Bruno Giometti (*)
En los últimos días el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el dato de Índice Medio de Salarios (IMS) correspondiente al mes de junio. Según esta información oficial, el salario medio tuvo una variación de 10,43% en términos interanuales, es decir, comparando el valor de junio de 2023 respecto al de junio de 2022. Por su parte, la inflación en junio se ubicó en 5,98% lo que implica que la variación del salario real medio en junio en términos interanuales fue positiva en 4,2%. Jerarcas gubernamentales y operadores políticos celebraron efusivamente el dato destacando el cumplimiento de la recuperación salarial prometida.
Al respecto corresponde hacer algunas consideraciones.
En primer lugar, si bien siempre se deben saludar los datos que muestran variaciones positivas en variables tan relevantes como el salario, esta “recuperación” de 4,2% en términos reales se da respecto al punto más bajo de salario real registrado en el actual quinquenio, que fue junio de 2022, momento en que la inflación trepaba a casi el 10% y el poder de compra del salario venía acumulando más de 2 años consecutivos de caída. Es un porcentaje de recuperación importante, pero partiendo desde el piso más bajo que tuvo el salario en lo que va de la actual administración. Asimismo, mientras no se recupere el nivel de salario real de 2019, el trabajador sigue acumulando pérdida, puesto que lo que se pierde en el trayecto estrictamente no se recupera nunca. No hay que ver solamente la foto, sino la película.
En segundo lugar, el dato de salario real de junio está afectado positivamente por un evento excepcional, que fueron los dos meses consecutivos de deflación (caída del nivel de precios medido por el IPC) entre mayo y junio del corriente año. Por supuesto que la desaceleración de la inflación es algo positivo, pero hay que tener en cuenta la sostenibilidad de esta trayectoria, en particular teniendo en cuenta que se asienta fuertemente en un dólar planchado. Si la inflación retoma niveles algo más altos en los próximos meses, el proceso de recuperación del salario real se puede ver enlentecido o detenido. En todo caso, lo que suceda con los salarios en los próximos 2 años está condicionado por los resultados de la actual ronda de negociación colectiva en el sector privado, donde los lineamientos o pautas establecidos por el Poder Ejecutivo son muy insuficientes desde el punto de vista de los trabajadores, como hemos analizado anteriormente en estas páginas.
En tercer lugar, pero no menos importante, está el tema distributivo. Aun dando por bueno que el salario real medio recupere para 2025 el nivel que tenía en 2019 (como establecen los lineamientos del Poder Ejecutivo para la negociación) o incluso aunque se termine ubicando por algo encima porque haya sectores de actividad que logren superar las pautas salariales, en cualquier caso, esta administración va a terminar con un empeoramiento de la participación de los asalariados en el ingreso nacional.
El Producto Bruto Interno de la economía, aún con el enlentecimiento previsto para 2023 y 2024, se estima que acumule un crecimiento de 8,7% en el quinquenio. Por su parte, la variación del empleo se ubicará según el gobierno en 4,3% en el período. Si el salario real medio únicamente recupera su nivel anterior o incluso aunque crezca uno o dos puntos respecto de 2019, la masa salarial total habrá crecido menos que el PBI, con lo cual hay una menor participación del salario en el ingreso nacional. La contrapartida de esto es un crecimiento de la participación del capital.
(*) Economista
Foto de portada
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en la calle Juncal, en Montevideo. Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS.























