Sesión para tratar el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en la Cámara de Senadores del Palacio Legislativo en Montevideo. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS.

Acuerdo Mercosur- UE requiere profundizar el análisis

Por Paola Beltrán

Por unanimidad en el Senado y por amplia mayoría en Diputados (91 votos en 93) se aprobó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). En el debate, desde distintas perspectivas y tiendas políticas, se refirieron al acuerdo analizando sus aspectos comerciales y políticos. 

Entre los expositores, el senador de la 1001 y el Frente Amplio (FA), Oscar Andrade decidió “romper el clima de concordia” para contextualizar el momento geopolítico en que se aprueba este acuerdo, así como la necesidad de profundizar el debate en torno a pensar una Estrategia Nacional de Desarrollo que habilite el trabajo de calidad, la atención a los sectores productivos, la integración regional y la distribución de las riquezas generadas. Agregando que hay que destacar que el acuerdo es como Mercosur y que siempre la izquierda ha defendido la perspectiva de la integración regional “que no es solo comercial”.

Un mundo incierto

Andrade explicó que, en relación al acuerdo en sí, teniendo en cuenta el tamaño de Uruguay respecto al Mercosur, en el que representa un 2.5% del total del PBI del bloque y que a su vez el Mercosur representa un 2.6% del PBI global, “tenemos las cuatro copas del mundo, pero tenemos un peso económico relativo muy pequeño” y por tanto el acuerdo es “lo que puede Uruguay”.

Luego comenzó a analizar la situación en el mundo. Al respecto dijo que “cuesta separar la circunstancia actual de esta parte comercial del acuerdo con la UE de un contexto dramático”.

Señaló la denuncia que hizo Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre que el Reino Unido y Francia están interviniendo nuclearmente en Ucrania para escalar el conflicto. “Estamos en un nivel de radicalidad de la forma más monstruosa de disputa por los recursos naturales y mercados que es lo que ha acompañado la vida del sistema económico global en el que estamos sobreviviendo, o sea, ha tenido de todo el capitalismo menos libre comercio”, dijo.

Manifestó la dificultad de mantener una perspectiva optimista de superación de estas tensiones teniendo en cuenta que en el 2025 los países integrantes de la OTAN, obligados por el complejo militar industrial, “el poder real, el que todos los días resuelve”, definieron el aumento del gasto militar trepando del 2% al 5% en Europa y el anuncio de Trump de incrementarlo en un 50%. 

Señaló que la firma de un acuerdo de la UE con la India después de 18 años de estar paralizado y también con el Mercosur responde a que “geopolíticamente están en una situación medio desastrosa. Les están por manotear Groenlandia, los han pasado por arriba” y destacó que “algunos de los países (de Europa) tienen “los líos que tienen” de su herencia colonial”. 

Destacó que el problema no es entre EEUU y China, que no es allí solamente el conflicto, sino que “es un problema de la lógica perversa del declive de la principal potencia hegemónica de llevar al terreno militar la disputa de los recursos naturales. Es mirar un mapa” y diferenció la política exterior de China con respecto a la estadounidense, más allá de que aseguró que se requiere una discusión profunda sobre China y que cuánto más estudia sobre el proceso chino más considera que sabe poco.

“Según Aspi, que es un think tank del pensamiento australiano y que amplió su investigación sobre tecnología estratégicas, China hoy domina el 66% de las 74 tecnologías estratégicas cuando era casi inexistente en este cuadro hace 25 años. Se gradúan siete veces más ingenieros en computación que los EEUU ¿no ha tenido que ver el Estado y la planificación estatal y la estrategia en esto?”, preguntó.

Agregó que en 1991 y 1992 EE.UU más la UE, más Japón representaban casi el 80% del PIB mundial, que esa triada había llegado a un nivel de concentración financiero, científico, tecnológico, productivo que generaba tal disparidad que no veíamos la emergencia de lo que pasó después. 

“Fíjense que ese mismo año China representaba el 2.2% de la economía mundial. Antes de ayer, año 1992, cuando se formaba el Mercosur”, recordó, al igual que la India que era 12 veces más chico que Japón en el 92´ y “hoy lo pasó por arriba en paridad del poder adquisitivo que es como debiéramos medir el PIB, casi tres veces más que Japón. Son fenómenos de un tiempo nuevo”. 

“Parte de la reacción de estos acuerdos comerciales es el destrato que recibe de EEUU y el declive desde el punto de vista de su incidencia global”, remató.

La Comisión Especial para el Tratamiento y la Aprobación del Acuerdo de Asociación Mercosur Unión Europea en el Parlamento. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS.

Uruguay en este contexto 

Andrade señaló que lo que debe importarnos es “cómo salimos parados del acuerdo en este contexto complicado” y que hay sectores estratégicos “que salen bien parados”. 

“Yo no soy de los que creen que se derrama solo en la economía” dijo, sino que son necesarias “políticas específicas para los sectores más complicados, los perdedores, para amainar los impactos negativos”, aclaró.

En cuanto a la preocupación por el trabajo, resaltó que en ese punto “sí tenemos diferencias que son profundas e ideológicas” con la oposición. Y aseguró que la competitividad de Uruguay no está en su escala sino en la calidad de lo que produce.

“La alta calidad de lo que produce tiene que ver con que los distintos sectores sociales, esto es, la academia, los gobiernos, las empresas, los trabajadores, logren acuerdos sobre el desarrollo productivo”, diferenciándose de legisladores de la oposición que argumentaron que el gobierno no estaba mirando lo que estaba pasando en Paraguay, en Argentina, en relación a la flexibilización laboral. 

Para Andrade la estrategia de estos países es “suicida para Uruguay” porque piensan desde una perspectiva “de los salarios como costo y de pensar la competitividad sobre la base de la poda salarial y la disponibilidad arbitraria y la quita de derechos; me parece una tragedia para Uruguay”. 

Por el contrario, planteó el desafío de “discutir razonablemente una estrategia competitiva” que precisa diálogo, acuerdo, pensamiento largo, superar prejuicios, desconfianzas.

“El centro del problema es tener una Estrategia Nacional de Desarrollo” que tiene que apostar a sumarle a sus capacidades competitivas estáticas (recursos naturales), ventajas dinámicas. En este sentido destacó el aumento de la inversión en el Instituto Clemente Estable, que, si bien asumió que seguía siendo insuficiente, pasó de 36 millones en el gobierno anterior a 1.233 millones. 

“Tenemos que abrir otro debate, no sólo con respecto al acuerdo comercial UE-Mercosur, con respecto al comercio en general y las condiciones de producción en general y cómo desarrollamos una estrategia que tenga al trabajo como centralidad, porque si no se te cae todo”, advirtió. “¿Cómo vincular el desarrollo local con el desarrollo nacional es una tarea de la política? No es un problema de éxito. Y es una tarea de la política generar conciencia (porque) cuando la lógica es todos al agua, el que nada se salva y el que no nada se ahoga, bueno, el papel de la política se recorta y nosotros precisamos hacer mucha política”. 

“Entonces, tenemos un elemento positivo hoy, hay un consenso que hay que tratar de sacarle a este acuerdo el máximo jugo posible y que hay que hacer un esfuerzo enorme para que en los lugares donde duele, el dolor sea el menos posible. Ahí tenemos un desafío enorme, lo tienen los trabajadores organizados, han presentado un conjunto de propuestas que me parecen muy razonables desde el punto de vista de la salvaguarda, de los cuidados, las cuestiones con el empleo, me parece muy sensato pensar cómo logramos que los sectores productivo que van a ser los “malla oro” de esto tengan compromiso con cadenas de valor locales, para dejar de parte de la cuestión acá, incorporar desde la discusión política y las medidas, intentar que los resultados se puedan repartir de la mejor manera posible”, señaló. 

“En esa perspectiva – aseguró – es que los problemas de la integración también necesitan liderazgos que convoquen a miradas nuevas, diferentes, no solamente desde lo comercial, de lo productivo, sino del tipo de relaciones que tenemos entre nosotros para que no sea la barbarie la que triunfe al final”.  

Aporte desde los trabajadores/as

Durante el tratamiento del proyecto de ley en la Comisión Parlamentaria fueron recibidas más de 20 delegaciones entre ellas el PIT-CNT y en particular la Confederación de Sindicatos Industriales (CSI) que presentó un paquete de propuestas de salvaguarda. Las propuestas se refieren a establecer un “gatillo laboral” vinculada a la posible pérdida de puestos de trabajo en el sector con medidas de protección transitoria; blindar la reserva de mercado para Pymes y cooperativas en las compras de empresas públicas, con el fin de sostener el entramado productivo nacional; políticas que promuevan el valor agregado, en particular en sectores intensivos en mano de obra como el frigorífico y el autopartista, para evitar una reprimarización de la economía e incentivar la compra de insumos nacionales por parte de grandes exportadores que hoy reciben beneficios fiscales, promoviendo una lógica de “economía circular” que derrame hacia otros sectores.

Compartí este artículo
Temas