Enero y lo que va de febrero han sido meses de una gran intensidad política y social y, por lo tanto, noticiosa. Los temas han sido muchos, todos importantes, pero a veces la avalancha de noticias impide darle la dimensión que merecen a algunos temas.
La grave situación internacional con las agresiones y amenazas del imperialismo yanqui, las movilizaciones en nuestro país; la permanente intención de la oposición de derecha de hostigar al gobierno del Frente Amplio (FA), con récord de interpelaciones durante el receso parlamentario que tuvo poco de tal; las novedades del caso Cardama; la resolución del Tribunal de lo Contencioso Administrativo que habilita el fin del monopolio privado en sectores claves del Puerto de Montevideo; el Congreso del SUNCA; la visita oficial a China; la discusión del tratado del MERCOSUR con la Unión Europea; el acto aniversario del FA; son solo una apretada muestra de los asuntos que han estado, y siguen estando, en la discusión de nuestra sociedad.
Pero en estos días se conoció, a través de información publicada por el Instituto Nacional de Estadística una noticia que tiene una gran relevancia y que no puede pasar desapercibida: En 2025 creció el salario real.
Es un hecho importante. Lo han destacado integrantes del equipo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; el presidente del FA, Fernando Pereira, en su discurso en el acto aniversario en Juan Lacaze y hasta la oposición de derecha, que ante la imposibilidad de negar el hecho se dio a la insólita tarea de tratar de atribuirse el mérito, increíble pero cierto.
Sin embargo, no ha tenido la atención mediática que correspondería, hagamos un simple ejercicio: ¿Qué hubiera ocurrido se fuera al revés, si hubiera bajado? Todas y todos sabemos la respuesta.
Por eso en EL POPULAR, incluimos un detallado análisis del diputado de la 1001 y el FA y economista Bruno Giometti, le dimos el título principal de tapa y le dedicamos este editorial.
Los datos duros son que en 2025 el salario real medio, es decir el poder de compra de las y los trabajadores, creció un 2.3% con respecto a 2024. Este resultado surge de que el Índice Medio de Salarios creció un 6.0% y la inflación se ubicó en 3.6%. Desde ya hay que decir que los salarios más bajos crecieron más que ese promedio. Y hay que agregar un dato importante, en 2025 también creció el empleo, se crearon 28 mil puestos de trabajo. Esto es importante porque, una vez más, la realidad derriba el mito de la derecha y las cámaras empresariales de que para que crezca el empleo debe bajar el salario.
Antes de profundizar el análisis es necesario establecer algunos elementos conceptuales que hablan de la importancia del salario.
Como ya señalamos, pero es necesario reiterar, el salario es un factor económico y social de enorme relevancia. En primer lugar, porque impacta de manera decisiva en la calidad de vida de las y los uruguayos.
Una cifra cercana al 80% de las y los uruguayos viven de un ingreso fijo. Por lo tanto, lo que pase con el salario afecta directamente a la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
También es un tema central en cuanto al funcionamiento mismo de la economía real, a la disputa distributiva y, por lo tanto, a la justicia social, a la polémica ideológica.
El impacto del salario es muy rápido y directo en la mejora de las condiciones de vida de las personas y también en el nivel de igualdad y justicia social de toda la sociedad.
Hemos dicho que las principales políticas sociales de los tres primeros gobiernos nacionales del FA, las que redujeron la pobreza y mejoraron la distribución del ingreso, fueron el trabajo y el salario.
Hablamos de que la creación de fuentes de trabajo, la formalización del mismo, el avance en el reconocimiento de derechos de sectores históricamente postergados, como las trabajadoras domésticas y las y los trabajadores rurales (aspecto que pedimos retener porque lo abordaremos en el presente); enlazados con retomar, ampliar y fortalecer la negociación colectiva y políticas salariales de recuperación y crecimiento del salario real, fueron factores decisivos para la reducción de la pobreza y para el avance en igualdad.
La prioridad del salario y en especial dar respuesta a los sectores con remuneraciones más bajas es, además, un compromiso programático del FA y una prioridad para el gobierno frenteamplista.
Todo lo anterior reafirma la importancia del tema que estamos tratando y la necesidad de lograr que el mismo ocupe el lugar que se merece en la discusión pública.
En este crecimiento del salario real impactaron varios factores que conviene tener en cuenta: la apuesta decidida del gobierno a profundizar la negociación colectiva y la realización exitosa de la XI Ronda de Consejos de Salario, la más grande de la historia del país; la negociación y la movilización desplegada por el movimiento sindical en ese marco y, por supuesto, la contención y reducción de la inflación.
El insólito intento de la derecha de atribuirse el mérito de este aumento del salario real se cae por su propio peso, no necesita mayor argumentación. Como establecimos en el párrafo anterior esas y no otras fueron las razones que construyeron el crecimiento del salario real. No hay ninguna inercia de las políticas salariales del gobierno anterior, que por otra parte tuvieron al salario como elemento central de ajuste, provocando una pérdida de salario durante 60 meses, que se prolongó mucho más allá de la pandemia y que continúo cuando la economía ya se había recuperado y que no fue peor y adelantó la recuperación por la lucha del movimiento sindical que rompió las pautas a la baja del gobierno de derecha.
La XI Ronda de Consejos de Salario había alcanzado un porcentaje de acuerdos cercano al 60% en noviembre y el impacto de estos se marca claramente en el crecimiento del salario de diciembre. Sostener lo contrario es querer tapar el sol con un dedo.
Dicho esto, hay algunos elementos importantes para agregar. En la XI Ronda de Consejos de Salario se hizo una fuerte apuesta, por parte del movimiento sindical y del gobierno, de profundizar la negociación colectiva, de darle densidad. El porcentaje de acuerdos tripartitos, que habilitan convenios colectivos, fue bueno y permitió que, además del crecimiento salarial, se avanzara en un conjunto de elementos que hacen a la calidad del trabajo y a la vida de las y los trabajadores. Dos ejemplos muy claros son los convenios colectivos firmados por las trabajadoras domésticas y las y los trabajadores rurales. Son realmente históricos, responden a sectores de trabajadores largamente postergados, e, insistimos, además del aumento de salario incorporan categorías, beneficios para las y los hijos de los trabajadores, reconocimiento de horas de cuidados, entre otros aspectos.
Otro mito más de la derecha que se muestra falso, se necesita más negociación colectiva y no menos y la profundidad de esta no atenta ni contra el empleo ni contra el salario, al contrario.
Otro elemento que queremos destacar es el crecimiento del empleo, como decíamos 28 mil puestos de trabajo en 2025, y muy especialmente que este crecimiento se dio con importantes niveles de formalización, sobre todo en sectores donde la informalidad es muy alta, como el comercio y restaurantes, por ejemplo.
Un último aspecto es que aún falta medir el impacto de convenios colectivos que se firmaron sobre fin de año e incluso de algunos, como el de la construcción que tiene un importante peso, que recién se van a empezar a negociar, por lo que el crecimiento del salario real puede ser superior al que se ha establecido o sostener e incrementar su crecimiento en los primeros meses de 2026.
¿Esto quiere decir que está todo bien con los salarios y el empleo? Ni por asomo. Hay miles de trabajadoras y trabajadores que ganan salarios muy bajos con los que no pueden vivir o enfrentan enormes dificultades para hacerlo. Hay un nivel de desempleo estructural que se mantiene y plantea un gran desafío. Los niveles de informalidad en el trabajo son altos aún y debe continuar el esfuerzo para abatirlos. Seguimos teniendo problemas con el acceso al trabajo digno de jóvenes y mujeres, que presentan porcentajes de desocupación, informalidad y precariedad laboral muy superiores al promedio. El crecimiento del salario real también se logró porque hubo gremios que consiguieron acuerdos que implican medidas adicionales, ya sea porcentajes de incremento o cláusulas de salvaguarda, a los contemplados en las pautas presentadas por el Poder Ejecutivo en los Consejos de Salario. El peso de la masa salarial en el PBI es aún bajo y es una de las manifestaciones de la desigualdad, un gran problema de nuestro país.
Todo lo anterior es así, pero no implica rebajar la importancia del hecho constatado: En 2025 creció el salario real de las y los trabajadores. Y eso fue fruto de gestión de gobierno, lucha sindical y negociación colectiva. Es necesario que lo valoremos en su justa dimensión.





















