Por Victoria Alfaro (*)
Dicen que la pluma puede más que el fusil, y sin lugar a dudas la guerra del relato llevada adelante por Estados Unidos contra Cuba es la más utilizada como arma bélica.
Para muestra basta un botón: “La dictadura cubana interceptó una embarcación civil de Estados Unidos y mató a cuatro tripulantes”, tituló Infobae ayer y agrega en su bajada “El ministerio del Interior del régimen comunista informó que además resultaron heridos otras seis personas que viajaban en la lancha rápida que ingresó en aguas territoriales de Cuba”,
Si leyeron bien “aguas territoriales de Cuba” donde la patrulla fronteriza cubana respondió al ataque de una decena de tripulantes a bordo de una lancha, armados hasta los dientes, luego que los oficiales cubanos les dieran la voz de alto como corresponde a un protocolo de actuación típico en cualquier rincón del mundo.
Pensemos si la situación fuera al revés. Se imaginan ustedes un titular de Infobae que dijera “La dictadura de Donald Trump interceptó una embarcación civil de Cuba y mató a cuatro tripulantes” y agregue en su bajada: “El ministerio del Interior del régimen de ultraderecha informó que además…” ¿se lo imaginan?, ¿verdad que suena extraño?
La utilización del lenguaje para la guerra no es algo nuevo y mucho menos contra Cuba. Hace unos días atrás se publicó la información de que al cruzar los balances de la CIA con las partidas de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO), se informó sobre la utilización de una friolera de más de 3.000 millones de dólares (**) en costear la ofensiva mediática contra Cuba.
Según revela esta publicación la agresión contra la imagen de Cuba atravesó varios momentos cruciales desde el año 1959. En sus inicios y hasta 1984 la CIA ejecutó esta narrativa mientras realizaba sabotajes físicos contra Cuba.
Es más, la llamada Operación Sinsonte infiltró redacciones periodísticas para manipular la opinión pública. De 1985 a 2000 se institucionalizó el asedio comunicacional con la Ley Helms-Burton y la creación de la Radio Martí.
Más adelante, con el advenimiento del uso masivo de las redes sociales en el mundo, se pasó a la creación de una red de plataformas mediáticas mediante granjas de bots envenenando la circulación de información sobre lo que sucede en la isla.
La utilización de palabras claves como “régimen”, “dictadura”, “comunista”, “estado fallido”, “crisis”, “corrupción”, etc., etc., son de uso diario y como cuenta gotas cae en el imaginario colectivo, demonizando al gobierno cubano y acusándolo de una crisis generada por las sucesivas administraciones estadounidenses, que, a no ser en contadas y muy cortos espacios de tiempo, nunca frenaron su campaña de odio contra Cuba.
El informe periodístico anteriormente citado indica que con el dinero inyectado en la guerra sucia contra la isla se podrían haber construido 150 hospitales de alta complejidad o becado a 200 mil médicos especialistas.
La guerra de las palabras no es inocente, es tan inhumana y genocida como el asedio directo al pueblo cubano. Estos discursos bien preparados preparan el camino hacia la agresión directa, mientras en el medio miles de personas sufren el acoso de la mayor potencia militar y económica desde hace más de seis décadas.
La solidaridad es crucial en estos momentos. Porque, aunque intenten colocarnos el relato del revés sabemos que quienes sufren las consecuencias son los mismos de siempre.
(*) Periodista. Directora de EL POPULAR.
(**) https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/estados-unidos-industria-odio-3000-millones-dolares-desestabilizar-cuba/20260219000856064157.html





















