20230607/ Daniel Rodriguez - adhocFOTOS/ URUGUAY/ CANELONES/ BATALLON 14/ Hallazgo de restos humanos de detenidos desaparecidos en el Batallon 14 en Toledo, Canelones. En la foto: Hallazgo de restos humanos de detenidos desaparecidos en el Batallon 14 en Toledo, Canelones. Foto: Daniel Rodriguez /adhocFOTOS

Y la tierra habló… otra vez

Fueron hallados restos óseos en el predio del Batallón 14, a 90 metros de dónde fue encontrado Julio Castro.

Victoria Alfaro

Boca abajo y envuelto en una gran cantidad de cal, con una pesada losa encima de casi dos metros, fue descubierto un nuevo esqueleto humano en el predio militar donde fueran encontrados Julio Castro en el 2011 y Ricardo Blanco Valiente en el 2012.
Esta vez no había zapatos, ni ropa alguna, solo huesos salieron de la tierra, eso sí, el cuerpo dejó su estampa en el molde creado con los quilos y quilos de cal que hace decenas de años algunos tiraron sobre el cadáver para ocultar uno de los cientos crímenes cometidos por el terrorismo de Estado.

Exceso de cal

Ese molde de cal que quedó al descubierto el martes deja vislumbrar unos muslos, unos talones e incluso unos glúteos de un ser humano que supo vibrar, que supo sentir las injusticias bajo el terror de la dictadura. Un hombre o una mujer que sufrió la tortura, y que, además de ser asesinado de forma cobarde, fue escondido y tapado con una losa bajo un “exceso de cal” al decir de la jefa del equipo de antropólogos a cargo de la excavación, Alicia Lusiardo.
Esa misma cal que en la actualidad sirve para preservar mejor las muestras para el ADN, según afirmó Lusiardo, cuyo examen dará un rostro a ese cuerpo, una identidad a ese cráneo, un alivio a esa familia que espera hace casi 50 años saber: ¿Dónde están? Sin lugar a dudas, una consecuencia no tenida en cuenta por aquellos malhechores que intentaron borrar todo rastro de sus fechorías esparciendo cal, portland y tierra para intentar desaparecer de la memoria colectiva la historia de quienes dieron la vida por sus ideales. Esa misma memoria que cada 20 de Mayo grita ¡Presente! en nuestras calles.
El martes poco después de las 10,00 horas un trabajador de la Intendencia de Canelones conducía la retroescavadora, como desde hace cuatro años, metro a metro, parcela a parcela en una zona muy arbolada que fue previamente desmalezada para poder excavar, cuando de imprevisto tropezó con una pesada masa de cal, desde donde emergió un cráneo.
“Es inexplicable lo que sentí en ese momento. No es fácil estar en la máquina y ver que hay un cuerpo metido en la tierra (…) Encontrar a uno de los desaparecidos es impagable”, dijo muy conmovido el trabajador en un audio de whatsapp que se volvió viral.
Veinticuatro horas después de ese conmovedor relato una delegación de Madres y Familiares de detenidos-desaparecidos, ingresaba al predio en una fila de camionetas blancas pertenecientes al Ejército Nacional.
Habían llegado un rato antes al Batallón 14 en un ómnibus de pasajeros, se bajaron silenciosos, con los ojos empañados y abrazados esperaron para ingresar al predio.

Frío y desolación

“Te das cuenta que otra vez hace frio y está lloviendo”, le dijo una de sus integrantes a otra mientras se daban las manos y agregó con un dejo de voz asombrada: ”la tierra fría suelta los huesos”.
No es fácil llegar al lugar si no se tiene un vehículo, son kilómetros de campo, arboledas y vallados con carteles de “Zona Militar. No pasar”. Caminos recientemente pavimentados, algunos repletos de pozos. El Batallón 14 de Infantería Paracaidista en Toledo, Canelones, tiene más de 400 hectáreas de terreno agreste y solitario y cada rincón es sospechoso de enterramiento clandestino.
Da pavor imaginarse este mismo lugar cuarenta y tantos años atrás, con menos locomoción, con menos personas transitando, con menos casas, con menos luz y en medio de una dictadura donde todos y todas eran sospechosos.
Cuesta entender la frialdad y crueldad de quienes cometieron estos crímenes, llevar los cuerpos de los asesinados en la tortura o ejecutados en camiones o camionetas para luego enterrarlos lejos de todo, en el medio de la nada, bajo el silencio cómplice de quienes debían cavar las tumbas, para luego echar quilos de cal y portland.
Enterrarlos de a uno, separados por varios metros de distancia para hacer más dificultoso su hallazgo, no dejando que ni siquiera en la muerte puedan abrazarse y consolarse, abandonados y apretados por una fría sepultura, lejos, muy lejos de sus seres queridos que aún hoy en día los buscan.
¿Dónde están? Aquí están, en esta tierra y de a uno, a pesar de todo, van apareciendo.

Allí están

“Están ahí, están ahí y no los entregan”, afirmó Elena Zaffaroni a la prensa allí reunida y “salen a la luz gracias a este equipo espectacular que van haciendo, de una perseverancia que no tenemos palabras”, agregó.
El esqueleto corresponde a un enterramiento primario al decir de Lusiardo, o sea que nunca fue removido de ningún lado, de ninguna “Operación Zanahoria”. Cuando murió fue depositado allí por sus captores y asesinos a una escasa profundidad, porque la zona tiene muchas piedras y por eso dejaron el cuerpo a unos 20 o 40 centímetros de la superficie.
Conviene recordar que este hallazgo no se debió a ninguna nueva información aportada por nadie, como se dijo en algunos medios de comunicación, sino que fue debido a una larga y paciente tarea de búsqueda cuadrilla por cuadrilla.
La delegación de Familiares ingresó a la zona de excavación y fueron atendidos por el equipo de antropólogos. Allí rodeando la tumba realizaron un profundo silencio, solo roto por el ulular de los centenares de árboles a su alrededor y las lágrimas que impacientes recorrían las mejillas de los allí reunidos. Uno de sus familiares estaba allí presente, al fin, frente a ellos desenterrado y disperso en la tierra. “Lo difícil viene ahora, porque hay que esperar”, afirmó una de ellas con la mirada serena, “siempre es igual”, agregó.
Un par de horas después salieron de la excavación en las mismas camionetas, en silencio atravesados por la memoria de sus seres queridos. Algunos tuvieron que ser contenidos entre sus compañeros y compañeras ya que querían salir corriendo de allí, lejos, muy lejos de aquel lugar. Otros estaban con la mirada en alto, con gesto adusto ante la noticia de que posiblemente el Presidente de la República arribara al lugar en cualquier momento, cosa que finalmente no sucedió.
La dignidad definía aquellas miradas que han sufrido lo que ningún ser humano debería pasar en sus vidas, que se lleven a sus seres queridos y enterarse que fueron asesinados de la peor manera por un Estado que debía velar por su seguridad y que 50 años después todavía no le quieran decir donde están. Aun así, con todo ese dolor a cuestas se hicieron presentes, algunos incluso en silla de ruedas con tal de estar ahí, presentes.

Preservar los huesos

Luego que los Familiares salieron del predio nos tocó ingresar a los periodistas, fotógrafos y camarógrafos. Éramos muchos así que ingresamos en las mismas camionetas blancas del Ejército. El día estaba húmedo, había llovido la noche anterior y por ende el barro se hacía presente en todos lados, el sol salía de a ratos para dar un poco de luz a una tarea nada grata: sacar los restos del suelo. Los antropólogos trabajaban sin parar, con miedo a la lluvia que podía estropear los huesos a la intemperie. No había tiempo que perder, así que ingresamos rápido y salimos bastante rápido luego de acribillar a preguntas a la jefa del equipo de antropología.
Luego de recorrer unos cuantos minutos en la camioneta pasando, por ejemplo, al lado de la zona de entrenamiento de los francotiradores llegamos a la entrada de la zona de excavación. Allí nos esperaban para ordenar el ingreso a pie hacia la zona, que quedaba a otras tantas cuadras hacia adentro por caminos de barro.
Cuando nos dieron la autorización ingresamos apurados conscientes del poco tiempo que teníamos para sacar imágenes y testimonios. A nuestros costados se notaban decenas de árboles que habían sido cortados y arrancados de cuajo con desmalezadoras para que los científicos puedan trabajar en el terreno. Varias carpas militares estaban instaladas a la vuelta con algunos efectivos armados que iban y venían. El día anterior habían hecho maniobras totalmente improcedentes en el medio de un descubrimiento lacerante para la sociedad uruguaya, pero ahora no, solo iban de aquí para allá de a parejas o más efectivos, eso sí todos armados con armas largas, vaya uno a saber para qué o para cuidar a quién.
Al llegar nos esperaba el equipo de antropólogos parados alrededor del hueco en la tierra, solemnes y silenciosos. En el centro estaban los huesos aislados en bandejas blancas, donde solo pude distinguir (debido a mis escasos conocimiento de anatomía) un fémur o una tibia. Allí estaban prolijamente expuestos, solo el cráneo quedó en el lugar donde lo dejó el movimiento de la pala de la máquina excavadora. Banderitas rojas señalaban los lugares donde fueron encontrados los restos óseos. Al costado un pesado trozo de cal mostraba las curvas que dejo el cuerpo cuando todavía tenía músculos en las piernas y en la cadera.

Y la memoria brotó

Mientras las cámaras de los profesionales de la imagen captaban el momento, Lusiardo iba dando explicaciones de lo allí encontrado y pidiendo rapidez porque había anuncio de lluvia. Es difícil actuar con rapidez en medio de una tumba que abre sus entrañas para mostrar que la impunidad continúa actuando en tu país 50 años después. Las preguntas se hicieron presentes: si el hallazgo era por una información nueva, si ya se sabía el sexo y edad de la persona, si ya se sabía de qué murió, si hubo traumatismos, si era parecido a enterramientos anteriores etc., etc.
“A esta zona se llega no por información nueva, no por ningún testimonio que haya llegado recientemente. Fue producto de información que ya tenía el equipo desde el año 2005, que se volvió a interpretar y a plantear en el terreno”, afirmó Lusiardo.
“Se hizo un análisis de las excavaciones anteriores y con esa misma información de cómo se habían realizado y que zonas no habían sido excavadas. El planteo fue volver sobre la zona y excavar todo lo que no se hubiera abordado anteriormente, cubriendo una zona que es muy grande, porque está bajo cautela e involucra todo el monte viejo de este batallón en aquellos años”, agregó la antropóloga.
“Esta cautela es del 2020 y hemos venido avanzando desde ahí para llegar a esta trinchera número 405 donde estaba este cuerpo”, agregó.
“Es un individuo adulto, no podemos dar más información de su característica de perfil biológico, sexo, edad o estatura, tampoco sobre patologías o traumatismos. Eso va a ser todo estudiado en el laboratorio. Nuestra prioridad ahora es retirar los restos del sedimento y poderlo transportar. Repetimos, es un enterramiento primario, estaba boca abajo con abundante cal y una losa por encima”, reafirmó Lusiardo.
“Tiene un patrón similar a los cuerpos hallados en este predio militar, en el Batallón 13 y en la chacra de Pando. El enterramiento primario significa que esta persona fue enterrada en este lugar y nunca fue removida, ese cuerpo está ahí desde el momento en que fue depositado. Hasta el momento no hemos encontrado restos de textil o efectos asociados a esos restos. Tampoco restos metálicos ni proyectiles de ningún tipo”, agregó.
“Esta tumba está a 90 metros de lo que fue la fosa donde se hallaron los restos del maestro Julio Castro y a unos 10 metros de antiguas excavaciones del año 2006. Hasta ahora es el cuerpo con más cal que hemos encontrado, la presencia de la losa se repitió”, explicó la científica a cargo de un equipo de diez antropólogos, dos operarios de retroescavadora y una cuadrilla de desmalezadores de la Intendencia de Canelones, que son quienes van abriendo el terreno para que ellos puedan intervenir. Afirmó que el apoyo lo tienen, pero lo que falta es más información.
Sobre la identificación de los restos informó que luego que el laboratorio genético en Buenos Aires reciba las muestras pasará un mes antes de tener resultados fidedignos y darle un rostro al cráneo encontrado.
Casi finalizando la entrevista, con todos los medios de comunicación presentes, apareció el ministro de Defensa Nacional, Javier García (quién ya había estado presente el día anterior), a saludar a Lusiardo para luego dar entrevistas.
En declaración a Canal 4 dijo que es “conmovedor del episodio y uno lo primero que piensa es en el aspecto humano y en ese sentido esperamos que este hallazgo aporte paz en una familia, sabremos con el correr de los días todos los procesos de identificación que están programados, pero esperemos que aporte paz».
También informó que habló con el integrante de Madres y Familiares, Ignacio Errandonea, para transmitirle lo mismo.
Por su parte el fiscal de Delitos de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, manifestó que la Fiscalía dispuso que Policía Científica realizara el relevamiento planigráfico y fotográfico del lugar, según publicó Subrayado. Además, que se constituya en el sitio la forense del Poder Judicial a cargo del caso. También ordenó que se conforme un equipo multidisciplinario, mientras continúa el trabajo de arqueólogos y antropólogos en la zona.
“Lo reconfortante de hallar un resto que por un lado es motivo de mucha alegría y por otro de tristeza por confirmar lo que todos sabemos”, afirmó.
Perciballe adelantó que “hay presunción de sexo, pero eso va a estar establecido en el momento que se haga el retiro del cuerpo” y tras el análisis del mismo. Además, manifestó que “esto es un logro para el país, para toda la sociedad”. “Yo creo que este es un tema de Estado y debe serlo, no es un logro de la Fiscalía, para nada”, acotó. “Nos conmueve como ciudadano y como un operador de la Justicia. Estar acá es muy conmovedor”, agregó.
Además del ministro de Defensa y el fiscal, también entre el martes y el miércoles, se hicieron presentes algunos legisladores del Frente Amplio, el alcalde de Toledo, José Gini, el secretario de Derechos Humanos de la Intendencia de Canelones, Carlos Garola, la integrante del Ejecutivo del PIT-CNT, Abigail Puig, la secretaria de Derechos Humanos del PIT-CNT, Fernanda Aguirre, el doctor Wilder Tayler y el contador Marcos Israel de la Institución Nacional de Derechos Humanos y el Colectivo de Memoria de Toledo, entre otros y otras.

“Un pedacito de verdad”

Graciela Montes De Oca, hija de Otermin Laureano Montes De Oca, detenido desaparecido, integrante de Madres y Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Uruguay, así como secretaria de Derechos Humanos del Partido Comunista de Uruguay (PCU) indicó a EL POPULAR que ingresar al predio sirvió “para recoger fuerza, saber que aún nos falta seguir encontrando a nuestros familiares, pero por suerte tenemos uno más junto a nosotros, un pedacito de verdad”.
“Hemos comprobado que ellos saben dónde están y saben lo que hicieron, esa es una zona muy inhóspita, pero está muy cerca de donde hallaron a Ricardo y a Julio Castro. Por eso es una zona de mucha importancia”, afirmó.
“Quisiera valorar lo que fue el trabajo y la dedicación de los antropólogos, de ese trabajo muy en silencio que hacen día tras día y con este hallazgo así quedó demostrado”, agregó.
“Ellos trabajaron toda la noche protegiendo esas pruebas que nos demuestran la verdad del horror que hubo en este país. Protegiendo los restos de la lluvia con mucho amor, rescatarlos de ahí, de esa tierra que se abrió y apareció, pero también muestra ese frío y esa soledad en la que están”, reflexionó Montes De Oca.
“Realmente, es algo que muchas veces es inexplicable para nosotros, en parte nos produce alegría, pero también mucho dolor, porque tenemos una prueba fehaciente del horror que ellos sufrieron y realmente no nos podemos imaginar por lo que pasaron nuestras familias, al igual que muchos compañeros y compañeras”, añadió.
“Es algo inexplicable que alguien sea tan inhumano y que después nos vengan a decir que son unos “pobres viejitos”, porque realmente es inhumano. Muy hipócrita lo que nos dicen de que no hubo nada y que no paso nada, cuando tenemos las pruebas que están saliendo de la tierra, del horror que nos hicieron vivir y fundamentalmente que ellos vivieron”, agregó indignada.
“Hay que resaltar que este hallazgo no fue por datos que se hayan dado ahora. Es una zona que estaba cautelada desde hace muchos años, los antropólogos venían trabajando desde hace tiempo. Es un monte que hay que talar primero, limpiarlo para que puedan armar las trincheras. Hacen una trinchera, luego hacen el estudio y como no hay nada vuelven a trazar y hacen otra. Son extensiones muy grandes. Una zona que calculan de mucho interés porque es el tercer hallazgo en esa zona específica del batallón y pueden haber más”, añadió.
“Es un trabajo que los antropólogos hacen con mucho amor, algunos de ellos son muy jovencitos, la mayoría son mujeres. Esa dedicación y ese amor en rescatar es impagable, hay compañeros que están hace años trabajando y ves como no los han endurecido y no lo toman como un trabajo, sino que realmente lo tratan con amor, no solo hacia nosotros, sino hacia la persona que encuentran en la tierra”, agregó.
“Es un procedimiento lento, como todo esto, pero confiamos en que dentro de poco vamos a saber quién es y a esos restos le vamos a poner un rostro y una historia familiar y acogerlo entre todos para poder agarrar fuerzas y seguir adelante en la búsqueda en ese terreno que es muy desolado, muy frío que es lo que uno siente cuando entra ahí”, reflexionó con tristeza.
Montes De Oca agradeció “la protección que ayer (por el miércoles) nos otorgó el fiscal y Wilder Tyler, ya que muchas veces la prensa no entiende que es un momento muy íntimo para nosotros, que nos queremos agrupar para poder apoyarnos entre todos. Nos protegieron, nos permitieron entrar primero y esto no es para ocultar información. Este año en este nuevo hallazgo fue importante esa protección que nos brindaron y el trabajo con seriedad que han impuesto, tanto la Institución en la búsqueda, como el fiscal que estuvo ayer con nosotros”.
“Esto nos da la certeza de que se va a seguir con esta búsqueda. Aún nos falta muchísimo, pero como lo ha demostrado este 20 de Mayo nos hicieron sentir todos que no estamos solos y estamos más unidos que nunca para seguir este camino de encontrarlos y sacarlos de ese horror que vivieron”, agregó.

Foto de portada:

Hallazgo de restos humanos de detenidos desaparecidos en el Batallón 14 en Toledo, Canelones. Foto: Daniel Rodriguez /adhocFOTOS.

GALERÍA DE FOTOS

Familiares de detenidos desaparecidos antes de ingresar al predio en el Batallón 14 de Toledo. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Errandonea y Macarena Gelman antes de ingresar al predio en el Batallón 14 de Toledo. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Familiares de detenidos desaparecidos llegando al predio antes de ingresar. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Familiares de detenidos desaparecidos luego de visitar la excavación. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Alicia Lusiardo explicando el trabajo de los antropólogos en el hallazgo de restos humanos de detenidos desaparecidos en el Batallón 14 en Toledo, Canelones. Foto: Daniel Rodriguez /adhocFOTOS.
Hallazgo de restos humanos de detenidos desaparecidos en el Batallón 14 en Toledo, Canelones. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Cráneo encontrado en el Batallón 14. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Restos óseos encontrados en el Batallón 14. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Restos óseos encontrados en el Batallón 14. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
El equipo de antropólogos trabajando en el lugar para preservar los restos óseos. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
Parte del molde de cal encontrado sobre el esqueleto hallado en el Batallón 14. Foto Diego Correa Bayarres. EL POPULAR.
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