Seccional universitario del PCU.

Hacia un plan estratégico de la Universidad

En una nueva coyuntura, hacia la elección del rector (*).

El pasado 29 de marzo, el Seccional Universitario del PCU junto al Seccional de Educación terciaria de la UJC, realizamos un primer encuentro en esta etapa de la Universidad de la República. En una situación general de crisis capitalista, la lucha de clases recrudece. En este marco, la elección del Rector es una definición importante pero no soslaya la imprescindible visión de Universidad que se tenga y la indispensable correlación de fuerzas que necesitamos para su construcción. La Universidad debe tener como principal objetivo la formación de ciudadanos comprometidos con una ética acorde a la construcción de un país con mayor justicia social, más igualdad y que contribuya con sus aportes al desarrollo sostenible y sustentable de nuestra sociedad con un profundo sentido internacionalista. 

Los desafíos en esta instancia son enormes e implican varios aspectos entrelazados, todos ellos de singular importancia. En las resoluciones de la VI Convención del Seccional de Educación terciaria de la UJC se constata que según “los datos de la Rendición de Cuentas 2022, la UdelaR cuenta con una matrícula de 156.437 estudiantes activos, ésta representa el 68% de la matrícula terciaria del país y el 87% de la matrícula universitaria. La Udelar tiene una compleja estructura interna, la misma está subdividida en 16 Facultades, 3 Escuelas Universitarias, un Instituto Superior, el Hospital de Clínicas, y los Centros Universitarios Regionales (CENURES) del Litoral Norte, Noroeste y Este. Estos servicios universitarios cuentan con su propia autonomía y cogobierno, además de estar integrados por los pilares fundamentales de la Universidad que son la Enseñanza, Extensión e Investigación, que junto con la interdisciplina de las diferentes áreas de conocimiento propician un ámbito por excelencia para el desarrollo de conocimiento. En ese sentido, la Udelar concentra más del 80% de la investigación científica del país”. ( pág 4)  

De acuerdo a las resoluciones del XXXII Congreso del PCU, “se trata de construir el camino para la revolución en el Uruguay, mediante la disputa por la hegemonía a las clases dominantes que la detentan” Y continúa: reafirmando una definición de José Luis Massera, “la revolución es un proceso histórico que implica el cambio de una formación socioeconómica por otra, un cambio de clases en el poder y un cambio de los valores dominantes en la sociedad”. (pág 5) 

De acuerdo a estas afirmaciones, la educación en general como elemento supraestructural tiene una importancia sustantiva y a nuestro entender, se encuentra comprometida “a lo que advertimos como un retraso de las condiciones subjetivas del bloque político y social, democrático y radical de los cambios”. (pág 48) y en particular la Universidad “será parte del bloque político y social de los cambios en la medida que el Partido desarrolle hacia la intelectualidad una política planificada y sistemática para ganarla para la ideología de la clase obrera.”. (pág 51) 

La inquietud que surge de este primer encuentro abarca un amplio abanico que incluye todos los niveles de despliegue universitario. Entre ellos nos preocupa el desarrollo de la carrera administrativa con todo lo que ello implica, la nula convocatoria a concursos para superar situaciones de subrogación de cargos o vacancias. La necesidad de debatir sobre los mecanismos de tercerización y contratación que precarizan las condiciones salariales y laborales. En el ámbito docente, compartimos la preocupación de la existencia de que la mayoría de sus docentes son cargos 1 y 2, con las consecuencias negativas que conlleva: precariedad salarial y compromiso en la formación y en el desarrollo de la carrera docente. La gravedad de este hecho aumenta con la existencia aún de cupos para el ingreso en algunas de las carreras universitarias sobre todo en el área de la salud. Seguimos exigiendo un presupuesto, 6 más 1% para la investigación, acorde a las necesidades de una enseñanza pública y de calidad en todo el País. En este sentido, debemos replantearnos el proceso de descentralización de la Universidad, definiendo claramente que no es un proceso de desconcentración de la misma. Entre todos los factores a pensar vinculados a este aspecto, debemos analizar las políticas de ciencia, tecnología e innovación y como la Universidad participa en ellos. 

Reiteramos la necesidad de una Universidad habitable y amable, donde las condiciones de trabajo, investigación y estudio en general, se realicen en mejores condiciones materiales y humanas, que implican entre otras cosas, una política de becas y de acceso más solidarias.  

En este sentido, como dijimos anteriormente, el presupuesto debe incrementarse, pero también su distribución en la interna universitaria debe corregirse, atendiendo áreas y servicios más sumergidos que otros.   

Bregamos por un Sistema Nacional de Educación Pública conformado por Instituciones públicas, defendemos la autonomía y el cogobierno como principios fundamentales. 

Avanzando en los conceptos teórico-prácticos de Interdisciplina e Interinstitucionalidad. En el plano del cogobierno seguiremos defendiendo su desarrollo y claramente estaremos siempre alertas, a todos aquellos mecanismos que intenten socavarlo.  

Sabemos cómo dice Arismendi que la Universidad: “es fruto y expresión de un régimen social determinado y, en última instancia, cumplirá las funciones que las necesidades culturales y técnicas de ese régimen le reclamen. Ideológicamente, más allá de las doctrinas que disputan la orientación de la cátedra, la Universidad siempre tenderá a ser básicamente, en su enseñanza, una exaltación ideal, embellecida, de los principios más generales del régimen que la nutre.” y se expresan dos grandes contradicciones: “por un lado, por pertenecer a una formación económica – social determinada responde al interés y al predominio ideológico de la clase o las clases dominantes”. Y por otro:” las urgencias técnicas y científicas que se reflejan en la enseñanza universitaria son promovidas por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas,” en consecuencia con la lucha de clases.  

(Encuentros y desencuentros de la Universidad con la revolución). La Universidad de la República se encuentra en un proceso de transformación que debe enfrentarse, en el día a día, al desafío de avanzar hacia un modelo de Universidad de cara al pueblo, crítica de la realidad social y con participación activa de todo el demo universitario.  

¿Hacia dónde debería estar dirigido nuestro trabajo? Podríamos decir que lo único a lo cual nos deberíamos dirigir es a cambiar la base económica, y esto produciría un cambio en la Universidad. Si esto fuera lo único y excluyente, estaríamos incurriendo en lo que Arismendi denominó, satíricamente, “marxismo de axila”, es decir, “de llevar el libro abajo del brazo, de decir, bueno, la Universidad es burguesa, por lo tanto, en la Universidad lo único que hay que hacer es reclutar a alguno, lo llevamos por ahí, le enseñamos a quemar unas cubiertas y con eso ya está hecha la revolución”. 

Arismendi clarifica esta paradoja al sostener que “si se cambia la sociedad se cambia la enseñanza en su contenido, en su extensión, en su población, en la solución de los grandes problemas de la cultura en general. Lo que no quiere decir que no se puedan hacer cambios, reformas, progresos, porque la Universidad en sí misma, la enseñanza en sí misma, no es simplemente una especie de vivero de revolucionarios. Las Universidades de América Latina nutren, en particular, como las de la vieja Rusia, el campo de la revolución”. 

De esta forma, consideramos que nuestro proyecto político debe estar embarcado hacia la ampliación y fortalecimiento del elemento de transformación, limitando así, el campo de acción y la fuerza del elemento de reproducción. Así, podríamos sostener que la Universidad como institución debe caminar hacia su fortalecimiento como agente transformador, y a su vez, debe producir individuos capaces de impulsar, promover y practicar acciones tendientes a la transformación de la sociedad. 

Claro está que –como ya dijimos‐ la Universidad no puede aspirar a ser nunca la génesis de la transformación, ni podemos pretender nosotros que egresen de la misma los revolucionarios que realicen el cambio. Este papel, en la teoría marxista está reservado a la clase obrera, la cual es la que, por su constitución, debe protagonizar y dirigir los cambios revolucionarios. Pero sí podemos y debemos, aspirar a generar una institución con vocación transformadora y en contacto permanente con los agentes del cambio en una sociedad capitalista: la clase obrera. De esta manera, la relación con la sociedad civil en general ‐y el movimiento sindical en particular‐ debe ser permanente y de enriquecimiento mutuo; no hablamos aquí sólo de contacto entre los gremios de la Universidad y el resto del movimiento sindical, sino de la relación de la institución como tal con la central obrera y demás movimientos sociales. 

(*) Seccional universitario del PCU.

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