UJC
Otra vez desatan una guerra contra la posibilidad de los pueblos de vivir dignamente, y la vecina Cuba y su revolución encarna esos sueños de libertad. Otra vez se reparten el mundo pretendiendo dejar a la mayoría del planeta por el camino, y de paso, dejar al mismísimo planeta por el camino también.
La Orden Ejecutiva del Gobierno de los Estados Unidos publicada el 29 de enero, que declara a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria para los Estados Unidos, no es sólo la continuidad de una política de asedio criminal, es también, por el momento y lugar en que se realiza, una muestra clarísima para los pueblos de América que la avanzada imperialista es de envergadura histórica, y como ésta nos ha enseñado, la unidad y la organización de los pueblos es el camino que hemos de recorrer, mientras los poderosos pretenden repartirse el mundo que nos pertenece.
Este decretó sucedió en medio de la XXXI Brigada Sudamericana de Trabajo Voluntario y Solidaridad con Cuba, organizada por el Instituto de Amistad con los Pueblos, que aconteció entre el 25 de enero y el 7 de febrero del 2026. Sumaron más de un centenar de personas entre las delegaciones de Chile, Brasil, Uruguay y El Salvador. La solidaridad nos llevó hasta Cuba, fuimos a romper el bloqueo, llevando medicamentos y 17306 dólares que fueron donados al Sistema de Salud cubano, a y a dar batalla en la disputa ideológica que hoy se desarrolla, a través de conocer y difundir la realidad cubana.
Uruguay, logró constituir la delegación más grande de las cuatro presentes, con 49 brigadistas de todas las edades y ocupaciones, con una enorme presencia del PCU y la UJC, compañeros del movimiento social y político de nuestro país. Esto, no es otra cosa que producto del trabajo intersocial y unitario que el pueblo uruguayo ha logrado construir a lo largo de su historia. Esa campaña, fue hecha por militantes y ciudadanos de a pie, organizados en su sindicato, su gremio estudiantil, comité de base u organización social. Esa es la herramienta fundamental e insustituible que tenemos los pueblos.
Así como lo hicimos durante 67 años, el pasado enero vimos a un pequeño país que haciendo una revolución socialista logró lo que ningún país capitalista ha conseguido para su pueblo: solucionar los aspectos fundamentales que hacen a la vida de las personas. Alfabetizó a toda su población siendo el primer país del continente en lograrlo, y construyó un sistema educativo ejemplo para el mundo, formando personas críticas y cultas. Una educación que no se reserva solamente para quienes sean capaces de endeudarse para pagarla, o a una minoría que pueda permitirse no trabajar, o bien demorarse quien sabe cuánto para culminar los estudios cuando no se puede evitar salir a un mercado laboral con condiciones precarias y altos costos de vida.
Un sistema científico y universitario que trabaja por el desarrollo y la innovación del país y su gente, al servicio del pueblo como el movimiento estudiantil latinoamericano ha planteando desde principios del siglo XX.
También, construyó un sistema de salud universal, pionero en el mundo por su nivel científico y su perspectiva humanista, que como si fuera poco, ha contribuido solidariamente con los pueblos del mundo golpeados por el hambre y enfermedades curables producto de la desigualdad.
Una revolución que le dio vivienda a un pueblo que tenía su tierra en manos extranjeras, en manos de un imperialismo que pretendía convertir esa isla en su centro de actividades mafiosas, en un centro de casinos y prostitución, “echando al pueblo a sufrir” como dice la canción. La Cuba socialista es un país que garantizó el acceso al deporte, la cultura, la ciencia, el ocio para todo su pueblo. En fin, no sin problemas, porque ningún sistema puede pretenderse perfecto, han construido una sociedad donde el centro es el ser humano, y no la ganancia.
¿Qué país capitalista ha logrado resolver alguna de esos puntos tan fundamentales para cualquier sociedad? ¿Qué pasaría con alguno de los países capitalistas de nuestra región si fuera sometido a un bloqueo de esas características, aunque sea por un año? Bloquean de todas las formas posibles a Cuba no por motivos de defensa, económicos o cualquiera de los inventos que ponen como excusa una y otra vez, lo hacen para eliminar al ejemplo real y palpable de que el sistema que les permite tener plata como para vivir mil vidas no es el orden natural de las cosas.
Cuando uno ve la narrativa imperialista, con sus teorías del Estado fallido, cuando plantean que el socialismo no funciona al referirse a los problemas que existen en Cuba producto de sus propias acciones genocidas, vale preguntarse: ¿Acaso las condiciones de vida de la gente sólo importan en el socialismo? ¿Cuándo el libre mercado ha funcionado? ¿Por qué no hablamos entonces de los cinturones de pobreza en las grandes ciudades del continente, o los niveles de violencia y circulación de armas que vemos a diario? ¿Cuándo toca conversar sobre la corrupción y la falta de democracia en países donde vota menos de la mitad de la población, donde hay que tener miles o millones de dólares para hacer una campaña electoral y donde el pueblo no participa más que para votar cada algunos años?
Claro que Cuba atraviesa momentos de alta gravedad, sí. El problema energético que le ha sido inducido, más el bloqueo financiero, la asfixia comercial y económica generan una situación de crisis que repercute en todos los planos de desarrollo de la sociedad. Aun así, gran parte de los problemas que viven los pueblos en nuestro continente no suceden en Cuba. A pesar del bloqueo, ni por asomo existen los campamentos y hasta ciudades enteras de gente viviendo en la calle como pasa en EEUU, no existen las villas miseria o las favelas y sus diferentes versiones en cada uno de los países. No hay barrios enteros viviendo entre las armas y dentro de los esquemas del crimen organizado, que sabemos existen y se mantienen gracias a los Estados Unidos.
En tiempos de crisis energética, en Cuba se distribuyen los recursos en función de las necesidades de todo el pueblo, entre los hospitales, las escuelas, los centros de abuelos y los centros maternos.
Cualquiera que pise Cuba, verá una sociedad que se entiende protagonista de su destino, porque tienen los mecanismos para hacerlo a través de una democracia participativa que sólo puede funcionar con la movilización y el involucramiento de todo el pueblo, que no obstaculiza ni frena la participación de la gente, sino que la promueve y ejercita todos los días, porque la revolución es un proyecto genuino de los y las cubanas, y sólo podrá seguir en pie mientras continúe siéndolo.
Todo esto sólo nos puede arrojar una cosa, los pueblos del mundo tenemos la responsabilidad de sentir a Cuba como nuestra propia Patria, no sólo por lo heroico de la Revolución, y la solidaridad que la isla a mostrado durante casi 7 décadas con todos los países del globo, sino porque al decir de José Martí: “Patria es humanidad”. La Patria es latinoamericana, es la historia colectiva de los pueblos y culturas que han forjado este mundo viendo como los frutos de su trabajo terminan en las manos de quien nunca trabajó.
Cuba representa la concreción de esas genuinas aspiraciones de las grandes mayorías y es una valiosísima experiencia para la humanidad que todos debemos sostener.
Qué importancia cobra esto en una época y una generación marcada por la inminencia del colapso ambiental y bélico, por la ausencia de perspectiva de futuro, en un capitalismo que destruye nuestras condiciones de vida y se presenta como única alternativa posible. Hay que construir esa alternativa. Parte de eso es la práctica de la solidaridad permanente, con acciones concretas y protagonizadas por el pueblo y sus herramientas, estrechando los lazos con el continente continuando esa historia de lucha y resistencia común y engrosando la experiencia colectiva acumulada desde hace siglos.
Lenin dijo que “hay décadas en las que no pasa nada, y hay años en los que pasan décadas”, muy probablemente, estemos ante uno de esos años. Pero más allá de eso, es importante tener claro que sobre todo hay mucho para hacer. La continuidad y el fortalecimiento del movimiento de solidaridad con Cuba, masificándolo y profundizando el protagonismo popular y su capilaridad.
Por eso como nos enseñó Artigas: “la causa de los pueblos no admite la menor demora”.





















