Nicolas Celaya/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ CENTRO En la foto, Marcha Ni Una Menos por la avenida 18 de Julio. Nicolás Celaya /adhocFOTOS 2017 - 3 de junio - sabado

Mujeres, precariedad y violencia

Son las mujeres más pobres, las más vulneradas y por tanto más expuestas a la violencia.

Paola Beltrán

«Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte» expresó una de las tres hermanas Mirabal ante la amenaza de muerte que rondaba sus vidas. El 25 de noviembre de 1960, al igual que miles antes que ellas y miles después, fueron brutalmente asesinadas por la dictadura de Trujillo en República Dominicana.
EL POPULAR conversó con varias mujeres luchadoras, resilientes, valientes, trabajadoras. Imaginemos que son parte de una ronda donde comparten sus experiencias y se retroalimentan, aprenden mutuamente y juntas, no sólo denuncian la injusticia y la violencia sino que, también, se organizan para combatirla.
Mujeres, pobreza y violencia
Carina Zeballos integra el grupo de mujeres de la Coordinadora Nacional de Asentamientos.
Son mujeres pobres, vulneradas en sus derechos todos los días, pero no por eso son débiles. En el asentamiento “La Cuchilla” de Paysandú vive María, trabajadora de la naranja que crió a doce hijos sola. Vivía en un rancho que se inundaba, con baño afuera. Pasaron sesenta años para que el Estado, a instancia de la organización de las mujeres, le diera una casa digna para transitar esta etapa de la vida luego de tanto abandono.
“La precariedad de la vida” dice Carina “no pasa solo por no tener vivienda, es estructural. La violencia basada en género está directamente vinculada con la independencia económica de las mujeres, tiene que ver con el acceso a la educación, el trabajo, la cultura, la justicia, la salud”.
“Hay mujeres que no saben leer y escribir. ¿Qué oportunidad de trabajo vas a tener si no sabes leer y escribir y tenés dos o tres horas disponibles? No todas las escuelas son de 8 horas y tenés un tiempo de traslado, no es trabajas al lado de la escuela”.
Estas condiciones terminan marginando a las mujeres a trabajos relacionados con el reciclado de basura, limpieza de zanjas o cuidando a los hijos e hijas de otras mujeres. La lógica del mercado laboral no tiene en cuenta a estas mujeres, resulta imprescindible pensar otro tipo de políticas. Desde la Coordinadora se plantea la necesidad de becas de estudio e impulsan la propuesta de la Renta Básica.
Recientemente participaron en un encuentro en Argentina donde se intercambió sobre este punto y se entiende que la Renta Básica ayuda a que la mujer pueda decidir si con ese dinero paga a otra persona para que cuide a quién tenga a su cargo para poder salir a trabajar, estudiar o si prefiere quedarse en su casa. Entienden, también, que la contradicción de que la Renta la reciban los “hombres blancos y dueños de multinacionales” y paralelamente, se bajan las exoneraciones al capital que los favorecen.
La LUC impactó directamente en las mujeres pobres que tienen parejas en privación de libertad y terminan condenadas por cuatro años por intentar entrar, en general, pequeñas cantidades de marihuana. Carina comparte el caso de una joven mujer, recientemente condenada, que una semana antes pedía apoyo a su cuñada porque no tenía para darle de comer a su hijo.
“¿Qué opciones le dimos a esa mujer?” se pregunta Carina, “para criminalizar a las mujeres en situación de pobreza, rápidamente encuentran motivos, paro para darles oportunidades y respuesta a las problemáticas hay una burocracia impresionante”.
El grupo de mujeres de la Coordinadora da clases de apoyo en uno de los Asentamientos en peores condiciones de Montevideo, el de “Mendoza y Antares”, donde la gente vive entre basura, ratas, sin baños. Solicitaron a la Intendencia que para febrero pongan un contenedor que funcione como aula y retorne el baño químico.
“La violencia basada en género no es solo el golpe sino también la violencia psicológica, institucional, que es de las más crudas, porque es horrible estar en una situación de violencia o mucho riesgo y que la policía te tome el pelo, que no haya donde derivar a las compañeras, que no hayan respuestas integrales; la violencia basada en género está vinculada a todas las problemáticas de la sociedad, la violencia económica que ejerce la sociedad con las mujeres es brutal, porque somos las que sostenemos la vida”, expresó.
Todas las mujeres
Entre las múltiples violencias a las que están expuestas las mujeres trans, la violencia intrafamiliar aparece como un elemento determinante. Colette Spinetti, Presidenta del Colectivo Trans Uruguay, nos cuenta que la represión de la identidad sigue siendo muy fuerte “sobre todo a las compañeras más chicas, adolescentes, no se animan a comunicarle a su familia porque saben que viven en una familia super machista, conservadora y que las van a reprimir o las van a echar, porque la expulsión de los hogares sigue siendo la misma”.
Colette repasa algunos casos de maltrato en la vía pública, como le ocurrió a una mujer trans en Artigas que fue golpeada y desnudada en plena calle por un grupo de varones, otra a la que fue negada la entrada al baño de mujeres en la Terminal Tres Cruces, el caso de las estudiantes que son llamadas por sus nombres de varones y son acosadas psicológicamente llevándolas, en muchos casos, al abandono de sus estudios.
Sin embargo, también allí la fortaleza de estas mujeres se expresa. Joselin Oliva comparte que “o tomás el camino de que está todo mal y que nadie sirve para nada o tomás el camino, como se dice ahora, de la «reconstrucción», es decir, de qué manera nos paramos las chicas trans que estamos a un costado bastante distante del resto de la sociedad”. En su caso se arrimó a una Cooperativa de Trabajo de mujeres y disidencias “me fui arrimando a la gente que me resultaba más pro, en esto de querer sobrevivir, de querer vivir de la manera que soy y me siento y tengo mi cédula, por fin, lo cual también me habilita a muchas cosas”, nos cuenta.
“Estamos corriendo y vamos corriendo no se sabe contra qué, pero vamos viviendo. Y en eso del vivir, te diría que hay que apostar hacia la gente que se toma el trabajo de que chicas como yo tengamos un pequeño minuto de «oíganme, estoy acá, soy mucho más que esto que se ve o que se pretende ser”, reflexionó.
La calle y las mujeres
Mariana Luzardo milita en el colectivo NITEP que nuclea a las personas que viven en situación de calle. Durante muchos años vivió en refugios y hoy en día logró conseguir un trabajo que le permite sustentar su vivienda pero sigue participando en el colectivo.
“La situación para una mujer en la calle es mucho más difícil que para un hombre en el sentido de la higiene, sobre todo durante el período menstrual; hay muchas circunstancias que nos violentan más a una mujer que a un varón”.
A diferencia de los varones que tienen núcleos de “amigos” con los que se juntan a “tomar vino o comer un asado” las mujeres no son bien recibidas en estas instancias.
“La vida de una mujer en la calle que no tiene una pareja no vale nada, porque mientras está dormida cualquiera puede ultrajarla, violarla, robarla; no tiene quién la defienda. El valor a una mujer se lo da su pareja, el hombre que la defiende, que vive con ella, que comparte parte de su día con ella y que, supuestamente, la hace respetar, no importa la conducta que tenga la mujer frente a los demás, eso como que no se valora”, explicó Mariana.
La respuesta del Estado
Constanza Robaina trabaja en una Comuna Mujer (política social territorial de la Intendencia de Montevideo) y está organizada en el Sindicato SUTIGA. Valora positivamente el trabajo de las Comunas en cuanto a su accesibilidad territorial, horario de atención y profesionalización de sus equipos técnicos.
Sin embargo, explica que la precariedad laboral al ser proyectos tercerizados y tener que presentarse a licitación cada año, perjudica el abordaje y el trabajo con las mujeres víctimas de violencia. Los límites se visualizan, también, en los procesos judiciales ya que “hay una demanda de juicios y de atención a los procesos judiciales muy alta y hay algunas Comunas que tienen limitada su capacidad en relación a las horas de recursos jurídicos”
La interinstitucionalidad, más allá del organismo que haya detrás, también sigue siendo un elemento de enorme debilidad. Si realmente se quieren impulsar procesos de cambio es imprescindible “aceitar” ese trabajo. La dificultad de acceso a la atención de salud mental en ASSE implica listas de esperas de un año cuando hablamos de mujeres que recurren en situaciones de desesperación y urgencia; las soluciones habitacionales están pensadas para mujeres que tengan ingresos fijos y sostenidos en el tiempo, pero para quienes no tienen los requisitos quedan por fuera.
Hay un límite y son las mujeres más pobres, más vulneradas y por tanto más expuestas a la violencia basada en género, las que quedan al margen del alcance de las políticas.
Guillermo Triosi, trabajador de políticas tercerizadas de MIDES denuncia cómo todas las políticas de atención a mujeres están pasando a ser atendidas por trabajadores y trabajadoras en régimen de unipersonales. Programas de soluciones habitacionales, de atención a trata y explotación sexual, el portal Inmujeres, los subsidios de alquiler estuvieron parados por dos años. Los trabajadores y trabajadores están desbordados, con inestabilidad laboral y las consecuencias del desgaste a nivel de salud mental.
¿Cómo desarrollar procesos con mujeres en situaciones de violencia, de precariedad laboral, social y cultural cuando quienes tienen la tarea de atenderlas, en procesos donde se pone en juego lo vincular y la construcción de confianza, son tan inestables? Revictimizar a las víctimas es someterlas a tener que pasar una y otra vez por procesos de narración, de exponer su intimidad al nuevo psicólogo, a la nueva trabajadora social, etc.
Declarar la emergencia en relación a la violencia de género, como hizo el FA al final de su gobierno y no destinar presupuesto no es aceptable, precarizar a quienes trabajan en las políticas de atención, no es aceptable; la discriminación en el sistema de salud, educativo, en las comisarías, no es aceptable.
“¡No hay compromiso sin la asignación correcta de recursos, no hay recursos sin voluntad política! Es urgente que se cumpla con lo establecido en la ley 19.580 en todos sus términos. ¡Basta de implementaciones a medias! ¡Basta de excusas! Nosotras, mujeres y disidencias, ¡Juntas y diversas contra todas las violencias!”, concluye la proclama del 25N y la hacemos nuestra.

Foto de portada:

Marcha Ni Una Menos por la avenida 18 de Julio. Nicolás Celaya /adhocFOTOS.

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