Cuba una causa de humanidad

Cuba enfrenta hoy una situación dramática. No se la puede calificar de otra manera. EEUU ha decidido incrementar su agresión criminal contra Cuba y su pueblo. El pueblo cubano resiste dignamente la embestida y las amenazas de la potencia militar más poderosa del mundo. No hay neutralidad posible. No se puede mirar para el costado. Hay que ser solidarios con Cuba y con su pueblo.

El régimen de Donald Trump, a través de una orden ejecutiva presidencial, impuso un bloqueo absoluto al acceso de Cuba al petróleo, amenazando con aranceles y sanciones a los países y empresas que se lo quieran vender. Lo hace mintiendo descaradamente, para justificar esta decisión EEUU califica a Cuba como un “peligro extraordinario para su seguridad nacional”. Insólito, canallesco, pero cierto.

Esta medida se suma a los impactos brutales del bloqueo financiero y comercial de EEUU sobre Cuba que lleva casi 70 años. El objetivo declarado de EEUU, reconocido en documentos oficiales de 1960 y reiterado con obsceno cinismo por Trump y los principales personeros de su régimen en estos días es “generar hambre y desesperación” en el pueblo cubano para provocar desestabilización y la caída de la revolución. 

EEUU no quiere ni libertad ni democracia, quiere rendición, sometimiento. No hay libertad posible sin soberanía. EEUU quiere quitarle a Cuba su independencia. Los personeros del régimen trumpista hablan directamente de anexión, publican en las redes sociales y lo dicen en discursos públicos que quieren que Cuba sea parte de EEUU. Quieren rendir a Cuba y a su pueblo por hambre y negarles su existencia como nación.

Por eso hacen más duro el bloqueo, ese que muchos decían que no existía, que era un invento de la revolución cubana para justificar sus errores. Ese bloqueo, que no existía, manifiesta hoy en la realidad su materialidad brutal e innegable y es llevado hasta límites extremos.

Es necesario denunciar y condenar el bloqueo una vez más. El bloqueo es ilegal, en tanto medida unilateral de un país en perjuicio de otro país soberano. Esta ilegalidad flagrante, que viola los principios más elementales del derecho internacional, es agravada porque en su instrumentación, durante 70 años y en esta última medida en particular, contempla una aplicación extraterritorial de una decisión de EEUU, con las sanciones a terceros países. Es decir, EEUU no solo agrede a Cuba, agrede y amenaza a terceros países obligándolos a acatar una política criminal. También porque desconoce la voluntad expresa de la mayoría abrumadora del mundo que por 33 años consecutivos se ha manifestado en la ONU condenando el bloqueo y reclamando que EEUU lo levante.

Siendo esto relevante, no es lo principal. No lo fue nunca y tampoco lo es hoy. El bloqueo, y por supuesto su agravamiento con esta última medida, es inhumano. Lo es porque castiga a un pueblo entero, al que se somete a condiciones extremas de vida, haciendo casi imposible que se contemplen necesidades básicas, como la alimentación y la salud, además de condicionar y dificultar todos los esfuerzos de Cuba por desarrollar su economía y su producción.

Hemos denunciado en múltiples oportunidades los impactos brutales del bloqueo sobre la economía cubana y sobre la vida de su pueblo. Hoy queremos colocar dos ejemplos actuales que expresan mucho más que las cifras frías lo que está viviendo el pueblo de Cuba. El gobierno cubano, a través de su Ministerio de Salud, ha informado en estos días que están en riesgo más de 32 mil mujeres embarazadas. Sin combustible las ambulancias no las pueden trasladar cuando lo necesitan, los hospitales por falta de energía no pueden realizar las ecografías y tampoco garantizar partos seguros. Hay miles de hombres y mujeres y particularmente niñas y niños cubanos con cáncer que no pueden recibir el tratamiento para combatir esa cruel enfermedad porque la falta de combustible no permite generar la energía para que los equipos médicos necesarios para ello funcionen adecuadamente. De eso hablamos, por eso decimos que la política del imperialismo yanqui es inhumana ¿Hay otra forma de llamar a esto?

La política imperialista de EEUU es un peligro para toda América Latina, lo demuestran su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, complementada por su Estrategia de Defensa Nacional, publicada en enero de 2026, que consideran a nuestro continente su propiedad. Lo demuestran la agresión a Venezuela del 3 de enero, las amenazas a Brasil, a Colombia, a México, las amenazas y presiones contra Panamá, la injerencia abierta y descarada en las elecciones de Honduras y Argentina. EEUU es un peligro para la paz de nuestro continente, para la autodeterminación de nuestros pueblos y para la soberanía de todos nuestros países.

Hay que enfrentar la mentira. Cuba no ha agredido nunca a ningún país, ni es un peligro para ningún país. Es EEUU quien a lo largo de la historia, durante más de 200 años aplicando la Doctrina Monroe, que el régimen de Trump, por si quedan dudas, reivindica a texto expreso como inspiración en su Doctrina de Seguridad Nacional, ha agredido a nuestros países y pueblos, con más de 100 intervenciones, invasiones y apoyo a golpes de Estado y dictaduras.

Defender a Cuba, ser solidarios con su pueblo, es también defender la soberanía y la autodeterminación de todos los pueblos de América Latina. Es defender nuestra propia soberanía. 

Por eso es imprescindible construir los acuerdos para que la respuesta de América Latina y de Uruguay sean de un nivel superior al que hasta ahora se ha expresado. Hubo expresiones de condena política a la decisión de EEUU. México está enviando una muy importante ayuda humanitaria, más de dos mil toneladas de alimentos. Chile aprobó el envío de ayuda humanitaria.

En Uruguay a través de la Brigada Solidaria se hicieron llegar medicamentos y ayuda monetaria. Está en marcha una campaña financiera, se realiza mañana una Caravana de solidaridad en Montevideo y la zona metropolitana.

Todo eso es muy importante y hay que destacar el esfuerzo, pero no alcanza. Los gobiernos del continente, y nuestro gobierno en especial, deben adoptar medidas prácticas de solidaridad con Cuba y su pueblo. No se puede demorar más. Por supuesto que no se trata de expresar deseos, no somo comentaristas de la realidad, hay que construir las correlaciones de fuerzas y acuerdos que permitan materializar esa ayuda solidaria imprescindible.

Queremos culminar este editorial que busca responder a las urgencias dramáticas del presente con una perspectiva histórica necesaria. 

José Martí, héroe de la independencia de Cuba y de toda Nuestra América, en una carta a Manuel Mercado escrita el 18 de mayo de 1895, un día antes de morir combatiendo por esas causas en Dos Ríos, definió con una claridad y una visión que hoy, 131 años después, tiene una dramática vigencia, la dimensión de lo que está en juego.

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber- puesto que lo entiendo y tengo fuerzas con qué realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

La solidaridad es la ternura de los pueblos. Ha sido históricamente, y sigue siendo hoy, la única manera que tenemos los pueblos de oponernos a la violencia y la prepotencia de los poderosos. De oponernos a la violencia y la prepotencia del imperialismo yanqui, el gran agresor de nuestros pueblos, ayer y hoy. 

La solidaridad es una calle de dos vías, conforta y fortalece a quien la recibe y educa, y también fortalece, a quien la da.

Por todas estas razones es un imperativo ético y político elevar la solidaridad con Cuba y su pueblo. Para defender su derecho a existir y a decidir soberanamente su destino. Para defender su dignidad, su decisión, más que centenaria y en especial desde el triunfo revolucionario en 1959, de no rendirse. Para retribuir la enorme solidaridad que todos los pueblos de América Latina y del mundo hemos recibido de Cuba. Para defender nuestra propia soberanía e independencia puestas en peligro por la agresividad y las pretensiones hegemónicas del imperialismo yanqui.

La solidaridad antimperialista es parte de nuestra identidad, de su núcleo fundamental. No fue, no es, ni será nunca, objeto de negociación. Todas y todos debemos decir presente en la caravana, en la campaña financiera, en la campaña solidaria, en las pintadas. 

En Cuba hoy se juega la suerte de un pueblo digno y también parte de la suerte de todos nuestros pueblos. 

Por eso, hay que decirlo fuerte y alto: Es hora de solidaridad, solidaridad y más solidaridad. Por identidad, por compromiso histórico, por humanidad en su sentido más hondo.

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