Mirar y jugar en toda la cancha

En el editorial anterior abordamos el 106 aniversario del Partido Comunista de Uruguay desde una imprescindible perspectiva histórica. Hoy, a partir de la entrevista al senador del Frente Amplio (FA) y la 1001 y secretario general del PCU, Óscar Andrade, intentaremos hacerlo desde una dimensión política, desde el hoy y los desafíos que plantea.

Hay un elemento central que hay que reafirmar, una y otra vez, al pensar la política, y más aún, al militarla, es necesario enfrentar la trampa que plantean la derecha, el poder, el neoliberalismo, que es una visión a histórica, sin dimensión social y fragmentada de la realidad.

Esa operación ideológica, que tiene una base material en la organización de la producción y las relaciones humanas, no es inocente, es funcional al poder y al mantenimiento de los privilegios de las clases dominantes, ¿por qué? porque busca imposibilitar o al menos dificultar grandemente la construcción de una alternativa transformadora. Borra el pasado o lo distorsiona, fragmenta el presente y debilita las luchas populares y, fundamentalmente, niega el futuro.

Las luchas por la emancipación social, la perspectiva popular y revolucionaria, son históricas y tienen carácter general. Exigen, reclaman, una perspectiva y una visión general de la realidad, de sus procesos, de sus contradicciones, para poder construir, con organización y protagonismo popular, síntesis políticas y sociales que las superen.

Por eso Andrade refiere a las raíces históricas del PCU y su fundación, el internacionalismo y las luchas obreras y populares de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en nuestro país. Y destaca los aportes del PCU, y en particular de Rodney Arismendi, en la aplicación creadora del marxismo leninismo en nuestro país, señalando dentro de sus aportes: la dimensión continental del proceso revolucionario; la categoría democracia avanzada; el planteo de “la unidad de pueblos y gobiernos como espacio estratégico para enfrentar al imperialismo”; la centralidad estratégica de la construcción de la unidad política y social del pueblo; el aporte a la construcción de la unidad del movimiento obrero, a la fundación primero del Frente Izquierda de Liberación y luego del FA; también la importancia del trabajo, de gran amplitud y profundidad, con la cultura y su incorporación como parte de la lucha emancipatoria “en momentos muy complejos para cómo se paraba en este terreno el movimiento comunista internacional”. Todo esto unido a la militancia permanente por las causas obreras y populares, el enfrentamiento al fascismo y a la dictadura, al neoliberalismo. Y en este Siglo XXI el aporte a la conquista y luego el desarrollo de los gobiernos departamentales y nacionales del FA.

Es desde esa historia, desde esa concepción, que el PCU se para en el presente, complejo y desafiante, de un capitalismo en crisis, de un mundo en transformación, de un imperio en declive relativo, que aumenta su agresividad, sobre todo en nuestro continente, de un avance de las derechas y ultraderechas en el mundo y en nuestro continente y de una derecha que en nuestro país radicaliza su oposición a todos los avances populares.

Y el planteo, político, ideológico, del PCU, no es de diagnosticar la catástrofe, si no de construir unidad y protagonismo popular para, aún en estas condiciones, acumular fuerzas y avanzar en una perspectiva democrática avanzada.

Es desde allí que se concibe el gobierno, no como una cosa aparte, no solo como la gestión, que por supuesto es muy importante, si no como parte de esa perspectiva democrático avanzada. El gobierno del FA no es el resultado de un accidente, ni solamente de una campaña electoral, es fruto de ese acumulado histórico de las luchas populares, de todas las luchas populares, sociales y políticas.

Andrade y el PCU plantean la necesidad de avanzar en el proceso de transformación social, de la concreción del Programa, de conquistas reivindicativas, pero señalan que no es solo un tema del gobierno. El gobierno no puede avanzar solo, avanzará si se construye articulación política y social. Si se fortalece la unidad del bloque político y social, democrático y radical de los cambios. Si se construye organización y protagonismo popular. Si se desarrolla la lucha ideológica. Si se avanza en conciencia colectiva y esto solo se puede hacer logrando la experiencia práctica de miles siendo protagonistas del proceso de cambios.

Unir al bloque político y social de los cambios, porque la unidad es lo que les da potencialidad transformadora a las luchas, desarrollar las luchas para dar respuestas a las necesidades urgentes de nuestro pueblo, avanzar en conquistas programáticas y construir perspectiva, rumbo estratégico, porque les da sentido a las luchas.

Esa es una construcción compleja, un camino difícil de recorrer, requiere un esfuerzo teórico, ideológico, político, enorme. Requiere conocer más la realidad a transformar y también conocer y aprender más de las formas actuales de organización del pueblo, de sus demandas, de sus formas de lucha.

Es un proceso contradictorio, no lineal, no exento de conflictos, por el contrario, se construye en medio de las contradicciones, supone asumirlas y construir síntesis sociales y políticas que las superen a favor de la perspectiva popular.

Esa perspectiva exige hacer política desde las luchas del pueblo, abrazándolas, impulsándolas y construyendo, desde ellas, perspectiva.

Es con más medidas y políticas del gobierno, pero también con más Frente Amplio, con más movimiento sindical, estudiantil, feminista, cooperativista, cultural, ambientalista, de los pequeños y medianos productores. Con más pueblo organizado.

Esta perspectiva también reclama un elemento político, discursivo, programático, central: Explicitar en todo momento y en cada circunstancia los dos proyectos de país que se enfrentan y los dos bloques políticos y sociales que los expresan e impulsan. 

El PCU en su concepción y en sus documentos, particularmente en este último XXXIII Congreso habla de desarrollar, simultáneamente, dialécticamente, la acción en cuatro dimensiones, en cuatro círculos tácticos: el del movimiento de masas, en su enorme diversidad y potencialidad, con un papel central de las y los trabajadores; el de la unidad política, el del desarrollo del FA; el de la acción del gobierno y el del PCU y la UJC.

No es sencillo explicar y aplicar esta concepción política e ideológica. Por eso hay que insistir en ella. Organizar al pueblo y luchar para transformar la realidad con una perspectiva emancipadora, enfrentando al imperialismo y a las clases dominantes no es sencillo, pero es imprescindible, es la razón de la existencia del PCU, de la militancia de las y los comunistas.

Por eso lo del título, cada día, cada momento, hay que hacer un gran esfuerzo por mirar toda la cancha, en su complejidad, en sus contradicciones e intentar jugar en toda esa cancha y hacerlo de forma organizada.

En eso estamos.

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