrimos detrás de una pelota (al nivel competitivo que sea) refiere a la focalización y secuencialidad del esfuerzo. 

Para ser bien claritos: si uno juega en un equipo que el viernes tiene por delante un partido el domingo y otro el miércoles siguiente, independientemente de lo trascendente, taquillero o resonante que pueda ser cada desafío, hasta que el partido dominical no haya terminado uno debe focalizar toda su energía en él, como si allí se acabara el mundo. Cuando el domingo se llega al vestuario con el resultado a la vista, entonces hay que “resetearse” mentalmente, y cambiar el foco inmediatamente al partido del miércoles. Es abundante la experiencia de que si no se procede así, es harto probable que se termine perdiendo ambos partidos, o al menos alguno. Porque si quien juega el domingo tiene parte de su mente en el miércoles, no estará suficientemente concentrado, atento, rápido de reacciones y es altamente probable que se mande alguna macana o que, incluso, sin ni siquiera darse cuenta, no dé todo su esfuerzo en la cancha, “cuidándose”. 

Sacando la pelota y el pasto, la moraleja es que cuando hay una secuencia de desafíos en la vida, hay que tratar de focalizarse e ir con todo al primero, antes de ponerse a pensar mucho en el segundo, que pasará a ser el foco de atención apenas esté laudado el primer desafío.

Un segundo hecho ampliamente comprobado y que hemos aludido previamente en estas páginas, es que hay dos fórmulas casi infalibles para perder un partido de fútbol. Una es cuando el equipo entra a la cancha convencido que no puede con su rival y va a perder, y la otra su antípodas, cuando el equipo menosprecia al adversario y entra a la cancha seguro que va a ganar y preguntándose por cuántos goles y quiénes los harán. El derrotismo y el exitismo son igualmente fatales. Juegues contra el Real Madrid o contra un muy humilde cuadro con muy poco linaje, hay que salir a jugar desde la certeza que se puede ganar, pero que nada está conquistado  de antemano, y que hay que apretar los dientes y dar todo para conseguir la victoria y punto.

Es más que sabido que en estas páginas “política” y “elecciones” no son sinónimos. Todos los procesos de acumulación y profundización del movimiento social, forjando la vigorización del campo popular y la sólida construcción de un proyecto de transformaciones profundas con raíces hundidas en la mayoría de la sociedad, vaya que son política, aunque puede no involucrar ninguna urna. Pero los actos electorales definen la conducción política del Estado, que no es sinónimo de “el poder” en el sistema capitalista, pero es una herramienta vital para incidir sobre los vínculos entre el campo popular y el poder, sus derechos y, en última instancia, alterar la estructura del poder mismo, dando más y mejor capacidad de decidir a las grandes mayorías de trabajadores, jubilados y pensionistas, pequeñas y medianas empresas, organizaciones sociales, etc. 

En todo caso, estamos viviendo el último de los 5 años de una real “demostración por el absurdo” (probar la veracidad de algo en base a analizar las consecuencias que tendría negarlo), de lo que importa acceder a la conducción política del Estado. Con la derecha a su cargo, el Uruguay vivió un salto atrás de décadas (en algún punto de más de un siglo) y se bañó de pobreza, desempleo, inseguridad, corrupción institucionalizada, supresión de derechos adquiridos, desigualdades lacerantes con transferencias monstruosas de trabajadores activos y pasivos hacia los malla oro, agresión descarada hacia la educación y la salud públicas, cholulismo cultural, persecuciones a la protesta, marcos legales horripilantes, actitudes absolutamente vergonzantes y cipayas a nivel de política exterior y un muy pero muy largo etc. Este lustro de ver qué pasa cuando el Estado queda en las mismas manos que detentan el poder en todas sus formas, seguramente es argumento más que suficiente para convencerse que las causas populares deben conquistar un gobierno que las tenga como centro  de la agenda y que ello sólo puede ocurrir en un escenario: el triunfo electoral del Frente Amplio.

Nuestra fuerza política pasará por una interna próximamente, hecho muy relevante, tanto como para que desde los medios hegemónicos se fleche mucho la cancha en el tratamiento de las precandidaturas, descargando munición muy diferente según de qué nombre se trate. Nada nuevo bajo el sol, la derecha y su enorme poder mediático tratan de “elegir rival”, haciendo más empinado el camino para quien más distante le resulta. Pero todos sabemos que, gane quien gane dichas internas, una vez proclamada la fórmula y sea cual sea la que resulte electa, todo el FA se pondrá  a trabajar por su triunfo sin el menor titubeo, mientras los petardos mediáticos de la derecha seguirán, porque para entonces el operativo previo de intentar “filtrar” la interna del FA ya será cosa del pasado, e irán contra quien sea que asome la cabeza a nombre del FA.

Sin minimizar este hecho, la gran, enorme parada que tiene el FA por delante son las elecciones nacionales.  Para ellas el FA tiene tres objetivos, ordenando el grado de éxito de menor a mayor: 

1) Conquistar el gobierno. 2) Ganar alcanzando mayorías parlamentarias. 3) Ganar en primer vuelta y con mayorías parlamentarias. Obviamente el objetivo que hay que meterse en la cabeza y por el que hay que salir con todo a la cancha es el más ambicioso, ganar en primera vuelta y con mayorías parlamentarias.

Pero, además de la sabiduría popular y futbolera, el recuerdo del 2019 nos debe advertir sobre los riesgos de confiarse excesivamente o vender la piel del oso antes de cazarlo. Aunque duela recordarlo, debemos hacerlo: en 2019 fuimos a las elecciones convencidos que alcanzaríamos la meta 3), la más ambiciosa, y nos quedamos sin la 1). Esto no es ni para bajonear a nadie, ni para ser ave agorera, todo lo contrario, es para despertar al máximo nuestros reflejos: no podemos repetir el error que cometimos (y, obviamente, me anoto en primer lugar entre los equivocados) de dar por imposible que una derecha que para nosotros es impresentable, nos pudiera sacar un triunfo que dábamos por descontado, porque no votamos sólo nosotros y porque el imaginario y pensamiento de las grandes masas se forman de manera compleja, bajo fuertes manipulaciones.  

Por ende, ningún voto se da por descontado o conquistado hasta tener absoluta certeza de ello, y a dar todo por el triunfo en primera vuelta y con mayorías parlamentarias, pero sin aflojarse ni dar ningún tipo de ventaja.

Unos cuantos meses después vendrán las elecciones departamentales, que, en la alegoría futbolística es el partido del miércoles. Donde, además, el resultado del domingo (las nacionales), incide y mucho. En varios departamentos “en disputa” no tiene nada que ver una elección departamental tras un resonante triunfo en las nacionales con otro resultado. Nos consta sobradamente que muches compaňeres están pensando desde ya las elecciones departamentales y aún las municipales y seguramente sus buenas razones tengan, el respeto nunca está de más, pero nos parece un enfoque equivocado.

Primero, victoria el domingo, decisiva si las hay, y entonces sí, a por más.

Foto de portada

Yamandú Orsi, Carolina Cosse, Mario Bergara y Andrés Lima, durante el acto del Frente Amplio en el barrio Buceo en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.

Compartí este artículo
Temas