Bruno Giometti (*)
Un informe publicado por el Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT establece que en el año 2023 hubo 548.000 ocupados que percibieron ingresos laborales inferiores a $25.000 líquidos al mes, por 40 horas semanales de trabajo. Esto implica que un tercio de los ocupados tuvieron ingresos sumergidos. El informe fue construido en base a los datos de la Encuesta Continua de Hogares que releva el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Asimismo, se destaca en el informe que la problemática de los salarios sumergidos se profundizó en relación al año 2019. A pesar de que el Producto Bruto Interno (PBI) se ubica alrededor de 3% por encima de dicha referencia, la proporción de trabajadores con salarios sumergidos pasó de 28% del total en 2019 a 33% en el año 2023. Mirado en número de personas, en los últimos 4 años se incrementó en 100.000 la cantidad de trabajadores más con salarios de menos de $25.000 mensuales.
Si se mira específicamente a los asalariados (o trabajadores dependientes) son unos 322.000 los que perciben ingresos sumergidos, lo que representa el 27% del total de los asalariados. Al igual que para los ocupados en general, hay un incremento de la proporción de asalariados con remuneraciones inferiores a los $25.000 mensuales, que pasó de 24% del total de asalariados en 2019 a 27% el año pasado.
Estos datos parecen consistentes con otros que se han presentado recientemente. El INE estimó que tanto la incidencia de la pobreza como la desigualdad medida por el Indice de Gini, en 2023 fueron superiores a 2019. También se conoció un informe de una consultora privada, construidos en base a los datos oficiales de la ECH del INE, que muestran que si se divide a los hogares en 5 escalones o quintiles de ingreso, solamente el quintil superior (el 20% más rico) percibió en 2023 ingresos reales superiores a los de 2019; mientras que el restante 80% se siguió ubicando por debajo de esa referencia. Lo anterior sin desmedro de las pérdidas acumuladas durante 2020-2022 en que los ingresos en general disminuyeron.
Retomando lo planteado por el informe del Cuesta-Duarte, se visualiza que la problemática de los salarios sumergidos es más pronunciada en algunos sectores de trabajadores que en otros. En particular, es un problema con mayor incidencia en las mujeres, en los tramos de edad más jóvenes particularmente en los menores de 25 años y en el interior del país especialmente en las localidades de menos de 5.000 habitantes.
También se destaca que el fenómeno muestra importantes diferencias por sector de actividad. En las actividades primarias (ganadería, agricultura y pesca), restaurantes y hoteles, comercio y servicio doméstico, entre 40% y 50% de los ocupados perciben salarios sumergidos de menos de $25.000 al mes. El fuerte peso de los salarios bajos en estos cuatro sectores también se verifica cuando se consideran no la totalidad de ocupados, sino los asalariados e incluso los asalariados cotizantes a la seguridad social; lo que marca la importancia de una política salarial con incrementos diferenciales, que empuje las remuneraciones más sumergidas hacia arriba.
A partir del informe, desde nuestro punto de vista se desprenden necesidades a corto y largo plazo. En lo inmediato, se necesita retomar una política de aumentos salariales diferenciales para las franjas de salarios bajos (lo que incluye al Salario Mínimo) de manera que las remuneraciones más bajas tengan un incremento sustantivo. En una perspectiva más larga, es preciso establecer una Estrategia Nacional de Desarrollo que ponga en el centro la creación de trabajo de calidad y el aumento genuino de la productividad conjuntamente con su distribución.
(*) Economista
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En las actividades primarias entre el 40% y 50% de los ocupados perciben salarios sumergidos de menos de $25.000 al mes. Foto PIT-CNT.























